Vecinos y la policía siguen buscando al nene que desapareció en Pérez
Pérez.— Axel, el hijo de Liliana, no aparece. Se perdió. Se le esfumó a la madre de entre las
sábanas en la madrugada del domingo. La mujer dormía con su hijo y al despertar no lo encontró.
Horas antes Roberto, el padre del niño, le había dejado a Liliana, de 25 años, un billete de 20
pesos para que comprara alimentos. No discutieron, Roberto se fue y cuatro horas después Axel no
estaba.
Miércoles 30 de Enero de 2008
Pérez.— Axel, el hijo de Liliana, no aparece. Se perdió. Se le esfumó a la madre de entre las
sábanas en la madrugada del domingo. La mujer dormía con su hijo y al despertar no lo encontró.
Horas antes Roberto, el padre del niño, le había dejado a Liliana, de 25 años, un billete de 20
pesos para que comprara alimentos. No discutieron, Roberto se fue y cuatro horas después Axel no
estaba.
Al cierre de esta edición vecinos, bomberos y policías buscaban al nene de 18 meses en un pozo a 50 metros de donde vive. Se encontraron pelos, pero no eran humanos. Hoy seguirán en la búsqueda y se ahondará en la investigación.
Los vecinos no quieren a Liliana. Ayer en la tarde Roberto estaba en un costado del pozo llorando desconsolado y Liliana en la casa de su madre, en el barrio Cabín 9, al oeste de Rosario, también destruida y con miedo, con mucho miedo.
Testimonios. “Nosotros desconfiamos de ella. El padre se desvive por los chicos. Pero ella tiene amigas malas. Nunca trabajó y esto no es raro. Con la criatura hizo algo. Al nene más grande, si no hubiera sido por el tío o los vecinos, ese chico no cuenta el cuento; ella es de pegarles mucho a los pibes, es feo”, lo dijo Coqui, una chica del barrio, del caserío mísero. Lo expresó con bronca.
Para los vecinos, el padre de los chicos es “bueno” y los domingos se los llevaba para pasar el fin de semana. Roberto trabaja en una cerealera acarreando bolsas. “Quiere a sus hijos”, dicen. A él no lo cuestionan. Mientras estaba al costado del pozo tenía las manos sobre el rostro y no se dejaba ver. No hablaba: lloraba.
Los investigadores tienen varias versiones: la más fuerte es que al chico lo vendió alguien del entorno familiar para que cambie su destino de casas de chapas. La madre lo niega. Con desesperación lo niega.
Descargo. “Yo no sé por qué dicen esto. mi bebé no está. No lo vendí y lo único que quiero es tenerlo, que me lo devuelvan. A las 3 de la mañana escuché ruidos. Me dormí y al rato me desperté, me di vuelta y mi bebé no estaba más”, llora, y no para de llorar.
“No sé por qué dicen que lo vendí, señor, no le pegué en la cabeza ni nada. Alguien que lo conoce se lo llevó. A mí me encanta ser mamá. Cómo voy a matar a mi hijo y mucho menos venderlo. Nadie me vio que yo maté a mi hijo, que yo lo enterré, no sé por qué hablan si no saben”. Para la mujer el caso está cerrado; ella no sabe quién se lo llevó, no dice que esté muerto, ni lo piensa. “Yo me siento mal, siempre trabajé, vendí ropa y así mantuve a mis hijos”.
Liliana tiene otros hijos, Milagros, Daniel y Florencia. Los tres llevan su apellido, no el de Roberto. “Es la primera vez que me desaparece un hijo. Mi marido me dijo muchas veces que yo me fuera. Para mí es obra de ella, de una que conoce a mi bebé”. No aventura nombres, pero habla en femenino.
Después contará que su ex marido vive con otra mujer, que ella lo echó por eso. Dirá que diez horas después de que Axel desapareciera Roberto le pidió la partida de nacimiento del niño y el documento; ella le dio una fotocopia del DNI. “Roberto me decía que yo no sabía tener a mis hijos, siempre me lo dijo”.
Indicios. Liliana no acusa directamente a nadie, deja indicios. “Había huellas de bicicleta. Axel tenía un sueño liviano, lo llevó uno que sabía abrir la puerta. No se iba con nadie. En la casa de la abuela no está. Esa persona conoce a mi hijo y Axel la conoce. Acá en el barrio muchos jugaban con él, Mabel, la flaca, mi única amiga es Paola”, dice una y otra vez. Y se quiebra.
Una vez se separaron. Roberto la echó de su casa y ella no vio por 20 días a sus hijos. “Allá va la loca de tu madre”, les decía Roberto a sus pequeños cuando Liliana pasaba por la puerta.
Crianza. “Mis hijos van a la escuela y llevan mi apellido. El nunca estuvo cuando tuve familia. El fuma cigarrillos pero no toma, y trabaja mucho. Entra a las 6 de la mañana y sale a las 11 de la noche”, dice sin pasión la mujer.
Liliana ahora no trabaja. Vendió ropa y juntó cereal del costado de las vías para vender a las chancherías. “Ahora me ocupaba de Axel, que es epiléptico”.
El caso es raro, es una suma de miserias, malos entendidos, dimes y diretes. Alguien tiene a Axel o en algún lado está. No lo dan por muerto. Lo lloran.
Al cierre de esta edición vecinos, bomberos y policías buscaban al nene de 18 meses en un pozo a 50 metros de donde vive. Se encontraron pelos, pero no eran humanos. Hoy seguirán en la búsqueda y se ahondará en la investigación.
Los vecinos no quieren a Liliana. Ayer en la tarde Roberto estaba en un costado del pozo llorando desconsolado y Liliana en la casa de su madre, en el barrio Cabín 9, al oeste de Rosario, también destruida y con miedo, con mucho miedo.
Testimonios. “Nosotros desconfiamos de ella. El padre se desvive por los chicos. Pero ella tiene amigas malas. Nunca trabajó y esto no es raro. Con la criatura hizo algo. Al nene más grande, si no hubiera sido por el tío o los vecinos, ese chico no cuenta el cuento; ella es de pegarles mucho a los pibes, es feo”, lo dijo Coqui, una chica del barrio, del caserío mísero. Lo expresó con bronca.
Para los vecinos, el padre de los chicos es “bueno” y los domingos se los llevaba para pasar el fin de semana. Roberto trabaja en una cerealera acarreando bolsas. “Quiere a sus hijos”, dicen. A él no lo cuestionan. Mientras estaba al costado del pozo tenía las manos sobre el rostro y no se dejaba ver. No hablaba: lloraba.
Los investigadores tienen varias versiones: la más fuerte es que al chico lo vendió alguien del entorno familiar para que cambie su destino de casas de chapas. La madre lo niega. Con desesperación lo niega.
Descargo. “Yo no sé por qué dicen esto. mi bebé no está. No lo vendí y lo único que quiero es tenerlo, que me lo devuelvan. A las 3 de la mañana escuché ruidos. Me dormí y al rato me desperté, me di vuelta y mi bebé no estaba más”, llora, y no para de llorar.
“No sé por qué dicen que lo vendí, señor, no le pegué en la cabeza ni nada. Alguien que lo conoce se lo llevó. A mí me encanta ser mamá. Cómo voy a matar a mi hijo y mucho menos venderlo. Nadie me vio que yo maté a mi hijo, que yo lo enterré, no sé por qué hablan si no saben”. Para la mujer el caso está cerrado; ella no sabe quién se lo llevó, no dice que esté muerto, ni lo piensa. “Yo me siento mal, siempre trabajé, vendí ropa y así mantuve a mis hijos”.
Liliana tiene otros hijos, Milagros, Daniel y Florencia. Los tres llevan su apellido, no el de Roberto. “Es la primera vez que me desaparece un hijo. Mi marido me dijo muchas veces que yo me fuera. Para mí es obra de ella, de una que conoce a mi bebé”. No aventura nombres, pero habla en femenino.
Después contará que su ex marido vive con otra mujer, que ella lo echó por eso. Dirá que diez horas después de que Axel desapareciera Roberto le pidió la partida de nacimiento del niño y el documento; ella le dio una fotocopia del DNI. “Roberto me decía que yo no sabía tener a mis hijos, siempre me lo dijo”.
Indicios. Liliana no acusa directamente a nadie, deja indicios. “Había huellas de bicicleta. Axel tenía un sueño liviano, lo llevó uno que sabía abrir la puerta. No se iba con nadie. En la casa de la abuela no está. Esa persona conoce a mi hijo y Axel la conoce. Acá en el barrio muchos jugaban con él, Mabel, la flaca, mi única amiga es Paola”, dice una y otra vez. Y se quiebra.
Una vez se separaron. Roberto la echó de su casa y ella no vio por 20 días a sus hijos. “Allá va la loca de tu madre”, les decía Roberto a sus pequeños cuando Liliana pasaba por la puerta.
Crianza. “Mis hijos van a la escuela y llevan mi apellido. El nunca estuvo cuando tuve familia. El fuma cigarrillos pero no toma, y trabaja mucho. Entra a las 6 de la mañana y sale a las 11 de la noche”, dice sin pasión la mujer.
Liliana ahora no trabaja. Vendió ropa y juntó cereal del costado de las vías para vender a las chancherías. “Ahora me ocupaba de Axel, que es epiléptico”.
El caso es raro, es una suma de miserias, malos entendidos, dimes y diretes. Alguien tiene a Axel o en algún lado está. No lo dan por muerto. Lo lloran.