El periodista uruguayo convoca cada año en el restaurante Río Alba a empresarios, funcionarios y diplomáticos de distintos países en coincidencia con la Feria Internacional de Turismo de Buenos Aires
17:29 hs - Martes 29 de Septiembre de 2026
El periodista uruguayo Wilson Marrero volvió a convocar en Río Alba a referentes del sector turístico de distintos países. Lo que comenzó como una reunión entre amigos reúne hoy a un centenar de invitados y se transformó también en un particular espacio de contactos y negocios.
Desde hace 23 años, en coincidencia con cada edición de la Feria Internacional de Turismo (FIT) de Buenos Aires, Wilson Marrero reúne en el restaurante Río Alba, frente al predio ferial de Palermo, a empresarios, funcionarios, diplomáticos y referentes del turismo de Argentina, Uruguay, Estados Unidos y otros países de América Latina. El tradicional almuerzo, que comenzó con apenas 15 o 20 amigos, convoca actualmente a alrededor de un centenar de invitados.
Marrero lleva más de cinco décadas vinculado al periodismo turístico y, a través de su revista Mundo Turístico, recorrió durante años algunas de las principales ferias internacionales del sector. Sin embargo, eligió Buenos Aires para mantener una tradición que fue creciendo casi espontáneamente.
"Hace más de 40 años que trabajo en turismo y siempre me moví en esta área. Me encuentro con amigos que trabajan en turismo en Europa, Estados Unidos y América Latina. El momento en que los tengo más cerca es acá y quiero compartir un momento con ellos", explicó.
Por las mesas del tradicional restaurante, pasan representantes del sector privado, compañías aéreas, aeropuertos, organismos turísticos y representaciones diplomáticas. Marrero menciona, entre otros, a referentes de Argentina, Uruguay y Estados Unidos.
Pero el encuentro tiene una característica particular: no hay conferencias, paneles ni rondas de negocios formalmente organizadas. El vínculo se produce alrededor de la mesa.
"Acá estaba la gente que decidía"
Con el paso de los años, Marrero descubrió que aquella reunión concebida inicialmente como un gesto hacia amigos y colaboradores también se había convertido en un ámbito privilegiado para generar contactos.
Una historia que recuerda especialmente ocurrió cuando una ejecutiva de marketing de una importante compañía aérea, radicada en Estados Unidos, lo llamó desde Miami para preguntarle si podía participar.
"Me dijo que si la invitaba al almuerzo venía. Le dije que sí y vino", relató Marrero.
La sorpresa llegó cuando descubrió que aquella invitada había viajado prácticamente para estar unas horas en Buenos Aires. Cuando le preguntó por qué había hecho semejante viaje para participar de un almuerzo, apareció la verdadera dimensión del encuentro.
La ejecutiva también había aprovechado la convocatoria para mantener reuniones relacionadas con operaciones turísticas hacia Estados Unidos y los parques de Disney.
"Me dijo: 'Allá me lleva una semana; acá lo arreglé en un día porque estaba la gente que decidía'", recordó Marrero.
La anécdota resume buena parte de lo que fue ocurriendo alrededor de la tradicional mesa de Río Alba: personas que se conocen, empresarios que encuentran interlocutores, autoridades que intercambian proyectos y profesionales que vuelven a encontrarse después de un año.
De 20 amigos a un centenar de invitados
La historia comenzó de manera mucho más pequeña. Marrero frecuentaba Buenos Aires desde hacía décadas y acompañó el crecimiento de la FIT prácticamente desde sus comienzos. En aquel contexto decidió agradecer a un reducido grupo de personas que respaldaban su trabajo periodístico.
"Encontré un grupo de amigos que me apoyaban en la revista y quise tener una atención con ellos. Después eran 15, 20; después 30, 40 y ahora son 100", recordó.
El crecimiento no modificó, sin embargo, la esencia de la convocatoria. Para Marrero, una de las razones de esa continuidad es precisamente que el encuentro conserva un carácter informal en medio de una actividad marcada durante esos días por reuniones, presentaciones y compromisos profesionales.
"La gente no viene simplemente para comer un bife de chorizo. Viene porque la pasa bien, está con un amigo, conversa con alguien que quizás ve una vez al año. Cosas que no se hablan durante el año, acá las podés hablar y compartir experiencias", señaló.
Una fuerte presencia uruguaya
Entre los invitados sobresale año tras año la presencia de representantes de Uruguay: autoridades, empresarios, integrantes de cámaras y profesionales vinculados con diferentes segmentos de la actividad.
Marrero explicó que esa presencia también refleja una decisión personal y profesional tomada después de la pandemia.
"Ahora trabajo mucho con los uruguayos, trabajo mucho el turismo interno, porque después de la pandemia cambió toda la profesión turística", afirmó.
Su vínculo con la actividad viene de lejos. Marrero asegura que comenzó en 1969 y que lleva 56 años trabajando en periodismo. Ese recorrido también lo llevó a replantearse dónde concentrar sus esfuerzos durante esta etapa de su carrera. "Dije: los años que me puedan quedar voy a trabajar por mi destino turístico. Y estoy en eso", sostuvo.
Una tradición que sobrevivió al tiempo
Alrededor de las grandes ferias turísticas suelen multiplicarse recepciones, encuentros empresariales y actividades paralelas. Muchas desaparecen, cambian de organizadores o modifican completamente su formato. El almuerzo de Marrero, en cambio, mantiene desde hace 23 años al mismo anfitrión y el mismo espíritu.
Tal vez allí esté parte de su singularidad. No se trata solamente de la mesa, del tradicional bife de chorizo ni de una actividad social alrededor de la FIT. Durante unas horas coinciden personas que durante el resto del año trabajan a miles de kilómetros unas de otras y que, en ese encuentro, tienen la posibilidad de conversar sin intermediarios.
Algunos simplemente vuelven a verse. Otros intercambian experiencias. Y algunos, como aquella ejecutiva que llegó desde Miami y regresó esa misma noche, descubren que alrededor de una mesa también pueden cerrarse negocios que habrían demandado una semana de reuniones.
Después de 23 años, Wilson Marrero continúa siendo el anfitrión de una cita que empezó como un agradecimiento entre amigos y terminó convirtiéndose, casi sin proponérselo, en una tradición dentro de la Feria Internacional de Turismo de Buenos Aires.