Turismo

Oxford, la ciudad poderosa

Paddington Station, origen de todos los convoyes que marchan hacia el oeste y suroeste de Inglaterra y una de las nueve estaciones con que cuenta Londres, es un excelente punto de partida para reducir a cero los 80 y pocos kilómetros que separan la capital de la antigua ciudad de Oxford.

Domingo 13 de Julio de 2008

Paddington Station, origen de todos los convoyes que marchan hacia el oeste y suroeste de Inglaterra y una de las nueve estaciones con que cuenta Londres, es un excelente punto de partida para reducir a cero los 80 y pocos kilómetros que separan la capital de la antigua ciudad de Oxford.

El viaje desde Paddington es una alegría, ocupa algo más de una hora y transcurre a través de zonas verdes donde la vegetación alterna con animales que pastan sin agobios, acompañados de brumas y humedades que ratifican las estampas que se conocen del condado de Oxfordshire.

Cuando el retumbo afónico del robot —el mismo que ha reemplazado en la mayoría de los vagones la voz humana de revisor— avisa la última parada, uno empieza a buscar las formas y perfiles de la virtud, que se reflejan en el lema de la villa escrito en latín: “La verdad es poderosa”.

“Fortis est veritas” propagan los escudos, pudiendo agregarse “y también persistente” porque de otro modo no llevaría tantos siglos haciéndose notar.

En las afueras de la Oxford Railway Station esperan vehículos pintados con colores llamativos y techo descubierto, que a cambio de pocas libras realizan un circuito que puede utilizarse durante un día completo. “Guías en su propio idioma, los pasajeros pueden subir y bajar en cualquier momento en cualquiera de las veinte paradas. El primer autobús sale a las 9,30 y luego cada 10 o 15 minutos hasta el atardecer”.

Pocos edificios históricos quedan fuera de esa primera inspección panorámica, que también podría hacerse sin utilizar ruedas ni motores, pues el Oxford emblemático, aquel que concentra los mayores atractivos.

A la vista de un catálogo que se antoja inagotable la primera dificultad que encuentra el novato es jerarquizar donde demorarse. Obviamente, si sabe de antemano que cualquier elección que haga será buena, el conflicto es relativo. La toma de contacto, rapidita y con punto de observación móvil, debería concluir en la Torre de Carfax, instalada en el centro geométrico de la ciudad.

La gente suele hacer cola para subir a la parte más alta, punto donde se llega tras comprar un ticket y “cabalgar” un centenar de peldaños. Vista desde lejos la estructura no es impresionante, apenas 23 metros que sirven para sustentar 6 campanas. Sin embargo, estos números no reflejan su trascendencia en relación con el paisaje ciudadano, que incluye el acústico, y las simpatías que genera en los nativos.

En torno al carillón está el Ayuntamiento y varias calles peatonales por donde transitan jóvenes universitarios, yendo o regresando de los múltiples Colleges: Lincoln, Oriel, Queen”s, Merton, Corpus Christi, Trinity, Hertford, Linacre, St. Catherine”s, Exeter, Wadham, St. John’s, St. Anne’s, etcétera, que vieron pasar por sus aulas a muchos protagonistas de las artes o las ciencias, no sólo inglesas.

Los Colleges

Los Colleges conforman una de las universidades más prestigiosas y antiguas del mundo, capaz de alumbrar ideas que modificaron el curso de la historia. A un paso de la torre, y enredado entre comercios está el mercado, al que se accede por rincones que huelen a libros y papel. Es de planta rectangular y posee una cubierta de madera resplandeciente. Sus colores contagian de brillo los puestos y todo lo que en ellos se ofrece: género donde prima la originalidad.

Ríos, parques, espacios muy cuidados, miles de árboles frondosos y un jardín botánico centenario incorporan naturaleza a un lugar donde predomina la cultura.

Los casi 150 mil habitantes, con un porcentaje de estudiantes que se renueva en los veranos con jóvenes llegados de todos los continentes, encuentran facilidades en los lugares abiertos, y también en los cerrados: teatros, bibliotecas y museos.

Tres instituciones tienen importancia significativa: el Sheldonian Theatre, la Bodleian Library y el Ashmolean Museum.
Cada uno, por sí solo, justifica un viaje a la ciudad gótica, donde el color ocre de la piedra parece sacado de un lienzo y las cúpulas, hechas agujas, tejen nubes en el cielo.

En el Ashmolean, que está siendo restaurado, se custodian antigüedades, cerámicas, mármoles y terracota que hermanan la cultura egipcia, griega y romana, vigentes para todos aquellos que no desprecian el pasado.

La biblioteca es dueña de una colección de manuscritos y mapas que la convierten en una de las más importantes de Inglaterra.   

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