Martes 06 de Noviembre de 2012
Fieles al concepto de embellecer el espacio que ocupan, los jacarandás deleitan a los rosarinos, en esta época del año, con una espectacular y densa floración azul violácea. Su colorido le da un marco espectacular a las calles, a las veredas de la ciudad, cuando sus flores caen al piso.
Los jacarandás dan flores dos veces al año. La floración de estos meses es muy llamativa porque las copas son todo flor, en cambio, la que se da en febrero y marzo pasa más inadvertida porque las flores aparecen escondidas en medio del follaje.
El jacarandá o “tarco”, como lo llaman en Salta, es originario de Sudamérica subtropical y del noroeste de la Argentina. Si bien Rosario no es su zona natural, estos árboles se han adaptado perfectamente a las condiciones climáticas y a las exigencias que impone la vida urbana de la ciudad.
Por experiencia personal puedo asegurar que es muy fácil reproducirlos de semilla. Los frutos, que se parecen a las castañuelas, se tornan marrones cuando están maduros e indican el momento justo para recolectar las semillas que contienen. El paso siguiente es sembrarlas en cualquier sustrato suelto, preferentemente un poco arenoso, sin enterrarlas mucho. El momento ideal para hacerlo es en primavera, ya que es una especie muy sensible a las heladas.
Un dato curioso que vale la pena recordar es que 1942 el jacarandá perdió frente al ceibo en la votación por la designación de la flor nacional argentina. A pesar de no obtener ese título, el jacarandá fue elegido como árbol para engalanar muchas de las calles, avenidas, parques y plazas de las principales del país, entre ellas Rosario. Su forma y colores le dan a la ciudad belleza e identidad.
Laura del Valle Acosta es paisajista, autora de los fascículos Guía de Plantas que se edita con el diario La Capital.