París, belleza y glamour
Políglota, multicultural, históricamente reconocida como símbolo de belleza, de moda, cultura y arte, París es el ícono de ciudad encantadora arraigado con más fuerza en el imaginario mundial. Su construcción, sus amplias avenidas...

Domingo 24 de Agosto de 2008

Políglota, multicultural, históricamente reconocida como símbolo de belleza, de moda, cultura y arte, París es el ícono de ciudad encantadora arraigado con más fuerza en el imaginario mundial. Su construcción, sus amplias avenidas, el detalle rococó de sus fachadas, el mármol y el bronce que acompaña esbeltos trabajos de ebanistería exaltan la visita a la gran metrópoli.

Su denominación de “ciudad luz”, entre otras acepciones, la adquiere tras ser una de las primeras ciudades en iluminar sus calles y edificios históricos más importantes, como también sus ejes históricos más reconocidos, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Los grandes cambios de la historia tenían en París su versión anticipada al resto del mundo.

Entre sus variados paseos se encuentra el metro, construido a principios del 1900 con motivo de los juegos olímpicos. Es el punto de partida y excusa para entrar en el corazón de la ciudad. Desde las antiguas bocas de ingreso decoradas en hierro forjado, los colores, las llamativas pinturas de algunas estaciones y hasta la última línea construida, la 14 ó línea meteoro, considerada una de las más modernas del mundo por la automatización de sus trenes que operan sin control humano.

Es uno de los medios de transporte más utilizados en la cosmopolita ciudad, conecta al viajero de manera ágil y sencilla con los puntos más importantes de su historia. Caminar sus pasillos azulejados, cubiertos de marquesinas y colmados de pasajeros que, como en cualquier estación de transporte apresuran su andar, muestran al turista el álgido movimiento suburbano.

Un lugar emblemático, concurrido y neurálgico es sin duda la plaza del trocadero, su impronta, la maciza construcción del palacio de Chaillot que la abraza con extensos ventanales, sus jardines y una exquisita vista a la torre Eiffel. El Trocadero, está separado de la Torre Eiffel por el río Sena, puestos de diario ó pequeños bastiones de amarillentos afiches, libros antiguos y venta de regalos, realzan el atractivo de ésta zona tan significativa.

En cada uno de los enormes pilares de la torre concebida por el ingeniero Gustav Eiffel, se muestran las boleterías con largas colas de turistas deslumbrados por alcanzar su cúspide. Construida en 1889 con motivo de una exposición universal con sede en París, con 305 metros de altura, limitada por manifestaciones de vecinos que por miedo a que pueda caerse se negaron a que alcance los 350 metros. En cada pata funcionan los ascensores que suben al visitante a sus tres niveles por medio de un sistema de inmensas poleas. Este singular paseo abierto todos los días de 9 a 00, culmina con el acceso a la cima.

Este macizo que en su historia estuvo cerca de ser derrumbado alberga comedores, venta de souvenirs y hasta un museo con elementos utilizados para su construcción. Se calcula que pesa 10.000 toneladas, su repintado cada 5 años insume 50 toneladas de pintura y los cientos de millones de turistas que la visitaron desde su inauguración, la convierten en el lugar más concurrido del mundo.

El Jardín de Luxemburgo

El jardín de Luxemburgo, el espacio verde más conocido y céntrico de París. Un parque de ocho hectáreas que adorna, con árboles recortados, caminos de arbustos y refinadas flores al Palacio de Luxemburgo. Construido en el 1600 inicialmente a pedido de María de Medicis, una gigantesca fuente de agua frente a sus puertas, grandes aberturas y la constante presencia de turismo embellecen éste edificio actualmente ocupado por el senado Francés. A su izquierda, a escasos metros, la histórica Universidad de La Sorbona y a la misma distancia pero hacia la derecha se encuentra el Panteón, uno de los primeros monumentos neoclásicos donde están sepultados los restos de personalidades como el filósofo René Descartes y Francois Voltaire entre otros.

Transitar las calles parisinas es descubrir a cada paso un universo de historias, lugares y renombrados cafés. En la colina de Montmartré, el barrio que fue cuna de la bohemia se puede visitar desde la basílica de Sacre Coeur, en el sector más alto de la colina, con una vista fabulosa de la ciudad, encontrar la huella de una época gloriosa, el Moulin Rouge, cabaret símbolo de la noche de París, hasta conocer el nostálgico carrusell donde se filmó la película Amélie estrenada en 2001.

El clima de París inesperadamente oscurece el cielo, las calles se cubren de llovizna y transforman el paseo en una auténtica postal. Como lo supo retratar el célebre fotógrafo Henri Cartier Bresson en algunas de sus instantáneas blanco y negro. Descubrir en los habitantes de París el etnocentrismo que fraguó la historia y los curiosos ojos del mundo que desde hace siglos la encuentran como la meca intelectual y bohemia, sitúan al viajero en el centro de la historia. Los museos, las librerías, los pintores que se ofrecen a pintar caricaturas y la mirada sobre los hombros de la Torre Eiffel, que paso a paso recorta su silueta entre las edificaciones pero persiste observando la ciudad hasta transformarse en un fantasma a través de tarjetas postales, llaveros, colgantes y fotografías.

Catedral de Notre Dame

Sobre la ribera del Sena, en la pequeña isla de la Citè, se encuentra la catedral de Notre Dame, una de las más antiguas de Francia. Víctor Hugo la sitúa en su novela Nuestra señora de París, la historia de Quasimodo, el jorobado encargado del campanario de la catedral y Esmeralda, una bailarina gitana. Su construcción finalizó en el año 1345; con 69 metros de altura, es una de las basílicas más importantes del mundo; de arquitectura gótica, con tres inmensos portales de finos detalles y puntillosa decoración, esbeltos vitreaux en su interior.

Esta ciudad que suma una amplia región y número de habitantes del conglomerado parisino está influenciada por el arte, los movimientos sociales y políticos.