Domingo 12 de Febrero de 2023
José Celestino Campusano filma sólo cuando conoce la tierra que está pisando. Cuando tiene los borceguíes tapados de barro recién se anima a dar una mirada sobre una problemática. Puede ser una temática trans o de elección de género, sobre la realidad de los pueblos originarios, el infierno que generan los abusadores y los violadores, la hipocresía de los poderosos o la vulnerabilidad máxima de los oprimidos. Pero siempre lo hará recorriendo las periferias y tratando de ver “cómo es el tejido social”. Así lo hizo con las 26 películas que dirigió, muchas de las cuales pasaron por las salas de cine de todo el país, están en Cine.ar, otras en Youtube, otras han ganado premios en festivales internacionales, y actualmente tiene tres películas que pueden llegar a ver la luz este año. Pero el primer estreno de este 2023 es “La reina desnuda”, filmada en la localidad de Gálvez, Santa Fe.
“Yo rompo con los esquemas, rompo con los prototipos de Hollywood. Mi compromiso es con la verdad”, dice el realizador bonaerense que este viernes 17 de febrero, a las 20.30, estrenará “La reina desnuda” en el Cine El Cairo, y estará presente en la sala de Santa Fe 1120 para compartir palabras y vivencias con el público.
Filmada con actores y actrices de la región, la película gira sobre el derrotero de Victoria (Natalia Page), quien después de perder su embarazo intenta tener una vida con “menos rocanrol” y se ofrece como ayudante en el área de desarrollo social del municipio galvense. Allí buscará sanar su pasado de adolescente abusada por su padrastro y por amigos de su hermano en un camino donde apuntará a la redención sin moralejas estereotipadas, en carne viva, a lo Campusano.
En diálogo con Escenario, el director habló con la misma franqueza con la que filma. Y le dio duro al ganador del Oscar Luis Puenzo por “La historia oficial” (“es una persona que le ha hecho mucho daño al cine argentino”); fustigó al cine estadounidense (“el cine gringo no premia aquello que lo pone en crisis, premia aquellas películas que son inocuas para Hollywood”). Y hasta reveló por qué no filmaría “Argentina, 1985”.
—¿Por qué surgió “La reina desnuda” y por qué se filmó en Gálvez, provincia de Santa Fe?
—Esto se lo debemos al recordado amigo José Martínez Suárez, quien me llama en una ocasión y me ofreció acompañar una edición del Festival itinerante de cine de Mar del Plata, con la película “El azote”, que justo había ganado como mejor película en la competencia argentina del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2017. Y esto de ir a Gálvez es un trabajo que hago permanentemente: recorro las periferias, trato de ver cómo es su tejido social, cuáles son las fuentes de ingresos. Allí surgió la posibilidad de filmar y lo hice con muchísimo elenco local, no todo, pero sí todo el elenco es de Santa Fe.
—En muchas oportunidades utilizás no actores en tus películas y aquí buscaste actores de la región. ¿Cuál es el motivo de elegir actores debutantes, con poca experiencia o personas que no se dedican a la actuación?
—Mirá, siempre es parte y parte, no tengo ningún tipo de prejuicio con quien no ha tenido horas de entrenamiento actoral. Y muchas veces la gente que tiene muchos años de entrenamiento no es tan efectiva delante de la cámara, nada es garantía de nada. Y yo he visto gente de mucho talento natural, hay muchos actores de teatro como no actores, y de hecho en “La reina desnuda” todo el elenco es debutante.
—¿Nunca te tentaste a convocar actores profesionales y conocidos para tus películas?
—En realidad es al revés, actrices y actores conocidos se han ofrecido muchas veces de estar en mis películas pero no quise. Es una actitud política la mía, trabajar con las comunidades, siempre que vamos a un lugar tratamos de no hacer “extractivismo”, sino de integrar y dejar un sedimento cultural y artístico. Nos encanta que sea así, lo nuestro puede encuadrarse en lo que se llama cine independiente, y creo que el cine independiente no tiene por qué parecerse al cine industrial. Perfectamente puede hacer un servicio, puede sanar el tejido social, puede incluir personas a las que nadie les dio una oportunidad. No creo que el cine llamado independiente tenga que ver con el maltrato y con copiar el cine de género o clásico. Nuestra búsqueda va por un lado muy distinto, son historias locales, han sucedido. “La reina desnuda” es un apartado de un sinnúmero de hechos acontecidos, no tanto en la provincia de Buenos Aires, sino en la de Santa Fe.
—El cine de la marginalidad es una marca en tu carrera y vos sos del conurbano bonaerense. ¿Es una forma de pintar tu aldea?
—Mirá, los ambientes que retrato los conozco desde hace décadas, tanto la vida en las periferias de la Argentina como el exterior. No es que conozco estos ambientes a través de las películas, pero se da la paradoja que mucho de lo que he aprendido en la calle a lo largo de mi vida lo apliqué en el cine. Pero eso sí, nunca lo que aprendí en el ámbito del cine lo apliqué en la calle. Hemos filmado 26 películas desde Usuahia hasta New Jersey, también en México, Bolivia, Perú, Brasil, siempre con la misma premisa: tomamos partido por las personas y las comunidades y no por el discurso único. No hacemos estas películas para posicionarnos ante nadie, las hacemos porque creemos que es un documento visual de la vida en ciertos sectores, en las comunidades. Es un cine que nos interesa, por eso tiene un halo de lo políticamente incorrecto.
—¿No sentís que visibilizás una realidad durísima, que en este caso sucedió en Gálvez, pero puede ser en cualquier pueblo, y que muy pocos quieren mostrar?
—Existe esa gente, en este caso en Gálvez, pero también en Berazategui y a la vuelta de tu casa en Rosario. El que dice que acá no hay gente como la que muestra la película es una persona ignorante, que ni siquiera sabe lo que hace su familia, ni su marido, ni su esposa cuando sale a la vereda, menos van a saber qué es lo que se hace en un pueblo de 30 mil habitantes. Una vuelta estando en una función de “Vikingo” en el Chaco, yo justo me iba a Polonia a presentarla, y una persona me dice: “Mire, a mí me daría vergüenza que vean esta película en Polonia, porque qué imagen se van a llevar de Argentina”. Y yo le dije: “Mirá, disculpame, a mí me importa un carajo qué va a pensar un europeo, mi compromiso es mucho más grande que lo que piense un espectador que no conozco, mi compromiso es con la verdad y con las comunidades, y desde un tono autocrítico, desde ahí cae todo el mundo, caen las instituciones, cae la religión, cae la propia comunidad y yo mismo”. Toda la hipocresía no tiene nada que ver con el cine que hacemos.
—”La reina desnuda”, como en todas tus películas, ofrece tu mirada sobre una realidad del pueblo, pero no lo hacés con bajada de línea.
—Claro, para nada bajo línea nunca, yo hago una mirada sanadora en esa película, el personaje central aprendió a perdonarse. Conozco mucho el tema del abuso, y aquí muestro al accionar de ciertas instituciones y la verdad de las calles. Hay ciertas secretarías y ministerios que le pagan sueldos de privilegio a personas totalmente ineptas, no pasa solo en Argentina, pasa en el mundo. Hay personas que con ciertos lineamientos intentan enseñarte lo que es la vida. Y la verdad es que el golpeador va a seguir golpeando, y las instituciones no saben ni entienden qué hacer, lo que ellos quieren es ganar sueldos, tener créditos blandos, vacaciones pagas y no quieren meterse en lo que es una comunidad, meterse en lo que es lo profundo de los barrios inaccesibles. O sea, siempre están en contra de la persona vulnerable.
—¿No te pueden llegar a decir que hacés un cine clasista, porque siempre ponés en el lugar de villano a gente adinerada y a los poderosos?
—Mirá, yo uso diálogos reales, los transcribo y los ordeno para la película. La historia de “La reina desnuda”, que estreno en Rosario el jueves, está basada en varios hechos reales que me tocaron muy de cerca y me generaron bastante daño. El que dice que es un cine clasista es el que no entendió nada, pero nuestro cine va mucho más allá, no es para quedar bien ni con hombres ni con mujeres, ni con ideologías de algo, no nos interesa. Hacemos lo que consideramos correcto y eso es algo que tiene una cronología de base y que tiene un fundamento. Además, cuando se puede, lo hacemos donde sucedieron los hechos.
—¿Qué opinás del cine que es testimonial pero es cine industrial como el caso de “Argentina, 1985”, que está compitiendo por el Oscar?
—Mirá, si se trata de connacionales no quiero hablar, porque sé lo que cuesta conseguir dinero, armar un guión, llevarlo a cabo, en realidad trato de evitar generar polémica en ese sentido. Obviamente que tengo una postura perfectamente definida. Mirá, yo estoy con tres productoras, de las cuales soy socio gerente, una es Cinebruto, que es el perfil de todas mis películas; después Estudio Chroma, y la otra es Res Non Verba, que canaliza fondos extranjeros, con la que filmamos “Los ojos de Van Gogh”, en inglés. Además hemos filmado muchas películas con tecnologías inmersivas, tecnología 360, relatos holográficos. A mí me fascina el audiovisual, de hecho estoy usando inteligencia artificial en los story bord. Me fascina lo tecnológico y no tengo pruritos en eso. Ahora cuando tengo que dirigir jamás dirigiría un guión como el de “Argentina,1985”, nunca jamás, pero tampoco los cuestionaría porque lo hagan. Pero yo no lo haría por ningún dinero, ellos que hagan lo que quieran. Es gente que ama el cine, me alegro que a ellos les sirva.
—¿Por qué “Argentina, 1985” puede ser candidata al Oscar y tu película no?
—Mirá, hay una persona que a veces preferiría no nombrar porque le ha hecho mucho daño al cine argentino teniendo un cargo muy importante en un organismo gubernamental, y cuando le preguntaron cómo ganó un Oscar dijo que copió la métrica de los diálogos de “Kramer vs. Kramer” (de Robert Benton, con Meryl Streep y Dustin Hoffman, Oscar a mejor película de 1979). Entonces quienes premiaron a esa película la votaron a favor por eso. En un momento un periodista le pregunta “¿usted está convencido que el premio fue por esos factores?”. “Sí, estoy seguro que fue por eso”, dijo él.
—Estás hablando de Luis Puenzo y de “La historia oficial”.
—Claro, de eso hablo, entonces el cine gringo no premia aquello que lo pone en crisis. No, premia aquellas películas inocuas para Hollywood o que demuestran que la fórmula de Hollywood es la que prevalece. Entonces es muy probable que les guste mucho “Argentina, 1985”, porque hay toda una cuestión de estereotipo, de métrica, de cadencia, de elección de planos y una cuestión de roles que les hace honor a las películas de ese país. Yo, en líneas generales, por no decir siempre, en las tres productoras audiovisuales que trabajo, rompo con esquemas, rompo absolutamente con estos prototipos o estereotipos humanos. En esas películas se copia también cierta superficialidad. Cuando se filma al estilo Hollywood no se llega a rascar la tercera capa de piel, simplemente se quedan en la primera.