Norte argentino, donde el cielo está más cerca que en ninguna parte
Recorrer la zona de Jujuy y Salta es encantarse con todas sus bellezas naturales y culturales.

Domingo 11 de Diciembre de 2016

En el aeropuerto de Jujuy la temperatura del mediodía marca 16 grados, pero parece más. Será que el clima se encapricha de entrada en cumplir la famosa sentencia que dice que en el norte argentino de día hay que ir en remera y de noche con campera. Algo de eso se percibe apenas uno pisa suelo jujeño y se sumerge en sus callecitas llenas de polvo, hilados y sonrisas.

El aeropuerto internacional Horacio Guzmán está a unos 30 kilómetros de San Salvador, la capital provincial. Y de allí hay que hacer otros 60 kilómetros hasta llegar a Purmamarca, una de las bellezas naturales y culturales más impactantes del norte argentino que escala hasta los 2.324 metros sobre el nivel del mar. En la combi suenan quenas y un erke, ese instrumento de viento largo —larguísimo y de caña— que las generaciones rockeras más jóvenes pudieron apreciar en la versión en vivo de la banda Divididos de Mañana en el abasto. Allí Fortunato Ramos y su erke le pusieron el tono norteño al clásico de Sumo.

Es miércoles al mediodía y la plaza 9 de Julio de Purmamarca es un tapizado multicolor. Los nenes juegan en el centro de la placita, mientras sus mamás venden aguayos, pie de cama, ponchos y pashminas de tonos verdes, naranjas y amarillos imposibles. Si hasta el famoso cerro de los Siete Colores que se ve al fondo de la empinada calle Lavalle se mimetiza hasta formar parte de ese gran arcoirs sentado en la tierra de la Quebrada de Humahuaca. Los sedimentos, el agua y el viento formaron ese mágico paisaje del cerro.

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Los puesteros están en los bordes de la plaza hasta la tardecita, cuando el sol comienza a retirarse, y con él, también los turistas. "¿Una calentita antes de irse?", pregunta Trinidad, que vende en su puestito tortas asadas rellenas a 25 pesos. Antes que caiga el sol, una pareja de turistas no resiste a la tentación: "¿Nos sacás una foto? ", le preguntan a un muchacho que pasa por allí. Es la foto típica de Purmamarca, con el coloso de los siete colores custodiando sus espaldas.

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La calle Lavalle y de fondo, el cerro de los Siete Colores.

Frente a la plaza, la iglesia Santa Rosa de Lima —patrimonio de la Humanidad— y el algarrobo histórico, donde a sus pies fue arrestado en el año 1594 el cacique Viltipoco. La historia dice que a su sombra también descansaron las columnas del ejército del norte comandados por Manuel Belgrano. "La geografía que parió verdaderamente a la patria", recuerda el ensayista Hernán Brienza en el libro Exodo jujeño. Bajo el cielo jujeño se escribieron la páginas de la heróica retirada de la tropas hacia el sur, quemando todo a su paso. "Con la oscuridad —escribe Brienza—, las fogatas permitían ver la tristeza reflejada en los ojos del general por el sacrificio que el pueblo jujeño realizaba en pos de la libertad".

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La iglesia Santa Rosa de Lima y su algarrobo histórico.

"Purmamarca: alegría, luz y color", invita desde un cartel rojo con letras blancas la hostería de Bebo Vilte. Sobre Lavalle, a medio camino entre la plaza y la Escuela Nº 21 "Pedro Goyena", una casa pintada de salmón y con una robusta puerta marrón se destaca del resto. En el frente tiene varios carteles pegados con la leyenda #NiUnaMenos. "Esa es la casa de Laura Vilte", cuenta un pibe que atiende un negocio de artesanías. Laura Vilte fue docente y directora durante años de la Pedro Goyena y una militante del magisterio jujeño. Su hermana, Marina Vilte, es una de las docentes desaparecidas por la última dictadura militar.

Luz blanca.

La cruz andina o chacana, esa de los escalones, se ve en cada rincón de las plaza. En las telas, en los anillos, en las remeras. La religiosidad andina presente en todos lados. Es su historia, es su presente. "Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío", describe la pluma de Héctor Tizón a la geografía andina en Fuego en Casabindo.

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La inmensidad blanca de las Salinas Grandes.

Pero el azul puro del cielo jujeño se aprecia más cuando contrasta en el horizonte con el blanco luminoso de las Salinas Grandes. A 4.170 metros de altura el mar blanco sacude la vista. "No subir a los morros de sal" advierte un letrero puesto sobre uno de los montículos del mineral. En la mina Guayatayoc —el mismo nombre de la laguna que se forma en verano— los camiones van y vienen. Cruzando la calle, una construcción hecha totalmente de sal. Paredes, columnas, ventanas, bancos, mesas. Todo de sal. Un escenario ideal para una película postapocalíptica. De hecho, este año el director Daniel Burman eligió las salinas jujeñas para filmar gran parte de la serie "Supermax", una coproducción argentino-brasileña que se verá por la TV Pública en 2017.

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Paredes, bancos y mesas, todo de sal.


La linda.

El destino Salta-Jujuy están hermanados desde el turismo. Son distintos paisajes y colores que se fusionan bajo un mismo sabor. A primera hora de la tarde los naranjos que rodean la Plaza 9 de Julio de la ciudad de Salta brillan como si estuviesen recién pintados.

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Los naranjos de la plaza 9 de Julio de Salta.

Para los curiosos de la cultura, se torna imprescindible destinar tiempo para visitar el Convento San Francisco y su imponente campanario. También el Museo de Arqueología y Alta Montaña (MAAM), que cobija en su interior a los Niños de Llullaillaco. La Niña del Rayo, El Niño y La Doncella son los cuerpos momificados de tres chicos de seis, siete y 15 años —respectivamente— enterrados vivos como ofrenda al inca y hallados en 1999 cerca de la cima del volcán Llullaillaco. Dentro del museo no se pueden sacar fotos, para evitar cualquier efecto que afecte su conservación. Sentados en canastita con sus ropas puestas, parecen tres chicos sumergidos en un sueño que ya lleva más de cinco siglos.

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La Doncella de Llullaillaco.

Para los más aventureros, dentro de la propia capital provincial por 150 pesos los mayores (y 80 los chicos de 6 a 12 años) Salta ofrece la visita al teleférico que asciende sobre el cerro San Bernardo.

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El teleférico que sube hasta el cerro San Bernardo.


Puerta al inframundo.

A una hora en ruta al sudoeste de la capital provincial se encuentra la Quebrada de las Conchas o de Cafayate. La paleta de colores se torna de un rojo ladrillo y permiten apreciar dos escenarios que desafían la vista. Son las formaciones rocosas conocidas como El Anfiteatro y la Garganta del Diablo, que son "patrimonio cultural de la comunidad indígena suri diaguita kalchaki" y "una puerta al inframudo", tal como advierte un viejo cartel puesto en la entrada de la reserva natural.

Garganta del Diablo VIDEO

El techo del Anfiteatro parece hecho con capas de hojaldre rojo superpuestas una sobre otra. Casi que hay que arquearse para sacar las fotos que den cuenta de su inmensidad. De golpe, y cuando los turistas están desprevenidos, una quena y una guitarra tocan la melodía del himno argentino. La acústica del lugar abraza el sonido y emociona.

El Anfiteatro VIDEO

Pero no hay noche en Salta si se apaga Balderrama. En el templo mayor del folclore todos se animan a bailar y dejarse llevar por la mística de la peña más tradicional de la provincia norteña. Para testimoniarlo están las paredes, donde casi todo los intérpretes y compositores del cancionero popular argentino están retratados junto a Juan Balderrama, el alma del lugar, que falleció en abril de 2013. "A orillitas del canal", como dice la canción, hay cena y baile. En las mesas, vino, empanadas y humita. Sobre el escenario, los gauchos y chinas dan todas las noches su show musical hasta el amanecer. Para que nunca se apague el lucero del alba.

"«A orillitas del canal»", como dice la canción, hay cena y baile. En las mesas vino y empanadas"

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Música y baile en la peña de Balderrama.