Turismo

Viajar solo está de moda

Un relato personal sobre la aventura de recorrer el mundo sin compañía.

Domingo 03 de Junio de 2018

Los tiempos han cambiado. Aunque pensándolo bien, los que hemos cambiado hemos sido nosotros. El estilo de vida que llevaban nuestros abuelos parece haber quedado en el tiempo, o al menos eso pasa con los míos. Hoy me resulta difícil imaginar el pasaporte de mi abuela lleno de sellos. Tampoco me la imagino cargando una mochila de 10 kilos a los 23 años e irse a la aventura como lo hice yo (y otros tantos). Hemos cambiado, no hay dudas. Sobre todo la mujer. Hoy en día, el rol de la mujer parece cambiado, renovado. Como si alguien haya hecho un click en el botón de "actualizar". Hoy en día, se muestra más osada, más libre, más atrevida.

Un 4 de noviembre de 2006 mi vida cambió por completo. Decidí dejar mi Buenos Aires querido y mudarme a la verde Dublín. "Pensé que iba a volver", eso le dije a mi mamá un par de años atrás. Pero después de casi 12 años sigo en el mismo lugar o viajando por ahí. La gente a veces me pregunta el por qué. Yo siempre doy el mismo ejemplo: "Toda la vida tomando el helado de vainilla?y ahora me dieron de probar el de dulce de leche". No lo cambio por nada. Ya no puedo volver atrás.

Me resulta difícil imaginar cómo sería mi vida sin viajar, sin explorar, sin aprender de otros o de culturas tan lejanas pero a la vez tan cercanas. El mundo es grande. Si lo sabré. Ya sumé 40 países en mi lista. Y aún siento que no he visto nada.

Me encanta viajar acompañada pero también disfruto mucho de viajar sola. Hoy en día son muchas las personas que cada año se animan a viajar solas con una mochila y una guía de viajes, sin la compañía de nadie. O sea, sería como viajar conmigo misma. Yo los llamo curiosos, aventureros. Otros los llaman locos, irresponsables. Esto queda a criterio de cada uno. Viajar solo puede tener muchos significados y beneficios. Para mí, representa más que una gran aventura, es una oportunidad única para conocerse y para superar nuestros propios límites y miedos

La gente a veces me pide que defina mi concepto de viajar sola. Yo lo defino como "magia". Para mí, viajar sola, es ir a lo desconocido, a otra dimensión, no es irse de vacaciones. Es no saber con lo que me voy a encontrar en mi destino, es ver, es conocer, es admirar, es sabiduría. Es darse cuenta de que hay otros países, otros mundos, otras culturas, otros pueblos. Es aprender sin darnos cuenta. Es aprender a sobrevivir en tierras extrañas. Viajar te hace más sensible y valorar aún más la vida que uno tiene. Recorrer ciudades y darme cuenta de que hay niños que todas más mañanas tienen que caminar kilómetros para llevar agua potable a sus hogares me hace reflexionar. Por eso, si pueden, viajen. Pero no para ser mejores personas, sino porque viajar hace bien. Viajar sana el alma. Viajando te das cuenta de lo afortunado que sos.

Después de cada viaje llegan las anécdotas. Esta parte también la disfruto mucho. Podría escribir un libro. Las anécdotas viajeras son para mí una colección de aventuras que guardo en mi memoria, son imborrables y quedarán por siempre. Y aunque parezcan lejanas, están siempre cerca. ¿Por qué? Porque cuando veo una gallina me acuerdo del tren nocturno que salió desde El Cairo con destino a Luxor. Eran las 21 de un 16 de noviembre de 2017 y estaba sentada en el asiento 19 mirando por la ventada tratando de imaginarme como sería mi nuevo destino. El tren estaba programado para salir a las 21.05 pero eran las 21.10 y aún seguía subiendo gente? o mejor dicho gallinas. El viaje duró 12 horas y por un momento dudé si estaba en el vagón de un tren o en un zoológico. Me pasa lo mismo cuando veo a un mono? ¿quién iba a pensar que un mono flacucho iba a intentar robarme la billetera en plena isla desierta en Tailandia? En fin, la lista es larga.

Por todo esto y mucho más, amo viajar. No lo puedo evitar. Siempre busco una excusa para escaparme. Siempre que viajo trato de pasar desapercibida en nuevas tierras. A veces me resulta difícil. Me gusta hablar con los locales y conocer más de sus costumbres. Nunca me gustó viajar con la cámara colgada en el cuello y un mapa. Prefiero perderme en el destino elegido, no sé, prefiero que la ciudad y su gente me sorprendan. Lo único que sé, es que yo soy viajera, soy ciudadana del mundo y no turista.

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