Turismo

Tierra de navegantes

Uno a uno, los diez rincones más bonitos de Portugal. Un recorrido para no perdérselo por nada del mundo.

Domingo 15 de Octubre de 2017

Alargado y estrecho, formando la cara geográfica de la Península Ibérica, se encuentra Portugal. Patria de navegantes, comerciantes, exploradores y aventureros, la antigua Lusitania ha tenido un peso en la historia inversamente proporcional a sus pequeñas dimensiones. Este legado histórico heredado por tantos de sus pueblos y ciudades, unido a un clima agradable, buena gastronomía a bajos precios, bosques y las bonitas playas de su salvaje costa batida por el Atlántico, hacen de Portugal un lugar perfecto para recorrerlo sin prisas.
   Llevaría semanas desentrañar todos los bellos secretos que oculta Portugal. Por eso, si se dispone de menos tiempo y se quiere ver lo mejor,aquí están los 10 lugares más bonitos de Portugal, esos que no se pueden perder:
Lisboa
   La vieja, melancólica, histórica y bella Lisboa es el mejor punto para comenzar cualquier recorrido por Portugal. Situada en los bancos de la desembocadura del río Tajo en el Atlántico, las colinas que la rodean están cubiertas por vetustas casas que parecen agarrarse a ellas como si les fuera la vida. Subiendo por los estrechos callejones tendrán las mejores vistas de la ciudad.
   Escuchar los tristes fados que emergen de las tabernas del histórico barrio de La Alfama, disfrutar de una buena cena y continuar la fiesta hasta la madrugada en los múltiples locales llenos de vida de Bairro Alto es una buena opción. Luego hay que visitar el Castillo San Jorge, La Baixa (centro de la ciudad), la Plaza del Comercio, y tomar el mítico tranvía 28 para recorrer los barrios más emblemáticos de Lisboa.
   Utilizando el transporte público se puede visitar la Torre de Belén y el Monasterio de los Jerónimos, dos de los lugares más bonitos de la capital. También se pueden pasar varios días en Lisboa y seguramente que quedarán varias cosas por descubrir.
Sintra
A tan sólo media hora de tren de la capital se encuentra un pueblo de cuento. Sintra fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1995. Sus estrechas calles adoquinadas están jalonadas por casas de colores en cuyos bajos encontramos un popurrí de tiendas de souvenires, chocolaterías y restaurantes.
   Se puede comenzaar con la visita al centro del Sintra, donde se erige el Palacio Nacional, del siglo XVI. Desde allí se puede tomar uno de los autobuses que ascienden la colina para visitar los dos monumentos más importantes: el Castelo dos Mouros y el Palacio Da Pena.

El Castelo dos Mouros es una fortaleza construida en el siglo IX por los musulmanes que pasó a manos cristianas en el siglo XII, tras la reconquista del rey Don Alfonso Henriques. Sus muros se asoman a la verde colina, como un vigilante que guarda celoso la verdadera gema de Sintra: el Palacio Da Pena.
   Parecido a un castillo de los cuentos de Disney, el colorido Palacio Da Pena, residencia de los reyes de Portugal durante el XIX, mezcla estilos y posee varios miradores desde donde se pueden obtener unas vistas increíbles con el mar, bosques y otros pueblos en el horizonte.
Madeira
La isla de Madeira, perdida en el Atlántico, es un paraíso natural. Montañas y acantilados tapizados de verde, fuentes naturales, playas y calas solitarias y verdes prados. Hay que añadir a todo eso unos pequeños pueblos pintorescos y una gastronomía basada en el fresco pescado del Atlántico y el visitante quedará atrapado como Robinson Crusoe.
   El recorrido puede comenzar en la capital, Funchal, con los descensos de sus empinadas calles montados en una especie de cesto de mimbre. Se aconseja alquilar un coche y explorar las montañas del interior de la isla, que harán que uno piense que se encuentra en las Highlands escocesas. Después hay que ir a la costa y descansar en las playas escondidas que miran hacia la nada.
Oporto
Si Lisboa tiene un aire decadente y melancólico, Oporto parece haberse quedado anclada en los comienzos del siglo XX. En ello reside gran parte de su gran encanto. Se puede recorrer su centro histórico a pie y llegar a las bellas casas de La Ribeira, donde desemboca el río Duero.
   También se puede descubrir sus puentes y disfrutar de un buen pescado regado con vino verde en los restaurantes de la playa de Matosinhos o, si se es eres un poco friki, tomarse un café en la segunda planta de la famosa librería Lello & Irmo. Considerada una de las tres librerías más bonitas del mundo, dicen que fue allí donde J. K. Rowling, la escritora que creó a Harry Potter y residió 10 años en la ciudad, se inspiró para dar vida al pequeño mago.
Obidos
Las fachadas blancas de las casitas de Obidos relucen al sol cuando el rey cristiano Alfonso Henriques la reconquista de manos árabes para regalársela a su mujer, la reina Isabel. Desde entonces, y hasta finales del XIX, Obidos fue propiedad de los reyes de Portugal.
   La bonita ciudad está amurallada y coronada por una fortaleza de origen musulmán. Entrando por la puerta de Santa María, se puede visitar la iglesia Matriz de Santa Maria y la Capela de So Martinho. Si el visitante es de los que se mueren por el dulce, hay que acercarse a Obidos en marzo, cuando se celebra un festival internacional del chocolate.
Algarve
Sol, playas y mar atraen a turistas del norte de Europa durante todo el año en esta región bendecida con un clima agradable. Pero el Algarve ofrece mucho más que eso. La capital, Faro, sigue pareciendo estancada en el siglo XVIII, y Lagos y Sagres nacieron en tiempos de los romanos.
   Sagres, con su fortaleza del siglo XV y el mítico Cabo de San Vicente, fue el lugar desde el que el gran rey Enrique el Navegante lanzó sus expediciones exploradoras que tanta gloria y riqueza trajeron a la corona portuguesa.
Guimares
Otra de las ciudades portuguesas cuyo centro histórico ha sido declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. El monumento más característico de Guimares es el Castillo Medieval, del siglo X, y el Palacio Ducal, del siglo XV, y que ahora funciona como palacio y museo.
   En Guimares hay que empaparse del ambiente medieval que se respira en la Rua de Santa Maria y hacerse una escapada a la montaña de Penha, donde hay unas vistas inmejorables y se puede elegir entre varias rutas campestres.
Coímbra
   Esta antigua capital de Portugal se encuentra casi a medio camino entre Oporto y Lisboa. Coímbra es conocida por su universidad, donde se imparten clases desde 1290, siendo una de las más antiguas de Europa. Sus estudiantes aún visten las capas negras que los identifican.
   Su toque medieval, con iglesias y calles de aquella época, hacen que sea considerada la ciudad más romántica de Portugal. Sin dudarlo, hay que subir al recinto de la Universidad, desde donde se divisa Coímbra y el río Mondego.
Cascais
Cascais, junto a su vecina Estoril, fue la residencia veraniega de algunas monarquías europeas entre las décadas de los 30 y 50 del siglo pasado. La aristocracia tomó este pequeño puerto del Atlántico, y los casinos, palacios, mansiones y restaurantes caros proliferaron rápidamente.
   Hoy en día su aura de exclusividad ha decaído de manera considerable pero sigue siendo lugar de veraneo de la clase media-alta lusa. Pasear por sus tranquilas calles cercanas al puerto, tomarse un rico helado en la histórica heladería Santini o practicar windsurf y surf en las cercanas playas de su costa Atlántica no tiene precio. Una gran escapada a tan sólo 25 kilómetros de Lisboa.
Evora
Con 2.000 años de antigüedad, Evora muestra una mezcla de culturas y estilos arquitectónicos única en Portugal. Templos romanos, fuentes del Renacimiento, construcciones góticas, y las laberínticas calles de estilo musulmán del distrito de Mouraria, llevan a la plaza de Giraldo, donde tiempo atrás se realizaban ejecuciones públicas y hoy se puede tomar un café en una de las terrazas al aire libre.
   Evora, situada a los pies de la montaña que lleva el mismo nombre, también ofrece interesantes atractivos a los amantes de la naturaleza.


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