Domingo 15 de Enero de 2017
"Si vienen a la Ciudad de México y no visitan Teotihuacán, es como no haber estado en la ciudad". La afirmación de Ester, una guía de turismo, no deja lugar a dudas. Y genera expectativa por conocer la más imponente área arqueológica de México.
Está a casi 40 kilómetros del centro de la ciudad, hacia el norte por la carretera que lleva a Pachuca, por lo que llegar demanda algo más de una hora, tras atravesar el agobiante tráfico de la ciudad. Ese recorrido permite ver en el área metropolitana las coloridas edificaciones en las cimas de los cerros, que guardan cierto parecido con las favelas de Rio de Janeiro.
Antes de arrancar, bien valen algunas recomendaciones. La primera, ir con ropa liviana y un calzado cómodo para caminar y subir y bajar escaleras empinadas. La segunda, es imprescindible llevarse una botella de agua, y elementos para protegerse del sol, como una gorrita y protector solar, porque es una zona cálida.
Declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad, poco se conoce aún de este sitio, que, con una extensión de unos 20 kilómetros cuadrados y alrededor de 150 mil habitantes, llegó a ser una de las ciudades más grandes de Mesoamérica en la época prehispánica (150 aC - 700 dC), pero que aún resulta un misterio el motivo por el cual fue abandonada.
Varias hipótesis se barajan sobre Teotihuacán (es una voz azteca que significa "Ciudad de Dioses" o "lugar donde los hombres se convierten en dioses"). "La más verosímil es la falta de agua o algún cambio climático que hizo muy difícil la vida", cuenta la guía, quien estima que, como la construcción de las pirámides y los edificios necesitaban mucha madera, "al talar los bosques de los cerros vecinos el valle se volvió muy seco".
"En un sector hay evidencias de incendio, lo que hace pensar que pudo haber habido algún motín contra los dirigentes, quizás provocado por la escasez de agua y la falta de comida", detalla.
Ni bien se ingresa por la puerta 1, se vislumbra una explanada rodeada por construcciones de piedra con un callejón central (denominada "Calle de los muertos") y, al fondo, la pirámide trunca de la Serpiente Emplumada (o Templo de Quetzalcóatlo).
Ahí es donde se han hecho las últimas investigaciones arqueológicas, en las que encontraron un sistema de túneles bajo el templo que permanecía cerrado desde hace más de 1800 años. Algunos plantean que allí podría haber restos de los antiguos gobernantes de Teotihuacán, o indicios que darían más luz sobre su origen. Este es uno de los aspectos distintivos que tiene este lugar que, a diferencia de otros sitios arqueológicos, aún se sigue estudiando.
Lo más impactante queda para el final, donde se visitan el templo de Tláloc, los palacios de Quetzalmariposa y de los Jaguares, donde se pueden ver los frisos y murales (muchos fueron restaurados). Una de las cosas que llama la atención es el ingenioso sistema de canalización subterráneo que tenían para evitar inundaciones y que, a la vez, les permitía llenar los pozos de agua luego de cada lluvia. En rigor, es similar a la actualidad, pero al ser construidos hace casi dos mil años marca lo avanzada de esa civilización.
La visita concluye con las grandes atracciones de Teotihuacán: la Pirámide del Sol, con 63 metros de altura y de aproximadamente 225 metros por lado; y la Pirámide de la Luna, con 45 metros.
Si no tiene vértigo, se puede subir a las dos. Se pueden hacer por tramos e ir descansando, sobre todo porque está a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. La menos exigente es la pirámide de la Luna (tiene 70 escalones, porque tiene un tramo cerrado), cuya vista es espectacular: la Calle de los Muertos, la pirámide del Sol y el valle de fondo arman una imagen que parece sacada de un cuadro.
Tras tomar los recaudos para subir y bajar los escalones de la Luna, los más osados se animan a la del Sol, que tiene alrededor de 250 escalones, algunos tan empinados y estrechos que casi no entra el pie. Pero aún así la subida está lejos de ser una quimera.
Una vez arriba, además de tener una panorámica espectacular, se siente la energía que sobrevuela el lugar y dan ganas de quedarse mucho tiempo. Es por eso que hay tanta gente con las manos arriba, como tratando de absorber esa buena energía. Bajar asoma como una tarea compleja, pero haciéndolo con cuidado, el descenso no genera ningún riesgo.
La Basílica de Guadalupe
De vuelta en la Ciudad de México, es imprescindible visitar lo que está considerado como el mayor templo de fe católica de América y el segundo del mundo, después de la Basílica de San Pedro en el Vaticano: la Basílica de Guadalupe. Recibe a aproximadamente unas 20 millones de personas al año, pero unos nueve millones llegan para el 12 de diciembre que es cuando se conmemora la aparición de la Virgen morena al indio Juan Diego —canonizado como santo—.
Este santuario está ubicado en el cerro del Tepeyac, al norte de la ciudad. Ahí fue donde el 9 de diciembre de 1531 la Virgen se le apareció por primera vez a Juan Diego. El era un indígena que iba caminando cuando vio a una señora orando, quien le dijo que le pidiera al obispo español construir un templo para ella en ese lugar. El obispo la primera vez no lo tomó muy en cuenta.
Al día siguiente la escena se repitió. Y al ir nuevamente a visitar al obispo, este le pidió que le trajera una prueba. Juan Diego volvió al cerro el 12 de diciembre y le comentó a la mujer lo que había pasado. La Virgen, entonces, le pidió al indígena que corte unas rosas en la cumbre del cerro y se las lleve al obispo, pues eso sería señal de una proeza sobrehumana porque ahí no crecían las flores. El indígena guardó las rosas en su manta. Cuando llegó el obispo al extender su tilma para que cayeran las flores, estaba la imagen de la Virgen. Esa imagen es resguardada y exhibida en la Basílica de Guadalupe y se le han atribuido características milagrosas porque se cree que, debido a su complejidad y técnica, no pudo haber sido creada por ninguna persona.
Así fue como se empezó a construir en ese lugar la primera iglesia. A la que le siguieron otras dos hasta llegar a la antigua basílica —que albergó a la Virgen durante 262 años, hoy convertida en el Templo Expiatorio a Cristo Rey—, que terminó dejándole el protagonismo a la nueva, no sólo por la necesidad de recibir a más fieles, sino también porque la inestabilidad del antiguo templo había vuelto peligroso su utilización, debido a que se estaba hundiendo, pues está construida sobre un lago.
La nueva Basílica (inaugurada en 1976), de base circular y con un diámetro de 100 metros, en su exterior emula la figura del manto de la Virgen que cobija a los peregrinos que llegan y que en su interior se encuentra el tesoro más grande: la tilma de San Juan Diego; donde está plasmada la imagen de la Virgen. El templo tiene capacidad para 10.000 personas, ubicadas en la parte central y en las nueve capillas del primer piso. En su interior se destaca el órgano monumental, que tiene más de 11.000 flautas.
Para algunos, la sola visita a la Basílica y la foto del manto sagrado o con la estatua de Juan Pablo II justifican el viaje. A otros, los más incrédulos y menos creyentes, quizá les alcance con ver las muestras de fe de la gente. Pero tanto a unos como a otros, la visita no les resultará indiferente.
Valores de referencia
• 61 dólares: es el valor de la excursión a Teotihuacán y la Basílica de la Guadalupe (dura entre 9 y 10 horas) incluye almuerzo buffet. Los grupos son de no más de 15 personas.
Web: www.mexicooverseas.com
Teléfono: + 52 55 2652 1572
Email: mexico.overseas@overseasmexico.com