Alberto Ajaka: un "sobreviviente" de una de las repetidas crisis argentinas
El actor presenta la obra "La vergüenza de haber sido y el dólar de ya no ser". En el unipersonal narra su experiencia durante los sucesos de 2001, antes de dedicarse a la actuación. Actúa este viernes y el lunes próximo en La Orilla Infinita

Martes 03 de Octubre de 2023

“Es como una especie de recorrido medio fabulesco por episodios de mi vida personal en el contexto de una época, teniendo en cuenta que en ese momento no era actor, sino un pequeño empresario que sufrió varios robos y secuestros”. Así resumió el actor y director Alberto Ajaka la obra “La vergüenza de haber sido y el dólar de ya no ser”, a la que agrega entre paréntesis un elocuente subtítulo: “Testimonio dramático de un sobreviviente 1997-2001”. La pieza, concebida a fines del 2021 luego de una convocatoria de la Casa Nacional del Bicentenario por los 20 años de la crisis de diciembre del 2001, subirá a escena en dos funciones en el teatro La Orilla Infinita (Colón 2148), este viernes 6 de octubre, a las 23, y el lunes 9, a las 20. Luego de esta función, Ajaka, quien se destacó en televisión con las tiras de Polka “Guapas” y “Los ricos no piden permiso”, compartirá una charla con los presentes sobre este texto que escribió, protagoniza y dirige. Las entradas anticipadas se pueden adquirir a través de la página web laorillainfinita.com.ar.

¿Cómo impactó, o sigue impactando en vos, personalmente, aquella crisis tremenda? ¿Cómo la ves en perspectiva, 20 años después? ¿Por qué es bueno recordarlo?

Creo que jamás sentí tanta angustia por el futuro de mi país como aquella vez. Tengo 50 años. Y recuerdo la sensación, creo que compartida con la mayoría, que este país desaparecía. Literal. Una pesadilla. Hay que recordarnos todo el tiempo que la mayoría de los argentinos votamos para que cambiara todo salvo un peso a un dólar. En las elecciones de 1999 el 98 por ciento de los votos se repartieron entre De la Rúa (“conmigo: un peso, un dólar”), Duhalde y Cavallo. Ni siquiera podemos adjudicarnos haber pecado por omisión. Recordar para hacernos cargo y para no olvidar a los muertos. Para entender cuánto de incapacidad, de desidia, de temor, de codicia, o lo que sea hubo en la caída de un gobierno tan solo un año después de haber asumido con más del 48 por ciento de los votos. Sólo un pueblo maduro mejora la democracia. La Ley de Convertibilidad está en el centro de la trama.

En 2023, días antes de las elecciones de octubre, más de 20 años después de aquellos hechos, se vuelve a hablar de dolarizar y una generación -especialmente los más jovenes- suele entusiasmarse con esa idea. ¿Qué pensás de eso?

La verdad, no me sorprende. Más de cincuenta años de devaluaciones afirman que nuestro peso no tiene valor per se sino al cambio en la pizarra del día. El diagnóstico no resiste discusión. Lamentablemente la dirigencia política tradicional no nos dice la verdad porque sabe que no queremos escucharla. Encanutar en dólares se ha convertido en una costumbre argentina, como el asado o el fútbol. A diferencia de éstas, es una actividad que no se comparte. La paridad cambiaria es una falacia porque aunque un peso valga un dólar, todos prefieren los dólares. Dicho esto, ¿dónde están los dólares que hacen falta para dolarizar? ¿alguien los va a traer de afuera o van a salir de los colchones? ¿las cosas van a costar en dólares lo mismo que cuestan allá? ¿yo voy a poder ganar como ganan ellos allá? Tener que hacerme estas preguntas es, en sí mismo, una decepción.

En el título que hace referencia al tango, es interesante la ironía de sustituír la palabra dolor por dólar, y que el tango se llame “Cuesta abajo”. ¿Cuál es la relación entre dolor y dólar? ¿La economía es uno de los eternos e irresolubles “dolores” de Argentina? ¿Es tanto o más importante que la pobreza o la indigencia?

Una vida austera demanda una cantidad de guita que la mayoría de los argentinos o bien no alcanzan o llegan arañando. Llegar recurrentemente a fin de mes con la incertidumbre de que te vaya a alcanzar genera una angustia que atenta el descanso y el sueño de una existencia sin sobresaltos. Atender lo necesario para que los tuyos subsistan dignamente es un deber a cumplir. Sacrificio y honradez deberían bastar para reunir los pesos necesarios, y sin embargo pueden que sean un obstáculo para alcanzar el objetivo. Hay poco espacio en tu cabeza para reflexionar, y ante un problema, como el de la pobreza, por ejemplo, de una enormidad abrumadora que no cesa de agigantar, te alivia escuchar a uno que proclama que mejor aprieta quien menos abarca, que él se va a ocupar solo de los problemas que impiden que tengas lo que merecés. No te sientas culpable porque vos no tenés la culpa, ni te hagas cargo de lo que no te corresponde.

Más allá del hecho escénico, ¿por qué algunos temas como dólar, crisis, inflación, parecen una pesadilla recurrente en Argentina?

”El día que las vacas vuelen y en la Argentina baje la inflación”... Es la inflación la causa de nuestra tragedia socioeconómica. Somos inflacionarios de nacimiento. La gran mayoría de los gurúes de la economía, exitosos jugadores de la timba financiera a los que no condeno, allá cada uno con lo que dicte su conciencia cada noche cuando apoya la cabeza en la almohada y el culo en el colchón relleno de verdes como canelón de espinaca, te lo quieren explicar fácil: si en tu casa entran 10 no podés gastar 20. Lo que no te dicen es que en sus casas siempre sobra, y en la gran mayoría casi siempre falta. Vale decir: hay que arreglarse con lo que hay hoy, que siempre tiende a ser menos que ayer. Los temas son recurrentes, sin embargo nadie se hace cargo y todos culpamos al otro. Es tiempo que hagamos un mea culpa y el que esté libre que tire la primera piedra. Ojalá esté errado, pero no creo que una dirección económica resuelva un problema cultural y económico.