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Zamba, el nene formoseño que viste guardapolvo blanco

La incorporación de modismos, estéticas, climas y la voz de chicos de distintos lugares del país, entre los aportes de Pakapaka.

Sábado 07 de Mayo de 2016

Vanina Lanati es becaria doctoral del Conicet, en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR), y su investigación se basa en las representaciones de la infancia en Pakapaka. De cara a la nueva gestión opina: "Ahora no se ve mucha producción nueva y empezaron a salir programas que aparecen como estrenos que en realidad eran de la primera camada. Creo que no es inocente que se estén recuperando en pantalla producciones mucho más lavadas, desideologizadas, con cosas del clown y el teatro".

Sobre los cuestionamientos al canal cree que se deben a contenidos que, en cierta medida, fueron acompañando debates de la sociedad en estos años. Como ejemplo, cita el caso del micro "Mi familia", que en base a una estética de muñequitos que no hablan, muestran distintos tipos de familias. "Eso tuvo cierto reflejo con la ley de matrimonio igualitario. Si bien no baja línea sobre eso, había una especie de diálogo entre lo que pasaba a nivel de políticas públicas estatales en general y lo que iba apareciendo en la pantalla", opina.

Lanati recuerda que Zamba nació como una serie de capítulos pensados para el Bicentenario, pero fue creciendo y sumando temas y complejidad a sus abordajes. "Una de las últimas cosas que hizo fue sobre el genocidio armenio y el holocausto, un Zamba mucho más preciso y profundo. Pero no arrancó dando un puñetazo con temas complicados, sino que lo hizo con hechos más o menos consesuados de la historia. Después se fue afinando y tomando una postura en temas históricos".

La incorporación de modismos, estéticas y climas de distintos espacios del país es para Lanati otro punto alto de Pakapaka: "Con eso no hay con qué darle. Vino a ocupar un espacio vacío y de una manera súper interesante. Aunque sí hubo cosas pendientes, como cierta falta de federalismo en la producción".

—¿Qué opinás cuando se habla de Zamba como personaje K?

—Es una excusa. Lo bueno que tuvieron Encuentro y Pakapaka es que su propio andar los legitimó socialmente. En general, se piense como se piense en política, se entendió que estaba bien que existan y convivan con los otros canales. Hoy no hay mucho espacio para sacarlo. Sí, creo que con Zamba hubo una apuesta porque fue un personaje que pegó en los chicos fundamentalmente por la identificación. Todos tenemos una señorita Silvia, el querer preguntar, el "me aburro" típico de los chicos, el compañero que lo sabe todo. Hubo muchos guiños. Pero los chicos pueden mirar Topa y Zamba, se puede convivir. En esa multiplicidad siempre aparece algo distinto.

—¿Hacía falta un canal así?

—Absolutamente. Porque cuando decimos Nickelodeon o Cartoon Network es porque tenemos cable. Pero hay un montón de gente que no, en la televisión de aire se fue achicando cada vez la programación infantil. Y porque además esos canales que mencioné están hechos en Estados Unidos, con una mirada latina donde somos todos iguales, hablamos en neutro, no hay matices y los chicos que van a la escuela usan uniforme. Desde Jacinta Pichimahuida no recuerdo chicos de la tele yendo con guardapolvo blanco a la escuela como Zamba. Hubo que acostumbrar la mirada. Y además algo más importante: que los chicos estuvieran en primera persona, con su voz y jugando en su espacio.

Apropiación del personaje

Sobre la apropiación de los chicos del personaje infantil, Lanati remarca que también logró salir de la pantalla y convocar a los nenes haciéndose presente en fiestas patrias, espectáculos musicales durante las vacaciones y hasta en Tecnópolis. Aunque en las últimas semanas se vieron imágenes que mostraban que la nueva gestión decidió desmontar la muestra de Zamba de la feria tecnológica y que la imagen de madera del personaje había sido arrojada a la basura, destruida y en estado de abandono. "Estaba podrido por dentro", justificó el ministro Lombardi sobre el muñeco del querido personaje.

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