En una charla íntima con Guido Záffora para el ciclo "Lo resolví pensando" de L+, el coreógrafo y director repasó su pasado como arquitecto, el éxito de Botton Tap, su resiliente batalla por la salud y la emoción transformadora de ser abuelo.
Lunes 11 de Mayo de 2026
Aníbal Pachano se define ante el mundo de una manera simple: "Soy Aníbal, Aníbal Pachano". Antes de las galeras y el tap, su vida estaba marcada por los planos y el diseño, una carrera que comenzó a los 18 años en la Universidad de Buenos Aires (UBA). "Digo que soy arquitecto antes que artista porque así fue la historia (fui un gran laburante en estudios y documentalista de obra)", explicó el director. Fue recién a los 28 años cuando decidió dar un vuelco total a su profesión, un cambio que coincidió con el encuentro con Ana Sanz en la escuela de Alberto Agüero. Juntos fundaron Botton Tap, una empresa teatral que revolucionó la estética del espectáculo argentino en los años 80 y 90.
La vida familiar de Pachano estuvo atravesada por la política y el exilio interno durante su niñez. Su padre era un odontólogo reconocido y amigo del expresidente Arturo Frondizi, lo que les valió persecuciones y un intento de secuestro que obligó a su madre a trasladar a la familia a Villa Carlos Paz. "Mi vieja me enseñó mucho a entender quiénes eran los artistas de la época (vengo de una formación muy profunda desde lo estético)", recordó. Ese ojo clínico lo aplicó luego a su relación con Ana Sanz, de quien se enamoró apenas la vio con el pelo rapado y una figura distinguida. Se casaron a finales de 1983 y juntos transitaron décadas de amor, trabajo y la llegada de su hija Sofía, quien debutó artísticamente a los 5 años en la obra “Amapola”.
La arquitectura y el nacimiento de Botton Tap
Uno de los momentos más tensos de su vida pública fue la revelación mediática de su diagnóstico de VIH, un hecho que calificó como "de cuarta y muy desagradable". A pesar de la exposición, Pachano logró transformar ese dolor en un mensaje de concientización sin buscar el rédito comercial. "Yo nunca utilicé la enfermedad como una situación de a ver cómo generaba prensa con eso (la jugué de callado)", sentenció. En ese sentido, destacó el rol de su hija Sofía en el programa de Marcelo Tinelli cuando enfrentó a Graciela Alfano por sus dichos sobre la salud de su padre: "Sofía le puso los puntos (ella tenía 22 años y yo 62), le dijo que yo tenía una vida por delante y la de ella estaba terminada, ahí fue el final".
Actualmente, el artista atraviesa un nuevo desafío de salud vinculado al cáncer, proceso que encara con la misma resiliencia que lo caracteriza. Reconoció que se encuentra en tratamiento (le sacaron la glándula suprarrenal y están cuidando su hígado con quimio), pero que se siente fuerte para seguir adelante. Esta etapa coincide con un cambio de prioridades y una mirada mucho más relajada sobre el entorno mediático. "Hoy me chupa un huevo todo (digan lo que quieran, opinen lo que se les cante el tujes)", bromeó, asegurando que el paso del tiempo y las batallas ganadas le permitieron alcanzar un estado de tranquilidad que antes no conocía.
La lucha contra el cáncer y la llegada de su nieto Vito
La gran transformación emocional de Pachano llegó con el nacimiento de su nieto, Vito. El coreógrafo admitió que lloró profundamente al conocerlo por videollamada y que ese vínculo le planteó nuevas metas vitales. "Me pongo metas (ahora me gustaría caminar de la mano con él un ratito, hasta que tenga conciencia de que tuvo un abuelo)", confesó emocionado. Mientras planea masterclasses por todo el país y la redacción de su libro biográfico, Aníbal sigue abierto al amor, buscando esa cotidianeidad que tuvo con Ana Sanz: "Me encantaría encontrar a alguien (poder compartir un mate a la mañana y una comida divina, estar en un lugar espléndido o en uno pobre, despojado de todo)".