Una Cristina encendida desafió al FMI, hizo vibrar a la multitud y renovó el contrato electoral con Alberto y los votantes del FdT
Alberto, Cristina, Lula y Pepe Mujica celebraron los 38 años del retorno de la democracia y el día internacional por los Derechos Humanos en la Plaza de Mayo

Viernes 10 de Diciembre de 2021

La Plaza, otra vez la Plaza. Cristina, Alberto y una multitud que se contó de a miles y superó largamente las tres cifras, volvieron a hacerlo. En ese territorio mítico de la Argentina, el de las grandes hazañas, aunque también escenario de frustraciones nacionales, la Plaza de Mayo, Cristina Kirchner y Alberto Fernández ratificaron su matrimonio político y prometieron un nuevo tiempo de felicidad para el castigado pueblo argentino. A dos años del triunfo electoral de 2019, y en medio de la tensión política que genera el condicionamiento de la deuda externa con el FMI, el kirchnerismo se reencontró festivo, celebratorio, y desafiante ante la adversidad: la líder del movimiento nacional más importante de los últimos 50 años se mostró intacta, “intratable” en términos futboleros. Bailó, arengó, habló como un volcán y sin perder precisión durante 28 minutos, y le dejó servido “el pase” al presidente, que gritó promesas muy concretas. “El contrato electoral del 2019 sigue vigente, en 2022 me comprometo a que los ingresos de los argentinos van a mejorar, y no firmaré un acuerdo con el FMI que perjudique al pueblo”, dijo Alberto Fernández.

“Si el FMI me suelta la mano, que tomaré de la mano del pueblo”, sentenció, luego, con dramatismo.

“Para grandes adversidades, grandes acciones”, había advertido previamente Cristina. ¿Tomará Alberto grandes y sorpresivas determinaciones?, o ¿apostará a la mejora progresiva – teoría del “derrame”- que nunca llega a la base de la pirámide social, aun cuando la economía nacional crece con fuerza?

La presencia de Lula Da Silva, y de Pepe Mujica, sobre un escenario de no menos de 100 metros cuadrados, a cuatro metros de altura, colocado dentro del área misma que circunscribe la reja que delimita la Casa Rosada, otorgaron ese aroma de resurgimiento de la perspectiva de la “patria grande” latinoamericana, el marco ideológico nacional popular, progresista, y de la izquierda democrática del continente, que supo tener su hegemonía durante la primera década del siglo, que luego se fue desarticulando con derrotas electorales, pero que ahora podría reencontrar su nuevo momento histórico. El de la post pandemia, y el renovado crecimiento económico.

Luego de dos años de frustraciones por la inmovilidad obligada por la pandemia y por errores e insuficiencias en la gestión, el FdT pagó con la derrota electoral profunda en las Paso, tuvo un atisbo de reacción en las generales, y ahora estableció una renovada épica para salir dar la pelea frontal en los dos años que le quedan, y construir un nuevo triunfo. Si tendrá o no la jerarquía y la templanza necesarias para conseguirlo, está por verse. Con Cristina encendida, y la economía creciendo 10 por ciento anual, sería suicida para la oposición adjudicarse un triunfo anticipado en 2023.

Como en las grandes jornadas del kirchnerismo, la plaza desbordó y no sólo en términos numéricos. El diálogo de la líder con sus seguidos se mostró renovado. La dinámica de poder para el frente gobernante se debilitó en los últimos dos años, pero todo indica, está de vuelta. “Pueden cambiar los dirigentes, pero el pueblo siempre se termina imponiendo”, sintetizó CFK. Hay una posibilidad de retorno del vínculo popular mayoritario del peronismo con su representación política, eso que se desvaneció en las últimas elecciones. Pero no está escrita esa historia por venir, ni siquiera tiene un diseño claro. Hay, sí, un plexo conceptual, que la líder fundadora del kirchnerismo volvió a expresar con precisión, y acompañada de sus pares de Brasil y Uruguay.

Con un jean azul bastante ceñido, camisola blanca, y zapatos de verano multicolores con plataforma que le aumentaban no menos de ocho centímetros su altura, Cristina se adueño de la escena del primer minuto, hasta el final. Fue la figura de la cancha por varios cuerpos: la militancia la celebró como pocas veces. Expresiva, desbordante de entusiasmo, Cristina pareció convencida de estar protagonizando un nuevo momento fundacional de su movimiento político.

El FdT perdió las elecciones con Juntos por el Cambio, un sector de derecha radical negacionista del terrorismo de Estado consiguió una expresión electoral considerable, no consigue mejorar de manera rotunda las condiciones de vida de su núcleo votante principal, y enfrenta el incierto acuerdo por la deuda con el FMI. Aun así, ¿se está gestando un resurgimiento, tal cual sugiere CFK, con nuevas generaciones y las ideas históricas del movimiento nacional popular del siglo XX y retomó el kirchnerismo en el siglo XXI? “Aunque a muchos les moleste, fuimos nosotros los peronistas, los que duplicamos la clase media en la Argentina, no fueron otros”, desafió la líder en un acto que diseñó, protagonizó y disfrutó desde el primero hasta el último minuto que estuvo sobre el escenario.

El presidente, interpelado por la tormenta de confianza y convicciones de su vice, estuvo a la altura y pronuncio promesas precisas, que lo dejan sin retorno, y sin margen de ambigüedad: no habrá margen para ajuste económico, ni para crecimiento sin inclusión y crecimiento social.

El desafío para el oficialismo es gigante, y el final, abierto.