Turismo

Neuquén, conociendo bellezas por los terruños mapuches

A principios de marzo, mi esposa Graciela y yo nos dirigimos al sur, más precisamente: San Martín de los Andes, un hermoso terruño de casitas bajas, tipo chalé, donde predomina la madera, reina del lugar, rodeadas de bellos jardines con variedad de rosas multicolores y flores de la zona.

Domingo 30 de Marzo de 2008

A principios de marzo, mi esposa Graciela y yo nos dirigimos al sur, más precisamente: San Martín de los Andes, un hermoso terruño de casitas bajas, tipo chalé, donde predomina la madera, reina del lugar, rodeadas de bellos jardines con variedad de rosas multicolores y flores de la zona. Enclavado en un lugar de privilegio, al pie de la cordillera de los Andes, y bendecida por las lluvias, expone una vegetación exuberante, para que todos podamos disfrutar.

El escenario por si solo es una constante postal, sumado a la prolijidad, cuidado y cordialidad del lugareño (que se manifiesta casi solamente en los habitantes de provincias), hacen que el visitante pase unas vacaciones sumamente agradable. Nos instalamos en una confortable y cálida cabaña, de unos amigos, donde el patio se tutea con la montaña recubierta de verde y variada vegetación.

Platos típicos y buen vino

Recorrimos sus calles, visitamos negocios y restaurantes, todos de excelente nivel, degustamos sus platos típicos: ciervo, jabalí, trucha ahumada y otras exquisiteces, acompañados de muy buen vino de la zona. Caminamos la calle San Martín, hasta la avenida Costanera y el Muelle. Nos embarcamos en un moderno aliscafo, incursionamos en el lago Lacar hasta arribar a Quila Quina, un lugar residencial, con unos tres kilómetros de playa, donde recorrimos sus senderos hasta llegar a la pequeña cascada. Allí tuvimos el primer contacto con algunas manifestaciones culturales mapuches. Al día siguiente quisimos ampliar nuestros conocimientos respecto a los lagos.

En una confortable camioneta para quince personas nos dirigimos por la ruta nacional 234, más conocida como "Camino de los Siete Lagos", les aseguro que es una sucesión de interminables bellezas paisajísticas. Visitamos los lagos: Machonico, Falkner, Villariño, Escondido, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi, además de apreciar la belleza de lagunas, cascadas, arroyos y ríos. Tuvimos la fortuna que nos tocó un guía muy cordial y conocedor de todo el territorio. Su nombre: Moro, a secas, como pidió que lo llamemos. (mitad mapuche, mitad europeo, tal como se autodefinió).

Lago Correntoso

A orillas del lago Correntoso nos llevó a conocer una comunidad mapuche, donde desayunamos tortas fritas recién horneadas, café caliente y dulces caseros. Allí disfrutamos del lago observando a los patos y aves silvestres juguetear con la naturaleza, a los cabritos y demás animalitos en austeros pero limpios y prolijos corralitos. Continuamos viaje, (por su experiencia) Moro notó que algunos integrantes del contingente estaban un poco molestos porque como salimos temprano, no habían podido apreciar la belleza de los primeros lagos, a lo que muy inteligentemente respondió: "esto se debe al milagro de las lluvias que forman una espesa bruma sobre los mismos, y la sabia naturaleza nos regalará el espectáculo al regreso, cuándo su majestad el sol la disipe". Y así ocurrió.

Continuamos hasta Villa La Angostura, visitamos Bahía Mansa y Bahía Brava, recorrimos el centro cívico, nos dirigimos a Bahía Manzano, un hermosísimo pequeño reducto con bonitas mansiones y costosos yates, donde las flores son parte del paisaje. De tal manera que el municipio organiza todos los años un concurso de jardines particulares, y para incentivarlos premia a los mejores con condonación de impuestos. Incursionamos en El Messidor, (una belleza arquitectónica rodeada de parques naturales) residencia oficial de la gobernación de la provincia de Neuquén; donde cumplieron "condenas vip", algunos presidentes argentinos, que fueron alejados del cargo.

Al regresar a San Martín de los Andes, fascinados por tanta belleza, asombrados por esa atiborrada vegetación. Pisar esa tierra muy negra, donde serpentean lagos ríos y cascadas, produciendo una dicotomía con el paisaje árido de la zona pampeana, incluso el que habíamos observado pocos kilómetros antes de llegar allí, continuamos disfrutando de la zona urbana. Y nos propusimos informarnos sobre la historia de la Patagonia.

Muy cercano al centro de ski del Cerro Chapelco (2.394 metros).

Luego de disfrutar la zona urbana, nos dispusimos a emprender otra maravillosa excursión. Nos dirigimos a Junín de los Andes con la misma camioneta y Moro, el guía, realizamos un pequeño city tour y nos detuvimos a conocer uno de los atractivos religioso-cultural más importante de la zona: el Santuario de la Virgen de las Nieves y Laura Vicuña.

Regresamos con la sensación de haber estado en un territorio muy poco explorado por el hombre. Y les aseguro que tuvimos que hacer un gran esfuerzo, para controlar la emoción vivida.

 

Antonio L. Ottaviano

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