Turismo

Perú: una escalera al cielo

Para cumplir el sueño de escalar el cerro Pisco hay que llegar a la pintoresca ciudad de Huaraz que, salvando las distancias se ha transformado en la "Suiza peruana".

Sábado 08 de Diciembre de 2007

Para cumplir el sueño de escalar el cerro Pisco hay que llegar a la pintoresca ciudad de Huaraz que, salvando las distancias se ha transformado en la "Suiza peruana". Epicentro de recepción de escaladores en su mayoría de Europa y América del Norte, que llegan a tierras quechuas, al gran desafío del hielo.

Los huaracinos rara vez se enteran de lo antes mencionado, ya que para ellos las montañas son tierras de cultivo y cría de ganado. Huaraz es el gran centro del canje, trueque y, muy en última instancia, comercio sui generis de lo producido en la región. El comercio es manejado por las doñitas, pues los hombres están muy ocupados en los fondos de los bares.

La ciudad vive innumerables fiestas todos los días del año, no importa cuál es la fecha, lo que importa es festejar que, como la práctica de los andinistas, también es outdoors. Es decir todo ocurre en al calle. Las personas no gritan, pero el movimiento frenético y los bocinazos permanentes son ensordecedores. Todos van apurados, hacen un trotecito cortito muy simpático, como bailando un carnavalito.

En el terremoto de 1970, Huaraz era una población de casitas de ladrillos de adobe y revoque de barro, y quedo reducida a una polvareda. Hasta la fecha la siguen reconstruyendo nuevamente con una estética sólo comparable con la porteña "Villa 31". Desde sus calles se pueden apreciar los picos blancos con puntas afiladas.

Objetivo

La idea es, como siempre que se trata de ascensos de alta montaña, aclimatarse para evaluar en ese interín como están física y psíquicamente los integrantes del grupo, para intentar atacar la cumbre del nevado Pisco o dejarlo para otro momento. Para esta etapa Edgardo Clemente, de Mountain Group, invito a dos veteranos andinistas porteños, Gustavo Glickman y Amable López Martínez, quienes hicieron con el grupo los trekking de aclimatación. Luego su travesía seguirá rumbo a Iquitos, en el Amazonas Peruano.

La buena aclimatación y la sinceridad con uno mismo y para con el resto del grupo es fundamental, ya que va en ello la seguridad y la vida de todos. Se suma a la muy baja presión, la puna extrema que este sector de la cordillera presenta, que según los entendidos es aún mayor que en el cerro Aconcagua.

Hay que tener en cuenta que en Rosario -unos 20 metros sobre el nivel del mar (msnm)- cuando la presión desciende a 1.000 milibares, nos sentimos agobiados y la llegada de una tormenta es inminente. En Huaraz 3.090 msnm, la presión en un día diáfano y primaveral es de 713 milibares.

Primer trekking de altura

En una mañana espléndida salimos en combi desde Huaraz por una carretera asfaltada bordeando el rió Santa, en la base de un valle de cultivos cuyas parcelas trepan las pendientes de los cerros, tornando el paisaje en un mosaico de venecitas verdes y amarillas.

Caraz, la segunda ciudad en importancia en la zona, sería nuestro destino intermedio. Luego de un desayuno rico en calorías seguimos viaje hasta la laguna Parón, a 4.140 msnm. Allí comenzamos el primer trekking de aclimatación en altura por un sendero angosto pero bien marcado, que rodea la laguna por una de las márgenes en un marco imponente de picos nevados.

Esta laguna turquesa, como la piedra preciosa, está contenida en uno de sus extremos por una Lmorrena, que es un derrumbe de piedras y hielo que forman un dique natural, y sus afluentes son los ríos de deshielo de las montañas que forman en el extremo opuesto un anfiteatro colosal. Desde allí se divisan las nevadas cumbres del Artesonraju (6.025 msnm), el Pirámide de Garcilazo (5.885 msnm), y el Chacrasonraju (6.112 msnm). Luego de descansar en este mirador y tomar un almuerzo rico en proteínas y calorías regresamos a Huaraz, el recorrido nos llevo cuatro horas de caminata lenta, buscando la adaptación al clima.

  Santa Cruz -Yanganuco

 Según los prestadores de servicios, el recorrido entre Santa Cruz y Yanganuco nos llevaría tres noches y cuatro días, así que el día anterior a la partida procuramos en una tienda de alquiler y venta de equipos de escalada y trekking que hay en el centro de la ciudad, el equipo necesario para la aventura: carpas; bolsas de dormir térmicas y ropa de abrigo; marmitas y calentadores.

Los precios de alquiler son muy económicos para los europeos, aunque para los argentinos es mejor llevar nuestro propio equipo. En el mercado central encontramos todos los alimentos a precios muy acomodados. Cargamos todos los bultos en un taxi que nos llevo hasta Vaquería, a 3.700 msnm. Este es el último punto hasta donde accede el colectivo, en medio de los cerros tapizados de cultivos.

En Vaquería contratamos los servicios de un arriero, Marcos Obregón Castro, un adolescente muy callado y descendiente de quechuas, que con sus dos burritos nos llevaría los petates a los diferentes campamentos a lo largo de la travesía hasta nuestro destino final, Cashapampa.

La caminata comenzó antes del mediodía por la quebrada Morococha, buscando Hairapampa. En el fondo de ésta debíamos encontrarnos con la quebrada Paria donde estableceríamos el primer campamento, para lo que hicimos un trekking por un sendero que unía las casas de los agricultores. En sus patios colgaban ropas multicolores secándose al sol. Del interior de estas construcciones de ladrillos de adobe y barro, varios chicos curiosos salían a nuestro paso.

En pequeños corrales de piedras y troncos descansaban mansamente chivos y ovejas, no así los bueyes que en yunta tiraban incansables de arados de madera tan antiguos como América, preparando la tierra para la siembra de papa andina, oca, alfalfa, trigo o maíz. Al atardecer lejos ya de los cultivos, remontando un pequeño curso de agua, llegamos a una pampa donde establecimos campamento. Exhaustos, cenamos al amparo de un cielo único con una luna que todo lo iluminaba. La temperatura permitía esta contemplación, sólo con un polar como abrigo, increíble a 3.870 metros de altura.

Al alba, tomamos un desayuno abundante, pues nos tocaba pasar del este al oeste de la Cordillera Blanca y para esto debíamos acceder al paso Punta Unión, a 4.750 msnm, por un sendero muy empinado que en las postrimerías del paso tiene un camino de piedras en zig zag, propio de los escenarios de "El Señor de los Anillos". Al trasponer este portezuelo nos encontramos con una vista franca de las cumbres de hielo de los montes Pucajirca, (6.050 msnm), Taulliraju (5.583 msnm), y Ririjirca (5.810 msnm).

Meses atrás, informándome sobre la cordillera Blanca, Claudio Grancelli, un experimentado escalador mendocino del Aconcagua me dijo: "Los cerros son como quesitos Adhler gigantes. Es la porción más linda de los Andes". Esta comparación me pareció muy extraña, pero luego de contemplar los nevados, imponente pirámides, comparto su apreciación. En el final de la bajada, entre lagos de deshielo, nos esperaba Marcos armando el campamento. Allí, en Taullipampa (3.700 msnm), nos encontramos a varios grupos de acampantes de Austria, Israel, EEUU y España.

A la mañana siguiente nos desviamos al noroeste para poder divisar el Alpamayo (5.947 msnm), donde nos cruzamos con una expedición alemana que volvía de hacer cumbre. Nos quedaba descender al campamento Playa, donde pasaríamos la última noche, pero decidimos solamente almorzar allí y seguir directamente a Cashapampa, nuestro destino final.

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