Una invención que recorrió el mundo

Miércoles 27 de Agosto de 2008

En esta localidad vivió desde los ocho y hasta los 19 años, José Mario Fallótico, quien en la década del 30 y durante su permanencia en Buenos Aires inventó el bastón blanco para ciegos. Una sencilla pero trascendental idea que se anota dentro del compendio de las grandes creaciones argentinas.

  En la tarde del 22 de junio de 1931, Fallótico se disponía a cruzar la avenida Rivadavia en su intersección con Medrano en la Capital Federal, cuando advirtió que un hombre permanecía desconcertado en el centro de la calle más larga del mundo. Impedido por su ceguera no se atrevía a terminar de cruzar, pero tampoco a retornar hacia la acera que había dejado atrás hacía diez minutos.

  Fallótico ayudó al no vidente, Miguel Fidel, a trasponer la avenida y le pidió sus datos. "Déjeme su dirección. Mañana recibirá algo que, en lo sucesivo, le evitará estos plantones en la calle", le dijo. Había nacido la idea de pintar un bastón y convertirlo en un objeto que individualice instantáneamente al ciego. Al día siguiente, Fidel recibió el primer bastón blanco y por la tarde, Fallótico llevó la idea de popularizar el invento al entonces director de la Biblioteca Argentina para Ciegos, Agustín Rebuffo.

  Posteriormente, numerosos visitantes llevarían la idea a otros países y esta se popularizaría a nivel mundial. Entre sus promotores figura el tenor y médico patólogo mexicano Alfonso Ortiz Tirado, quien volvió con la idea a su país, donde impuso a las autoridades sobre la novedad argentina y pidió que se estableciera su obligatoriedad.