Jueves 13 de Octubre de 2022
La risa es un antídoto tan liviano que paradójicamente resulta ideal para los problemas bien pesados. Y Chiqui Abecasis lo sabe muy bien. Es más, tiene ese antídoto en su ADN. Lo expresa desde que dice “buenas tardes” hasta cuando el fotógrafo de La Capital se lleva por delante una silla en el bar de Homo Sapiens, donde se hizo esta entrevista, y le dice “Ingresos brutos”. La risa estalla en la mesa y hasta a la moza -que vio la escena de refilón- se le escapó una carcajada. En este contexto no es casual que el show que el humorista y actor rosarino presenta este viernes, a las 21.30, en el teatro Broadway, se titule “A reírse y nada más”. Y lo explica así, cortado chico con vaso de soda grande de por medio, en una charla distendida, como no podría ser de otra manera.
—¿Por qué se llama así tu espectáculo?
—Bueno, el espectáculo se llama “A reírse y nada más”. ¿Por qué? Porque en realidad yo soy un obrero de la alegría de toda la vida. Me di cuenta hace poco, que siempre laburé para la risa. Y es “A reírse y nada más” porque no hay demasiadas complicaciones en el armado del espectáculo. Cuando como en mi caso tengo tanto show recorrido, tanto back up, tantas cosas en la cabeza, para mí este espectáculo es “bueno, me subo al escenario, hago reír a la gente y dentro de una hora y media me bajo”.
—¿Estás solo en escena?
—Sí, estoy solo, es un unipersonal. En un principio a la gente la hago entrar en calor con unos ejercicios, para hacerla reír de nada, le enseño que podemos reírnos absolutamente de nada. Y son ejercicios para los casos en que cuando uno se levanta a la mañana y se encuentra con eso que no es con lo que se acostó, que es su cara, su rostro, que es tremendo encontrarse con eso en el espejo, le explico cómo es que hay que hacer para empezar a hacer un día diferente. Ejercicios para reírnos de nada e ir desde la risa falsa hasta la risa real. Después empiezo con el estímulo, voy a hacer monólogos, voy a recorrer mi vida, que mi vida es la vida de los demás, porque con cada uno que yo hablo tuvo los mismos problemas que yo, tiene los mismos despelotes que yo, tiene las mismas alegrías que yo. Pero hago todo en primera persona para que todo el mundo se sienta identificado, porque hablo de la vida, de las enfermedades, de un tipo de 60 años y las relaciones con las mujeres y las reuniones de los amigos, de la vida misma.
—¿Tiene más efecto una descripción graciosa en donde te reconocés en una situación cotidiana que un chiste armado?
—En realidad siempre te vas a reír más de nuestros dramas, porque para que exista comedia tiene que haber drama. El drama más tiempo es comedia. El humor es tragedia más tiempo, es drama más tiempo, es dolor más tiempo. Ahí se provoca el humor y la risa. Si no hay drama no hay humor.
—¿Qué pasa si alguien te dice «¿cómo me voy a reír si vivimos en medio de la inseguridad, pasó una pandemia y me quedé sin trabajo?»
—Digamos, si tenés todos esos despelotes no podés poner en el cómico que el otro se ponga bien. O sea, si te cerró la empresa, te dejó su mujer, tenés problemas con los chicos, te chocaron el auto y te robaron la moto, bueno, se te complicó la vida, algún problema tenés (risas). Pero nosotros, como profesionales del humor, hacemos cosas para que el otro esté bien. Yo le diría a esa persona que venga a un espectáculo de humor y por un ratito te vas a olvidar de todos esos quilombos. Y si no, está lo que hago en mi lado b, digamos, que son los talleres de risa, en los que uno aprende a reírse sin necesidad del estímulo. Algo de eso hay en este espectáculo también.
—Viste que siempre hay temas en los que es complejo meterse, como la grieta política o la problemática de género. ¿Cómo maneja un humorista los temas sensibles para no ofender a nadie?
—Mirá, vos me hacés acordar al tipo que dice «¿sabés el chiste de okupas?», y el otro responde «mirá, en ese terreno no me quiero meter» (risas). Lo que pasa es que yo me meto con todo eso, es imposible hacer humor sin tocar esos temas, la cuestión es cómo te metés y desde dónde te metés. También hay grieta en la pastafrola de membrillo o de batata, pero el tema es cómo bancás con el pecho lo que decís. Yo no creo en el “no se puede” y “no se debe”, a mí nadie puede decirme qué puedo decir o no debo decir, ya si me decís “no es así” entrás en una discusión y no gana nadie. Yo trato de no discutir. El otro día en medio de un show yo digo “todos” y me gritan “¡todes!”. Y yo dije: “Bueno, son 60 años contra dos meses, teneme paciencia, de todos modos yo me refería a todos los seres humanos que habitan este planeta”.Yo me meto con todo, porque el humor sigue resultando, el humor entra igual, eso no es ningún impedimento ni tengo miedo, todo lo contrario.
—Al decir “60 años contra dos meses” estás hablando de un cruce generacional. En momentos en que gran parte del humor cotidiano pasa por Tik Tok vos hacés un show a solas en el teatro. ¿Es como una apuesta a volver a la esencia?
—Es eso, es la magia del teatro, yo acepto el recambio generacional, y lo acepto con las consecuencias que eso trae. Yo tengo mi ego bien colocado y sé que hay gente que hace otras cosas, que siguen a otro tipo de artistas porque los tiempos han cambiando, y a mí no me afecta. Yo voy a actuar para el público que quiera consumir lo que hacemos nosotros. Pero, me ha pasado, porque estuve haciendo un espectáculo en Comodoro Rivadavia, en el Tigre, en Buenos Aires, en donde hago participar a los pibes de 15 y 17 años y se ríen mucho, aunque ellos no me conocen a mí, porque no estoy en las redes. Pero cuando le das al artista el handicap del vivo, del teatro, se sorprenden, y se enganchan en los códigos. Este humor le gusta a los pibes jóvenes también, porque les gusta el desparpajo.
—Detrás del humorista siempre está el actor y el cantante, ¿verdad?
—Sí, claro, estoy molestando mucho a los productores para hacer ficción. Quiero darle más bola al actor que soy. Hice “Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo”; hice “Milagro de otoño”, de Néstor Zapata; participé en dos películas de cine independiente en Buenos Aires, con personajes muy jugados. Y además quiero volver a cantar, en este espectáculo canto, porque dentro de los monólogos canto siete, ocho temas; pero lo más importante es que estoy muy contento de estar en Rosario, no te olvides que estuve desde los 35 años con una valijita por todos lados y ya tenía ganas de volver a casa.