Viernes 19 de Septiembre de 2008
La voz desgarrada, la humildad del barrio obrero, la tristeza de un domingo, la poesía, el blues. Las piezas del rompecabezas coinciden con la impronta de Caburo. La mirada hacia un costado de la ciudad que está lejos de la Rosario for export y muy cerca de sus afectos. Eso transpira "Blues del Saladillo", segundo disco de Caburoblus, que se presentará esta noche a las 21.30 en el teatro Lavardén, de Sarmiento y Mendoza.
El juego de las coincidencias es inevitable. Así como Javier Martínez pintó con Manal en 1970 las imágenes de un barrio industrial en "Avellaneda Blues" y Homero Manzi, mucho antes, describió detrás de aquel "paredón y después" su enfoque cotidiano en "Sur", Caburo, desde esta esquina de la bota santafesina, le inyecta nostalgia y realismo a su lugar en el mundo.
"Cuando vine desde San Martín de Los Andes a vivir a Rosario con mi viejo tenía 13 años. Y lo primero que conocí fue la Quebrada del Saladillo. Su belleza me sorprendió y me marcó para siempre", rememora el cantante, que lidera la banda de blues y funky que integra junto a Pupe Barberis, en batería; Yuly Taborda, en bajo y Willy Echarte, en guitarra.
Caburo es el nombre artístico de Juan Carlos Vitantonio, nombre que utiliza cuando firma sus canciones. Con un nombre o con otro, el sentimiento de este músico —que marcó su sello en los 80 detrás de sus tumbadoras en los escenarios locales— es uno solo. "Viví en Ayacucho al 5.000 muchos años, hasta mis 30, por lo menos. Y allí está esa cosa melancólica, esos momentos gloriosos con mis amigos, muchos recuerdos. Me reconozco muy paisajista al escribir", dice Caburo.
"Me acuerdo que me bañaba en el arroyo y pasaba a mi lado una cabeza de vaca flotando". La escena, entre impactante y bizarra, hace alusión a la cercanía del Frigorífico Swift y Caburo la cuenta con la misma inocencia con la que vivía aquellos tiempos. Esa que pinta "Bye Bye Blues" ("La luna tras la luna descubre tu inocencia Rosario") pero, claro, se reafirma en el tema fetiche de su carrera "Blues del Saladillo".
"Ese tema es un misterio, porque lo conocía mucha gente que venía a verme, me lo pedían y yo nunca lo había grabado. Es más, hasta una vez gané un concurso de composición con ese tema, pero siempre estuvo ahí", describe con humildad, pero a la vez como si se tratara de una reliquia muy preciada.
Y continúa: "Hasta que una vez Marcelo Paletta le hizo un arreglo mitad chamarrita y mitad chacarera en la intro y me voló la cabeza. Ahí entendí que debía grabarlo". En esa introducción que cita Caburo aparecen también voces de vendedores de patí, sábalo fresco, bolitas de fraile y lombrices y la típica frase de la ronda de pescadores: "¿Qué pasa maestro, hay pique?". Postales de barrio que atraviesan el tema y trascienden todo el disco.
"Cuando compuse el «Blues del Saladillo» no tenía banda, fue allá por el 76. Y me situé en ese lugar, fue inevitable. Me senté con mi guitarra en el arroyo Saladillo mirando el agua, que hoy no pasa más porque las crecidas se llevaron todo. Antes eso era como las Quebradas de Córdoba y hoy parece el Cañón del Colorado", compara el músico, quien agregó que además de los cambios geográficos ocurridos en la zona, también hubo cambios culturales.
Con la simpleza de un romántico del género blusero, Caburo hace un pantallazo entre la realidad de su adolescencia y este presente cibernético. "Hoy Internet te comunica de otra forma. Hay chicos que prefieren ir al ciber antes que sentarse al lado del arroyo. Pero creo que si se revalorase una hermosa luna llena o una hermosa puesta de sol, la vida sería mucho más linda. De todos modos, estoy convencido que hay chicos que pueden disfrutar con la naturaleza", cierra la charla el músico, con otro toque de melancolía. Quizá el chico que hace referencia Caburo ya esté escribiendo su propia versión del "Blues del Saladillo".