Domingo 27 de Agosto de 2023
“Qué horror”, seguido de una risa incómoda es la primera reacción a la película “Amo a mi papá”. Es la reacción que genera pensar cómo es posible que alguien pueda hacer algo tan retorcido y demencial con las mejores intenciones. El film es una comedia incómoda, pero eficaz. Es que si una de las posibilidades del humor es generar una reflexión cuando termina la sorpresa, si deja un sedimento fértil para, como en este caso, volver a pensar en las relaciones que van a contramano, entonces “Amo a mi papá” es una excelente oportunidad para hacerlo.
El film es la ópera prima del actor, guionista y director James Morosini y se basa en una experiencia real que vivió con su propio padre. Según contó el director, la relación con su padre no era buena, al punto que decidió dejar de hablarle y bloquearlo en su teléfono y en redes sociales. Así lo cuenta en el film Franklin, el personaje protagónico a cargo de Morosini, que transita una recuperación por un intento de suicidio y vive como un infierno el hecho de que su Chuck (Patton Oswalt) no haya estado presente en su vida desde que tiene memoria, además de calificarlo como una persona mentirosa y tramposa.
Según el film, ante la decisión de su hijo de eliminarlo de su vida, Chuck cree que un comentario al pasar de un amigo sería una buena idea para revertir la situación. Así, decide encarar algo completamente alocado y extremo: hacerle catfishing a su propio hijo, es decir, atraer su atención fingiendo que es otra persona. De esa manera abre una cuenta falsa en Facebook con las fotos de Becca, una moza muy atractiva y simpática que atiende en el bar al que va Chuck. Franklin muerde el anzuelo y comienza una relación virtual que genera todo tipo de confusiones bizarras. El problema es cuando Franklin, enamorado de la falsa Becca, decide ir a conocerla.
La eficacia de la película se basa en las decisiones estéticas y técnicas de Morosini, además de la elección de un sólido grupo de actores y el estilo elegido para un guión que podría haber sido un drama. Es el estilo de humor incorrecto que podría compararse con el de algunas películas de Sacha Baron Cohen, el de los hermanos Coen, la serie “Los plomeros de la Casa Blanca” o la torpeza de los irresistibles Soprano, o sea, el de un elefante en un bazar.
En el centro de todo está el amor: el amor de un padre irresponsable que intenta reparar el daño causado; el amor de un hijo que padece a su padre y el amor como supuesto salvavidas, ya que es lo que, finalmente y aun siendo una fantasía, le vuelve a dar sentido a la vida de Franklin, lo que puede ser una apuesta demasiado alta a cambio de un resultado incierto.