Domingo 29 de Diciembre de 2013
Tras una década, la ausencia de Norberto Campos pareció notarse más que nunca. En 2002, el talentoso actor y director decía en una entrevista con El Eslabón que “la crisis siempre es una nueva posibilidad para crear”. Pero durante este año, en el que los bolsillos tuvieron que apretarse un poco más, las posibilidades creativas no se hicieron notar con el impacto de otras veces.
La escena independiente mantuvo sus carteleras y teatros al ritmo del año anterior. Si bien no existió una merma considerable de público, tampoco aparecieron espectáculos que impactaran con demasiada fuerza.
Un espacio jugoso comenzó a ocupar el stand-up, un estilo que explotó hace tiempo en Buenos Aires, y que hoy multiplicó su oferta en los bares de Rosario. Es el heredero dilecto de la última oleada de café concert de fines de los 90. Mezclando el humor con la gastronomía, el combo continúa funcionando de manera eficaz.
Jekill & Hyde, La Muestra, ClubdeFun, Café de la Flor, DownTown y Bienvenida Casandra son sólo algunos de los espacios que albergaron estas propuestas en las que el monologuista procesa la materia prima de su vida cotidiana y la convierte en una manufactura estandarizada para hacer reír. El efecto es el de siempre, hay de todo: buenos, mediocres y malos. En ese río revuelto, es necesario destacar a los pioneros de “1,2,3, probando”, que continuaron por tercer año consecutivo en la esquina de Mitre y Poeta Simeoni.
La dramaturgia autóctona encontró en Carla Saccani, Juan Pablo Giordano y Sebastián Villar Rojas un tridente productivo que aportó nuevos aires al anuario 2013. “Amarás a tu padre por sobre todas las cosas”, escrita y dirigida por Saccani, marcó la vuelta al género realista en una apuesta que se entreveró con el suspenso y se metió con temas complejos del trágico pasado reciente.
En este sentido, Giordano también se sumergió en la historia argentina de los años 70 y escribió “Agentes del desquicio”, una pieza fuerte que refleja las horas trágicas de la Masacre de Ezeiza. Dirigida por Pablo Fossa e interpretada por Cecilia Lacorte, Gustavo Di Pinto, Jorge Ferrucci y Ariel Hamoui, la propuesta fue de lo más destacado del año que termina.
Como si fuera poco, Sebastián Villar Rojas estrenó dos espectáculos casi al unísono. Por un lado “230001”, una comedia hilarante y bizarra que refleja la precariedad laboral en los jóvenes, un lastre que perdura desde los años 90. Y a la vez, el amor líquido y el costoso sueño de la vivienda propia fueron los ejes en el éxito de “El exterminador de caballos”, una especie de sitcom alargada muy bien interpretada por Lumila Palavecino, Marina Lorenzo, Juan Biselli y Luciano Matricardi.
Por su parte, Gustavo Postiglione volvió a dar que hablar con el estreno de “Brisas heladas”, una arriesgada mezcla que combinó elementos del thriller con actuaciones del más puro realismo cinematográfico, dejando expuestos ciertos desniveles en los registros actorales.
Noveles. Otra vertiente pareció vislumbrarse entre dos directores jóvenes que eligieron autores de su generación oriundos de Buenos Aires, la gran usina del país. “La escuálida familia”, de la renombrada Lola Arias, y “Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack”, de Federico León coincidieron en el espacio del teatro La Manzana. La primera, un drama que se regodea con la cuestión del incesto y rasgos animaloides de una familia de montaña, estuvo dirigida por Felipe Haidar, aquel joven santafesino que sorprendió el año anterior con “La tercera parte del mar”, de Alejandro Tantanián. En cambio, el texto de León se convirtió en la primera obra dirigida por Ignacio Amione, quien apeló a los contundentes destellos de comicidad en las actuaciones de Elisabet Cunsolo y Mumo Oviedo para sostener una delirante y edípica propuesta escénica.
Para el grupo Rosario Imagina, el 2013 significó otro golpe de timón de su comandante, Rody Bertol. Pasó de la comedia popular al retorno de la poética a través de “Bajo un cielo de verano”, una historia con azulados dejos de nostalgia, ubicada en un pueblo de provincia en los años 60. Y siguiendo este hilo, sobre el final del año Bertol presentó su nuevo libro, “Plano convexo”, en el que retoma anécdotas del proceso creativo de “Artificio casamiento”, una recordada producción de 2005. Un emotivo reencuentro de buena parte de la comunidad teatral de la ciudad.
Otra producción que dejó su huella en este 2013 fue “Quiero que gustes de mí”, una hilarante comedia de enredos y amoríos gays dirigida por Gustavo Di Pinto, que se destacó principalmente por el ruido generado en las redes sociales. En el otro extremo, alejadas de la estridencia, fueron tres obras de parejas las que le devolvieron al teatro una vuelta intimista en las que se pudieron apreciar con gusto el buen trabajo de los dúos en primer plano: “Una versión de El amante de Pinter” con Adriana Frodella y Matías Martínez, “La más fuerte” de August Strindberg con Florencia Crende y Roberto Chanampa y “Donde las piedras vuelan” con Noemí Asenjo y Mauro Carreras.
Por un teatro oficial. El año prácticamente cerró con la implementación de la primera Comedia Municipal de Teatro. Siguiendo los pasos del llamado a concurso, Quico Saggini fue elegido director de “Relojero”, de Armando Discépolo. Este drama familiar interpretado por Norberto Gallina, con algunas pinceladas de comedia a cargo de Christian Valci, logró romper el hielo de la primera aproximación a un teatro oficial de características tradicionales. Cumplió con un viejo anhelo, revalorizó el trabajo del sector y mantuvo las expectativas en la creación y descubrimiento de un nuevo público que aún sigue generando interrogantes en cuanto a sus límites. De todos modos, es más interesante perseguir al signo de preguntas antes que detenerse en una negación de antemano.
En las vísperas de Navidad, el año cerró con otro regalito: “Aire de familia”. Una década después de su explosión en Buenos Aires, el género biodrama llegó a Rosario de la mano de su mentora original, la directora Vivi Tellas. Un puñado de escenas en las que trozos familiares son concebidos como pequeños mundos de pura teatralidad. Además de revelar historias biográficas particulares, permitieron recuperar a través del teatro algo de la historicidad perdida en la cultura popular rosarina.