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Vecinos de Oliveros, sin luz ni agua e incomunicados por la crecida del Carcarañá

También hay una mujer embarazada. Viven en la zona conocida como zona rural de Oliveros. El río estaba desbordado y que no se conocía la suerte de la única canoa que usan para cruzar.

Martes 11 de Agosto de 2015

Una familia y varios vecinos están incomunicados por la crecida del Carcarañá. Viven en la zona conocida como zona rural de Oliveros, por ubicarse bien frente a esta localidad, del otro lado del río. “Están sin agua, sin luz y el río ayer estaba a unos 25 metros de la casa", contó Mari Romero, de 64 años a La Capital. Mari es la abuela de Alexis, el adolescente de 15 años cuya historia se conoció por este medio hace poco más de un mes, porque debió dejar sus estudios para ayudar a su familia. Compartió la crudeza de tener que cruzar a diario el caudaloso río en una canoa precaria, tirando de una soga. El único puente de la zona pertenece a un predio privado y les prohibe el cruce a estas personas. La abuela asegura que “la comuna ni nadie se ha ido a preguntar por lo menos cómo están".
 
Mari Romero también vive de ese lado de la orilla, que en los papeles pertenece a Timbúes, pero que se localiza a una poca distancia de Oliveros. Trabaja en esta localidad y la nueva crecida la encontró del lado seguro. Desesperada por la situación de su familia, de la suerte que pueden correr su familia y sus vecinos, los pocos que quedan de ese lado. Contó que ayer se comunicó con su hijo, quien estaba más que angustiado porque “el río ya estaba a unos 25 metros de la casa”. “Toda mi familia, está del otro lado y eso es lo que más me preocupa porque yo estoy acá (en la localidad de Oliveros) y para colmo de todo por el puente que hay no nos dejan pasar”, se lamentó en referencia a la prohibición de cruzar por el único puente que hay en el lugar y que pertenece al Country y club de golf Campo Timbó. Un predio privado ubicado en la zona pero que no permite el paso de quienes no pertenecen a ese lugar.
 
La desesperación de Mari es más que comprensible, si se sabe además que su nuera está embarazada con fecha probable de parto para el 27 de agosto. “Usted se puede dar cuenta que si por esas remotas casualidades, el diablo mete la cola, hasta que la ayuda llegue puede pasar cualquier cosa”. Llegar hasta el lugar donde habitan estas familias muy humildes por el lado de Timbués demanda una rodeo de mucho tiempo, “en moto son unas dos horas”, agregó la abuela.
 
Mari Romero describió que hasta ayer el río estaba desbordado, y que no se conocía la suerte de la única canoa que disponen para cruzar de un margen al otro. Una canoa más que precaria, de plástico, que estaban usando hasta entonces. “Es probable que se la haya llevado el agua”, dijo y recordó el pedido de que alguien se solidarice y les done una con motor, “aunque sea de segunda mano, pero que sirva para cruzar seguros”. Hace poco le donaron un motor usado pero que no sirve para la canoa de plástico que tenían.
 
“Acá nos podemos morir tranquilos, que le puedo asegurar que no pasa nada. Ni siquiera se acercaron a preguntar si necesitamos algo, eso es lo que más bronca me da”, respondió la abuela de Alexis al ser consultada si había recibido alguna ayuda de parte de la comuna de Oliveros.
 
Además de Alexis, que debió dejar la secundaria por las condiciones de vida en la que vive, al igual que sus hermanos mayores, del otro lado del Carcarañá hay otros niños pequeños, entre ellos dos que asisten al jardín y a la primaria de Oliveros, que dada la situación no están asistiendo.
 
El único puente que había en el lugar se lo llevó una de las crecientes del Carcarañá en 1979, desde entonces nunca más se levantó un cruce digno en el lugar.
 
 
 

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