Alejandro Lerner, un viaje en el tiempo con canciones para volver a empezar
El artista ofreció el viernes pasado un recital conmovedor en El Círculo con hits que no tienen fecha de vencimiento

Miércoles 29 de Noviembre de 2023

Ir a ver un recital con 19 temas y poder cantar de un tirón 18 es un hallazgo, más si el que no te lo sabías era porque es uno nuevo y aún no está editado (“Blues sin nombre”). Eso sucedió en la última presentación de Alejandro Lerner en el teatro El Círculo de Rosario. Un show anunciado como de “Grandes éxitos”, como si eso fuera una cosa menor o de compromiso, y nada más lejos. Lerner sigue siendo ese baladista intachable que, aunque suene a frase hecha, tiene canciones sin fecha de vencimiento. Además, es un cantante sin fisuras y cada vez interpreta mejor. El último viernes de noviembre llegó con una banda que incluía a un prócer: Gringui Herrera en guitarra eléctrica; a un bajista de oficio que es un relojito: Marcelo Vaccaro; más Marcelo Muir, en guitarra, Manu Caizza en batería y Marcela Lerner, en coros y percusión, quienes integraban un tándem sonoro impecable, con los matices que cada tema requería y, por sobre todo, con una entrega y un disfrute que bajaba del escenario y se contagiaba con todo el público.

Un show de Lerner es, para quienes peinamos canas hace mucho, una suerte de viaje en el tiempo. Porque cuando hace “Mil veces lloro” es imposible no linkear con ese primer disco de 1982, en los tiempos de Lerner y La Magia, y con la versión de Sandra Mihanovich, a quien volvió a agradecer en el show por ser quien hizo conocer por primera vez su obra.

Como dijo en el show: “Cada canción tiene su historia”. Y así como nos hizo cantar a todos al recordar a los tiempos de “La banda de Golden Rocket”, a principios de los 90, en “Juntos para siempre” y corear “Quién te dijo”, otro éxito de telenovela, en este caso “Campeones” en los 2000, nos dio un golpe en el corazón con un tema que refiere a la Guera de Malvinas.

En momentos en que algunos líderes políticos intentan quitarle peso histórico a temas indiscutibles, Lerner cantó “La isla de la buena memoria” y logró una emoción poco frecuente en los recitales de rock. Porque no bastó con cantar ese tema, con un video alusivo filmado en Malvinas con muestras del dolor de los familiares de las víctimas, sino que preguntó si había algún ex combatiente en la sala. Y se levantó Mario, de la platea baja. “¿Querés subir a decir algo?” invitó el cantante. Y Mario, tímido, se abrazó con Lerner en medio de la ovación del público y dijo solo esto: “¡Viva la patria, carajo!”. Otra ovación, otro abrazo. Y a seguir con las canciones para viajar en el tiempo.

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Poco después, Lerner cantaba “Campeones de la vida”, y era otro mensaje subliminal para este presente, aunque, claro está, cada canción se resignifica según quien la escucha. “Aunque las puertas se cierren/aunque no me sienta bien/ aunque el tiempo pegue fuerte/sé que voy a estar de pie/Yerba buena nunca muere/ no se cansa de pelear/ aunque llueva, nieve, o truene/te tenés que levantar”.

La gente cantaba de pie, como para exorcizar las penas del presente, mirar con nostalgia aquel pasado menos traumático, o las dos cosas. Poco antes había sonado “Hope”, una canción que la hizo cuando murió su madre y que, aseguró en El Círculo, la toca ahora como una manera de inyectarle esperanza a la gente.

También hubo momento para cantar, en versión reggae, “Hay algo que te quiero decir” y, en clave de rock con un sintetizador con mango de guitarra, “Nena neurótica”, para que saltemos todos de las plateas. Las baladas no faltaron: “Amarte así”, “A tu lado”, “Después de ti”. Y siempre jugando con el ida y vuelta con el público, a esta altura, cómplices a corazón abierto.

Los bises llegaron con “Todo a pulmón” y con esa frase letal: “qué difícil se me hace/mantenerme en este viaje/sin saber adónde voy en realidad”. Ayer y hoy, todo el tiempo. Y el cierre, como si fuese una rocola gigante, tenía que ser con “Volver a empezar”.

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Todos de pie, cantando, sacando fotos y selfies, filmando, jugando, riendo, llorando, disfrutando al fin. Y las letras hablaban de todos, de cada uno y de cada una. “Volver a empezar/que aún no termina el juego/volver a empezar/que no se apague el fuego/Queda mucho por andar/Y que mañana será un día nuevo bajo el sol/Volver a empezar/Volver a intentar/Volver a empezar”.

Alejandro Lerner nos metió en el túnel del tiempo y salimos de pie, algo golpeados, algo felices, pero de pie. Como para volver a empezar.