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Violencia y muerte en un audaz robo comando en Bernardo de Irigoyen

Cuatro hombres asaltaron la comisaría, la comuna, el Juzgado, un centro bancario y el correo. Uno de los maleantes falleció tras un tiroteo con la policía mientras escapaban.

Sábado 05 de Marzo de 2016

"Les faltó robar la iglesia nomás. Y a mí no me llevaron porque soy muy viejo", bromeó después del tremendo susto que se llevó el jefe comunal de Bernardo de Irigoyen, Jorge Carcavilla, una de las víctimas del raíd delictivo protagonizado ayer a la mañana por grupo comando que, en pocos minutos, neutralizó la comisaría y cometió asaltos a mano armada y con rehenes en el Juzgado de Paz, un puesto de cobranza de servicios, la comuna y el correo, donde había decenas de jubilados haciendo cola para cobrar sus haberes. Uno de los delincuentes fue baleado por la policía cuando se daba a la fuga y murió en un hospital santafesino, mientras que se desconoce el paradero del resto de los maleantes, que se suponen eran tres más.

Para los vecinos, que no salen de su asombro por lo sucedido, el atraco "les salió mal" porque "llegaron antes del plato fuerte": el camión de caudales que trasladaba el dinero de los pasivos y que calculan que debía depositar en la oficina el transcurso de la mañana no menos de un millón de pesos. Sin embargo, entre lo que iban recolectando en las distintas reparticiones del centro cívico de este pueblo de 1.700 habitantes, se calcula que los maleantes se alzaron con más de 250 mil pesos.

Los hechos arrancaron alrededor de las 9, cuando los delincuentes armados irrumpieron en la comisaría 9ª, donde el subcomisario a cargo, Mariano Massero y un oficial de guardia tomaban una denuncia de un vecino en relación al robo de un ciclomotor. "Eran dos y después se sumaron otros dos. Estaban a cara descubierta y llevaban pistolas. Nos hicieron poner las manos en un lugar visible y uno de ellos me golpeó en la cabeza y caí al piso. Otro, forcejeaba para sacarme el arma. Nos encerraron en el calabozo y se fueron con nuestras pistolas", recordó el titular de la dependencia.

A continuación, los ladrones entraron al Juzgado de Causas Menores (ex Juzgado de Paz) que funciona en una oficina contigua a la comisaria, y le robaron la billetera a su titular, Raúl Bonansea, a quien le dijeron: "Quedáte tranquilo, no es con vos la cosa", y después lo encerraron en el baño.

De allí se fueron a la vuelta, a pocos metros, y asaltaron un puesto de cobranzas de Santa Fe Servicios. Edgardo Maidana, vicepresidente de la comuna y encargado del "banquito", como se lo llama en el pueblo, contó que en ese momento, además de él, había en la pequeña oficina un personal de maestranza y dos clientes. "Dos entraron rápido y otros dos se quedaron en la puerta. En seguida me pidieron que abriera el tesoro. Había arriba de cien mil pesos. A mí no me golpearon, pero a los clientes sí", aseguró.

Uno de esos clientes es Gastón, de 34 años. "Cuando los vi, pensé que eran custodios del camión de caudales, porque llevaban chalecos antibala y uno de ellos estaba disfrazado de policía. Me agarró de cuello, me pegó un culatazo en la cabeza, pero no muy fuerte, y me tiró al suelo. También los hizo bajar al piso a los demás que estábamos", contó el muchacho a La Capital.

Tras alzarse con ese botín, los cuatro maleantes tomaron de rehén a Maidana, y a punta de pistola lo arrastraron hasta a la comuna, a sólo unos diez metros, en la esquina. "Yo me asusté cuando me obligan a salir con llos porque pensé que si me metían en el auto y huían, yo quedaría expuesto a cualquier cosa: a un tiroteo, a un accidente, pero gracias a Dios me liberaron. Todos tenían la cara descubierta y un promedio e 35 años".

"Dame la plata porque te quemo", le dijeron los asaltantes a Alejandra, la tesorera de la comuna que tenía la llave de la caja fuerte, cuyo monto no trascendió. Además de la mujer había en la sede otras cinco personas, entre ellas el propio jefe comunal, a quien los malvivientes le apuntaron en la sien, le propinaron golpes y lo remataron con un culatazo en la nuca.

"Nunca vi tan de cerca la muerte", expresó ayer a la tarde Carcavilla, agitado aún por los nervios y una interminable jornada de declaraciones a la Policia de Investigaciones, al fiscal a cargo, Omar de Pedro, y a los innumerables medios de comunicación de todo el país que lo llamaron.

Desde la comuna, los delincuentes recorrieron media cuadra hasta la oficina del correo, en cuya entrada había entre cuarenta y cincuenta jubilados y apoderados de éstos, esperando para cobrar los haberes. Otra vez los cacos entraron intempestivamente. "Al suelo", ordenaron, y cuentan entre risas algunos testigos que casi nadie se agachó porque "si me tiro, no me levanto más", habría respondido un abuelo.

El que peor la pasó en este episodio es el encargado de la oficina, un joven de la ciudad de Gálvez, a quien los maleantes también violentaron, obligaron a abrir la caja fuerte y se fueron. En el lugar quedaron varios llorando, aterrados, mientras que otros escaparon y se escondieron en casas vecinas.

Otra anécdota que quedará en la memoria humorística del pueblo y que generó risas en los pasillos de la comuna es el de una joven apoderada que estaba en la oficina en ese momento, y que al ver el asalto tomó a la “tía Margarita” del brazo y huyeron juntas, pero cuando después de recorrer 50 metros la invadió el pánico, “salió corriendo y se metió en la casa de fulanita, mientras que la abuela quedó sola, parada en la esquina”, contaban entre carcajadas.

Esa misma vecina que refugió a la joven en pánico contó que ni bien la dejó entrar, vieron cómo el Peugeot 206 gris en el que se trasladaban los malvivientes “pasó a las chapas, volando, parecía que no tocaba el suelo”.

Carmen vive frente al correo y Norita, su empleada, alcazó a ver la huida de los cacos desde el jardín de la casa, con tal precisión que pudo detectar que las letras de la patente del automóvil estaban borradas y que sólo constaba el número: 640. Con este jugoso dato para los apostadores, “seguro que van a explotar las dos agencias de quiniela del pueblo”, especuló una vecina.

Fuentes policiales revelaron que el vehículo tomó la ruta 41S y luego la ruta 11 hacia el sur, rumbo a Barrancas, donde ya se había comenzado a implemetar un operativo cerrojo. Al advertir la presencia de policial, el auto tomó rumbo al norte y a pocos kilómetros comenzó a ser perseguido por un patrullero y hasta hubo un enfrentamiento armado. Antes de llegar a Coronda, tras recorrer unos 30 kilómetros, colisionó contra una columna de alumbrado, volcó y quedó recostado sobre la banquina.

En el vehículo solo iba uno de los maleantes, quien fue detenido y trasladado al hospital José M. Cullen de Santa Fe, donde fue intervenido quirúrgicamete por las heridas de bala recibidas en la cabeza, espalda, ingle y brazo izquierdo. Minutos después, murió.

Más tarde se conoció la identidad del fallecido: Carlos Ernesto Entivero, de 25 años, domiciliado en José León Suárez (Buenos Aires). Trascendió que dentro del vehículo, registrado en la provincia de Misiones, fueron halladas dos armas de fuego, una pistola calibre 9 milímetros y otra 22, un ticket de peaje del puesto en Zárate con horario cercano a las 4 de la madrugada y dos gorras.

El móvil policial que perseguía a Entivero fue alcanzado por varios disparos efectuados por éste, pero los efectivos no fueron heridos. En tanto, un fuerte operativo policial se desplegaba por todo el el centrooeste de la provincia para dar con el resto de la banda, que habria huido en otro vehículo.

Al cierre de esta edición, el ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, dijo a La Capital que se investigan diversas hipótesis y que una de éstas llevaría a dar con el informante que brindó datos a la banda para conformar la logística del atraco.

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