Cuba

Todo está como era entonces

A tres meses del paso del huracán Irma por la isla caribeña, las playas, la hotelería y los principales destinos turísticos del archipiélago lucen renovados y recuperados

Domingo 24 de Diciembre de 2017

Enviado Especial.- "Lo peor ya pasó". "Estamos otra vez de pie". En cada rincón de la isla se escucha esta respuesta casi en tono de arenga. A tres meses del paso del huracán Irma por Cuba, que dejó 10 muertos y cuantiosos daños materiales, las playas, la hotelería y los principales destinos turísticos del paradisíaco archipiélago lucen renovados y recuperados.

Noventa días después del fenómeno metereológico, los cubanos ya están listos para volver a recibir a miles de argentinos que año a año eligen sus 300 balnearios de arena blanca y aguas turquesas y cristalinas para descansar en sus paisajes de película. Y además conocer los 500 años de historia de un pueblo único, con pasado y presente atrapante en cada rincón del país, y un futuro con final abierto que atrae la atención del planeta.

El plan de viaje a Cuba debe incluir un equilibrado mix entre relax e historia. Entre sus playas naturales exuberantes, para muchos las mejores del Caribe, su hotelería de altísimo nivel y sus museos y parajes históricos. Pero además Cuba obliga a conversar con los cubanos. Con su gente. En cada rinconcito del casco histórico de La Habana, en el pintoresco Malecón, en sus callecitas empedradas, en La Bodeguita del Medio, entre mojito y mojito.

También se habla del pasado, presente y futuro cubano en el interior profundo, en Santa Clara, donde el rosarino Ernesto Che Guevara encabezó una batalla decisiva para el triunfo de la Revolución y allí descansan sus restos y los de Fidel Castro.

La charla es también intensa aunque tiene otros matices en las playas de Varadero, en cada uno de los Cayos que abruman con su belleza natural incomensurable. Se habla de todo. De política, de la Revolución, del bloqueo norteamericano, de la continuidad del modelo comunista en pleno siglo XX en medio de la explosión de las nuevas tecnologías, de las faltas de libertades, del consumo de bienes y servicios, de los problemas económicos, energéticos y estructurales de la isla.

Se escucha música en cada rincón de Cuba. Se baila. Contagian alegría sus pasos, sus melodías pegadizas, sus ritmos caribeños. En cada esquina se respira aroma a carnaval.

El huracán Irma azotó a Cuba a comienzos de septiembre con vientos de hasta 256 kilómetros por hora que afectaron seriamente el centro de la isla. En La Habana se registraron vientos de hasta 150 kilómetros con una marejada (el nivel del mar impulsado por la fuerza del huracán) sin precedentes que inundó partes de la capital.

Una de las zonas más afectadas fue la cayería del norte, donde se concentran los cayos más visitados por los turistas. El viento ahí pegó con fuerza, dañó estructuras hoteleras, rutas y caminos.


Cayo Santa María

Pero lo peor ya quedó atrás, y el Cayo Santa María es un sobrado ejemplo. Sus 16 kilómetros de largo y apenas dos de ancho a los que se arriba a través de un pedraplén construido sobre el mar fue declarado por la Unesco como reserva natural por su alta biodiversidad, con numerosas especies de singular belleza.

Lo que más impacta es el color del mar, sus tonalidades y transparencia. De acuerdo al día y la hora, la fuerza del sol y la presencia de nubes, las aguas toman colores tan disímiles como impactantes. Del celeste claro, al verde, pasando por un furioso turquesa que cautiva.

El Cayo posee enormes complejos hoteleros de las principales cadenas europeas con la modalidad “all inclusive”, todo incluido para no salir del complejo salvo para alguna excursión o para hacer unas típicas compras. Los hoteles tienen tarifas variadas, según la época del año, la cantidad de pasajeros que se hospedan y los días de alojamiento, además de la categoría del lugar. Los valores varían entre los 100 y 200 dólares por persona por noche.

Los complejos cuentan, como en todo el Caribe, con enormes piletas, restaurantes y buffets a metros de la inmensidad del mar. En el medio la arena fina, blanca que invita a tomar sol o descansar debajo de una refrescante palmera.

A minutos de los hoteles se llega en micro al delfinario del Cayo. La excursión incluye una inolvidable travesía por el océano en barco, donde se impone el snorkel para nadar entre peces y corales. Al regresar, el almuerzo en la bahía y el show de los delfines, para disfrutar desde la tribuna y luego en el muelle, donde nadie se pierde la imperdible foto jugando con los simpáticos mamíferos.

A la tardecita se impone recorrer Pueblo Estrella, una réplica de un típico pueblo cubano levantado de manera artificial en el Cayo para hacer compras, disfrutar de espectáculos y comer sus comidas más ancestrales, en medio de bailes y ritmos tropicales.


Varadero

El otro punto imperdible es Varadero, a sólo 130 kilómetros de La Habana. Tiene unos 30 kilómetros de extensión, de los cuales 22 son de playas majestuosas. Menos virgen que los Cayos, con mercados de artesanías y bares céntricos que invitan a recorrerlos, Varadero atrae a jugadores de golf de todo el mundo a sus periódicos eventos y a los amantes del buceo.

Un punto de recorrida obligada en Varadero es la imponente casa Dupont. Perteneció al multimillonario estadounidense originario de Francia, Alfred Irenee Dupont, reconocido químico que ganó fama y fortuna por descubrir fibras plásticas como el nylon. Construir la mansión costó más de un millón de dólares y concluyó el 30 de diciembre de 1930. A mediados de los 60 fue expropiada por el gobierno cubano y es un emblema turístico del balneario.

Para su edificación Dupont hizo traer desde Santiago de Cuba las mejores maderas como caoba y ceibo, y los mejores mármoles europeos que le dan un toque elegante en cada metro cuadrado. Hoy es un hotel boutique con una decena de habitaciones, y un restaurante de reconocimiento internacional donde se pueden probar, en un balcón donde se sólo se ve el mar, las mejores langostas de la isla.


La Habana

El camino a La Habana es por la ruta nacional, una ancha autopista donde abundan los autos antiguos, las bicicletas e incluso mucha gente a pie en una carretera que muestra el inequívoco paso del tiempo. A unos 250 kilómetros de la capital se encuentra Santa Clara, parada obligada para recorrer el mausoleo del Che. Esta edificación se construyó en los años 80 como memorial, recordando la decisiva victoria del rosarino. Hace 20 años, los del Che fueron finalmente hallados en Bolivia y trasladados a Cuba, donde descansan sus restos junto a los compañeros que combatieron a la dictadura de Fulgencio Batista.

Debajo de una impactante estatua de José de Lázaro Bencomo, con la famosa inscripción “Hasta la Victoria siempre”, se puede recorrer un museo lleno de efectos personales del Che: ropa, cartas, diarios, fotos, diplomas y elementos médicos que usó uno de los rosarinos más famosos hasta antes de morir.

La llegada a La Habana, donde habitan más de dos millones de los once que viven en toda la isla, ya es otro paisaje. Los autos transportan al turista más de 50 años atrás. De distintos colores extravagantes, rosas, verde, los rodados de origen ruso y norteamericano circulan a baja velocidad por las avenidas y callecitas internas de la capital. Abundan los almendrones, coches de los años 30 y 40, la mayoría de origen americano. Más de medio siglo después de su época de esplendor, esos Cadillac, Chevrolet o Pontiac siguen rodando por las carreteras de la isla.

Hace tres años La Habana cumplió 495 de su fundación. Años antes, en 1987, su casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, una zona imperdible, para recorrer de punta a punta a lo largo de su restaurado empedrado y edificios en plena refacción.

El paseo por el casco histórico incluye, cuando no, música, tragos, anécdotas de los cubanos, réplicas de viejas estructuras de siglos atrás y muy atractivos locales para comprar puros, ron, artesanías, ropa y cuadros, y literatura cubana. La ciudad tiene más de 900 monumentos históricos, incluyendo el Palacio Presidencial, la plaza de la Catedral y la sede del Capitolio, verdaderas joyas arquitectónicas.

El paisaje urbano de La Habana tiene enormes contrastes. Mientras el casco histórico luce en plena refacción, con fondos públicos asignados para preservar y recuperar ese patrimonio arquitectónico, el resto de la ciudad atraviesa severos problemas estructurales, con edificaciones en serio riesgo de derrumbe por la falta de conservación, el paso del tiempo y el impacto del huracán Irna.

Igual, caminar por la costanera, por el Malecón habanero no tiene precio. Son unos ocho kilómetros que bordean el mar y una amplia avenida de seis carriles. Allí los cubanos se juntan a tomar ron, a bailar, cantar y hasta jugar al dominó.

Otro punto imperdible por La Habana es el hotel El Nacional. Un imponente edificio con más de 450 habitaciones levantado hace 85 años en pleno centro habanero sobre una colina situada a pocos metros del mar. En sus salones, en los pasillos, en los ascensores se pueden ver recuerdos de los centenares de celebridades de las artes, las ciencias y la política que pararon en el hotel, desde Winston Churchill, primer ministro británico, pasando por los artistas Frank Sinatra, Marlon Brandon, Robert Redford, y Robert de Niro. Por la noche, se impone disfrutar de alguno de los tantos espectáculos, rodeado de colores, música, bailes y los mejores tragos cubanos como en Tropicana.


El sentir cubano
Locuaz, instruido, respetuoso y extrovertido, el guía Germán Ortiz aportó durante el viaje datos históricos, referencias imprescindibles y respuestas para todas las preguntas del contingente de prensa, entre ellos La Capital, que recorrió la isla hace unos días. Una tarde, en medio de un largo trecho resumió en una inolvidable anécdota la idiosincracia del cubano medio, sus valores, costumbres, carencias, sueños y sentimientos.
“Un día de verano aquí en Cuba puede hacer cerca de 40 grados durante gran parte de la jornada. El día arranca temprano para levantar a los niños, darles el desayuno y llevarlos a la escuela. Luego el hombre y la mujer de la casa se van a trabajar en un colectivo repleto, con mucho calor, todos transpiradas que circula a paso lento”.
“El padre y la madre pasan seis, ocho, diez horas trabajando, cuando vuelven a casa reciben a los niños. La madre empieza a preparar la comida para los niños en su cocina eléctrica, los hijos empiezan a hacer la tarea y el padre prepara el agua para bañarse. De golpe, el apagón. Y toda la ciudad sin luz”.
“El padre no llegó a bañarse, la madre dejó de cocinar, los niños dejaron de hacer la tarea y hace tanto calor adentro que todos salen a la calle. Allí se encuentran con sus vecinos, quienes uno a uno van ganando la calle e imitan su conducta”.
“Entre los hombres uno trae el dominó y se arma una partida en la calle. Otro recuerda que tenía una botella de ron y la trae. Otro lo imita para no quedar mal. Las botellas se van vaciando y ellos van levantando la voz, mientras sus mujeres se juntan a conversar sobre las novelas brasileñas, y los niños juegan a las escondidas en plena oscuridad”.
“Entre tanto ron, dominó y charlas, aparece uno con una guitarra, se empieza a tocar una salsa, una rumba y de a poco empieza el baile. Todo bajo la luz de las estrellas”. “Hasta que vuelve la luz en plena madrugada. Pero la gente sigue allí, bailando, tomando, jugando. Hasta que de a poco hay que volver al hogar, ordenar las cosas, picar algo al pasar, acostar a los niños y descansar hasta el otro día, que seguro los espera otro día largo, sofocante y con apagón”.
“El pueblo cubano es así, se sobrepone a las adversidades, que las tiene, es solidario, fraterno con el otro. Y vive alegre en su tierra, pese a todo”, cerró Germán. El bus quedó en silencio tras media hora de relato. Un aplauso, entre lágrimas de emoción, coronó su versión del sentir cubano.

Agradecimiento
Agradecimiento especial para Carolina Cicerchia, Relaciones Públicas del Ministerio de Turismo de Cuba para el Cono Sur; operadores del Pool de Cubana de Aviación, y Adriana Gorosito, coordinadora argentina del grupo de Prensa.

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