Viernes 03 de Enero de 2020
La metáfora más cruel del Brasil de Bolsonaro sale a la luz en "Bacurau", el filme distópico, y no tanto, de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, que se estrenó esta semana en Rosario.
La película tiene la particular atracción del protagónico de Sonia Braga, aquella emblemática actriz de "Doña Flor y sus dos maridos" a quien Mendonça Filho también dirigió en su anterior filme "Aquarius".
Al igual que aquella producción, "Bacurau" también llega con buenas críticas y con importantes premios internacionales.
Fue galardonada con el Premio del Jurado en la competencia oficial del Festival de Cannes; ganó como mejor dirección en el Festival de Sitges y como mejor película en el Festival de Munich. Además, en el de Lima, se coronó como mejor película y dirección.
La historia está ambientada en un futuro cercano, en un pequeño pueblo brasileño ubicado en Pernambuco, cuyo nombre es el que le da título al filme.
Allí, los habitantes lamentan la pérdida de su nonagenaria matriarca y, en el día del velorio, descubren asombrados que su comunidad dejó de figurar en los mapas.
Las malas señales no tardarán en llegar, primero a través de la visita de personas extrañas, entre ellas un par de supuestos motoqueros que andan de turismo, y también sospechosos drones que sobrevuelan la zona.
Es indudable que inesperados sucesos están por ocurrir, o más bien que ya están ocurriendo. Y todo bajo las órdenes de un villano temible, interpretado por es siempre eficiente actor alemán Udo Kier, el mismo de "Los idiotas" y "Anticristo", de Lars Von Tier.
Las críticas elogiosas no tardaron en llegar, basto una sola palabra para que cada medio reflejara sus principales sensaciones tras ver el filme: "Excelente" (The New York Times), "Maravillosa" (Indiewire), "Impresionante" (Variety), "Electrizante" (The Guardian), "Hipnótica" (Los Angeles Times).
En una entrevista a Cineuropa, el realizador hizo alusión a la vinculación del filme con la opresión del gobierno actual de Brasil y expresó que, en rigor, junto con el codirector Juliano Dornelles, estuvieron trabajando en esta idea durante casi diez años y que terminaron el rodaje en un momento en que la presencia de Bolsonaro no era ni siquiera una remota posibilidad.
"Creemos que es inevitable que Brasil y sus tensiones acaben apareciendo, pero nosotros queríamos hacer una buena aventura sobre el poder, la amistad que tenemos y nuestro amor por las películas. ¿Cómo íbamos a predecir el futuro? Somos amigos y hemos trabajado juntos durante años. Esta codirección se dio por una conversación que tuvimos. Queríamos representar a las personas de nuestra región", expresaron.