Turismo

Más allá de las luces de neón

Las Vegas es famosa por las atracciones que ofrecen los grandes hoteles y los casinos, pero lo cierto es que la ciudad está en medio del desierto de Mohave, un paraíso para los amantes de los deportes al aire libre. Desde paseos en helicóptero por el Gran Cañón hasta tirolesas que quitan el aliento, el menú es variado e irresistible.

Domingo 04 de Febrero de 2018

Tiemblan las piernas, un sudor frío empapa las manos, el corazón se sacude como si quisiera salirse del pecho. Falta la respiración. No es miedo pero se le parece y mucho. Es esa misma inquietud sin explicación que se siente en la cola para subir a una montaña rusa. Se escuchan los gritos, el traqueteo de las ruedas sobre las vías, el zumbido de los carritos lanzados a máxima velocidad, y un cosquilleo nervioso en la panza es inevitable, aunque está todo bajo control, aunque uno ya se haya subido antes, mil veces, y las piruetas, la adrenalina, el vértigo se disfruten con ganas.


   Corre una brisa suave, el aire es caliente, el sol cae a plomo. Hasta donde se alcanza a ver en esta mañana clara y prometedora, las Red Mountains, el desierto, el cielo protector. De un lado, la silueta inconfundible de Las Vegas, la aguja del Stratosphere, la pirámide del Luxor, los ventanales espejados de la torre Trump, el semicírculo gigante de la High Roller; del otro, la represa Hoover Dam, la represa sobre el río Colorado que enciende los letreros de neón de la ciudad y, en "Transformers", la película, es la base secreta del Sector 7, donde mantienen a Megatron criogenizado.


   Los pies se afirman tanto como pueden de la plataforma de madera construida en la cima de la montaña. Dan ganas de tener un martillo y clavos y fijarlos al piso para que no den un paso más, pero a 1.300 metros de altura, con el equipo puesto y un puñado de valientes alrededor no queda otra, hay que abandonarse a la aventura, aunque uno no entienda qué está haciendo ahí, a unos pocos minutos de las comodidades y el lujo del mundo moderno, SPA, piscina, shopping, martinis agitados pero no revueltos, el paño verde esmeralda de las mesas de de juego y bocanadas de aire fresco y artificial.


   Hay que aguzar mucho la vista, entrecerrar los ojos, para poder ver hasta dónde llega la tirolesa. La otra plataforma, la de llegada, está 700 metros al frente, sobre un valle profundo que se abre como un tajo en el desierto de Mojave, y el vuelo, porque así se siente el deslizamiento por los largos cables de hierro, es pura adrenalina. Un shot de vértigo, velocidad y agitación. Los chicos de Flightlinez Bootleg Canyon lo saben y lo disfrutan, desde el mismo momento en que se suben al viejo colectivo escolar camuflado como para la guerra en el que suben a los pasajeros a la montaña.


   Son cuatro tramos, de alturas, longitudes y velocidades distintas, pero sólo en el primero se siente la inquietud, de ahí en más todo es diversión. Como ocurre en cada uno de los paseos al aire libre que ofrece la ciudad y que completan, como la otra cara de una moneda, la experiencia única de Las Vegas. No importa cuántas veces se haya visto "La gran estafa", el glamour de los grandes hoteles y la agitación de los casinos, a mirar las aguas danzantes frente al Bellagio, es sólo una parte del combo, con papas y gaseosa grande, que disfrutan los viajeros que se animan a apostar fuerte.

La aventura rosa


   En un día soleado, desde el Strip, como llaman los lugareños al corazón de La Vegas Boulevard, la zona donde se concentra el movimiento, las luces y el bullicio, se alcanzan a ver con claridad las paredes rojizas y escarpadas del Red Rock Canyon. Llegar hasta las montañas en las camionetas rosas del Pink Jeep Tours es una experiencia VIP. Es como salir de camping en una limusina, algo que sólo se les puede ocurrir a las mentes brillantes que diseñan las escapadas turísticas de la ciudad que nunca duerme. Un recorrido digno de un príncipe entre desfiladeros, picos rojizos y vegetación achaparrada.


   El vehículo es confortable; las ventanillas, panorámicas, y el guía, experto, por eso su relato, en el que conviven las historias de indios y vaqueros, pioneros en busca de oro y serpientes, escorpiones y arañas venenosas, hacen que el paseo se convierta en una aventura digna de vivir y contar. Al atardecer las montañas se encienden de colores vivos que van del gris oscuro en la base hasta una amplia gama de rojos, ocres y dorados a medida que se llega a la cima, una invitación irresistible a parar y tomar fotografías, ese esfuerzo inútil que hacen los turistas por inmortalizar una sensación en una imagen.


   Si se tiene suerte y se llega en el horario indicado, se pueden ver los coyotes, no son tan ocurrentes y desgraciados como el pobre de Wile E. que creó Chuck Jones para la Warner y que persigue sin suerte al Correcaminos desde siempre y para siempre, pero su presencia es inquietante, el desierto en su estado natural, el salvaje oeste sin el maquillaje de Hollywood. El paraje, un paraje digno de una aventura de ciencia ficción en Marte, es el paraíso para los amantes del senderismo y el "scenic loop", la vuelta de 21 kilómetros que lo atraviesa de punta a punta, atrae a ciclistas de todo el mundo.


   La excursión hace una parada en Visitor Center, donde hay una tienda muy bien provista, donde no sólo se puede comprar lo que se olvidó de llevar o un souvenir que inmortalice en una repisa del living la visita al Red Rock Canyon. También, gracias a la didáctica exhibición a cielo abierto montada en la parte trasera del edificio, es fácil darse una idea exacta de lo que se va a ver, conocer su historia, y lo más importante, se pueden identificar los puntos de interés, como La Madre, el pico más alto de las sierras que alcanza los 2.485 metros sobre el nivel del mar. Por supuesto, hay snacks, bebidas y baños, pero no wifi.

Noche de ronda


   Cada escapada a la naturaleza tiene su merecida recompensa al volver al hotel, puede ser un chapuzón en la piscina o un masaje relajante en el SPA, seguro, después de la cena, que inevitablemente es temprano, cuando el sol apenas se esconde en el horizonte, se puede elegir entre ir a una fiesta a alguna de las terrazas, tomar unos tragos mientras se espera que la bola deje de dar vueltas a la suerte o ir al teatro, porque la noche de Las Vegas tiene una cartelera más luminosa que Broadway. La variedad es asombrosa. Hay grandes estrellas, musicales, circo, magia, música y, por supuesto, comedia.


   Como en las grandes capitales del mundo, se puede comprar tickets con descuento para las funciones del día, aunque lo más recomendable es reservar con tiempo. Más si se quiere ver "La Rˆve", el espectáculo de danza, ritmo y fantasía que se presenta en el teatro del hotel Wynn. Desde que se pone un pie en la sala, un exquisito teatro abovedado con una piscina circular en el centro, es inevitable quedar deslumbrado por las destrezas del elenco integrado por bailarines, acróbatas, nadadores y clavadistas que cuenta una historia de amor y ensueño entre aguas que juegan al compás de la música.


   La cartelera nocturna, una caja llena de sorpresas, propone curiosidades inimaginables. "Circus 1903", sin dudas, es una de ellas, acaso la más asombrosa, porque, con una puesta que recrea la magia irresistible de la era de oro del circo, seduce a grandes y chicos. Equilibristas, magos, gimnastas y titiriteros fabrican un mundo imaginario donde conviven los freaks de las ferias que recorrían los pueblos y erizaban la piel con la ternura de una familia de elefantes hechos, como el Halcón Maltés, con la materia con la que se fabrican los sueños. No todo es asombro y fascinación, hay también una profunda ternura.


   Acaso la mayor rareza que se puede encontrar en las noches de Las Vegas asoma en el Miracle Mile Shop. Se trata de "V - The Ultimate Variety Show", un espectáculo que, en clave de comedia, presenta versiones remozadas de los números clásicos del teatro de variedades, con un condimento extra: el hilo conductor lo trazan "Los Huinca Gauchos", un desopilante dúo de malambo que, con una destreza asombrosa, es capaz de reírse del género y a la vez revolear las boleadoras como expertos. Son el Turco Quevedo y Juan Carlos "Juanqui" Figueroa, dos argentinos pícaros y talentosos.

La serpiente eléctrica


   Que Las Vegas es una ciudad asombrosa no hace falta decirlo. Basta haber visto un capítulo de "CSI" para saberlo. La serpiente eléctrica del Strip, el nervio de las apuestas, los shows, todo se ve o se intuye en el vuelo sobre la ciudad con el que se regodea la serie mientras suena hipnótico el tema de The Who "Who Are You". Pero estar ahí y contarlo es otra cosa. La vieja Freemont St., donde empezó todo, con sus artistas callejeros y sus desnudistas; la enorme estructura metálica de la Tour Eiffel, siempre iluminada, y el canto de los gondolieri en los canales de los Venetian Shops. Las Vegas es eso y mucho más.


   En ese torbellino de diversión siempre hay lugar para una sorpresa más. Queda claro cuando se acaricia el cielo mientras se gira en la High Roller, que es como el London Eye, pero más alta, alcanza los 167,3 metros y arriba, con las estrellas en las narices, no se siente más que placer. La vuelta se puede dar disfrutando de un happy hour con barra libre, dejándose tentar por una degustación de chocolates o relajándose con una clase de yoga en las aéreo. Siempre con un estilo digno del legendario "Viva Las Vegas" de Elvis Presley, como todo lo que pasa y queda en la ciudad del pecado.


   Entre los clásicos se cuentan la montaña rusa del New York, New York, que serpentea a máxima velocidad entre anuncios de neón y aullidos estremecedores, y, claro está, comer sin límites en alguno de los buffets de los grandes hoteles que en su menú de "tenedor libre" ofrecen desde una amplia variedad de pastas y pizzas hasta salmón rosado con alcaparras, un manjar de los dioses. Uno de los mejores, el Bacchanal del Caesars Palace, que le suma a su elegante decoración de diseño sabores y colores dignos de un emperador romano. Nadie se resiste a la mesa de postres que, sin dudas, es asesina de dietas.


   En Las Vegas todo es una locura, la escala, el ajetreo, el colorido impensado del cielo de sus atardeceres y de sus amaneceres también, la ubicación, en medio del desierto. Se puede estar bajo techo y al aire libre, sentarse en el ring side en un combate por el título mundial de boxeo o enfrentarse a un ejército de alienígenas en una nave espacial a la deriva, con un casco de realidad virtual y una poderosa arma láser. Todo es extraordinario y a la vez absolutamente natural. Desayunar en París y cenar en Venecia. Las luces que enceguecen y el más grandioso aire libre. Es su decisión.


Un trabajo para pasarla de maravillas

"El trabajo es todo lo que se está obligado a hacer; el juego es lo que se hace sin estar obligado a ellos". Lo dijo Mark Twain, el autor de "El príncipe y el mendigo", y no podía ser más cierto. Al menos es lo que se piensa y se siente también cuando se paga el ticket de "Dig This", la atracción más extravagante y divertida que alguien fuera de sus cabales fue capaz de imaginar y que solo puede encontrarse en Las Vegas.

   Está en el norte de la ciudad, entre la agitación del Strip y la nostalgia de Freemont St., en un descampado alejado del las luces y el ruido que aman los turistas y que, después de un par de días, o mejor dicho, de noches intensas, pide a gritos un descanso. Ahí es cuando este patio de recreo y piso de tierra y arena y surcos profundos y nerviosos que revelan que por ahí pasó maquinaria pesada , cobra su verdadera dimensión.

   Son dos hectáreas destinadas al esparcimiento de los valientes que se animan a manejar un retroexcavadora o una excavadora hidráulica puede ser una gran aventura. Y lo es, porque cavar un pozo tan profundo hasta que tape la cabeza es un trabajo que, cuando deja de lado las obligaciones, divierte tanto como un juego. Y, aunque usted no lo crea, lo que para un operario puede convertirse en una tortura resulta pasatiempo fantástico.

   "Dig This" fue creado en 2007 por Ed Mumm, un neozelandés que aprendió a operar equipamiento pesado cuando estaba construyendo su nueva casa en Colorado y lo disfrutó a lo grande.

   Su espíritu emprendedor lo llevó a crear el concepto que erigió en un éxito a la atracción que sorprende y entusiasma a los visitantes a Las Vegas. Ganó premios, ganó dinero, pero lo que más le gusta de su trabajo es que ganó amigos, y eso no tiene precio.

Cómo llegar

Copa Airlines
Desde el 1º de junio de 2016, tiene una frecuencia diaria de Rosario a Las Vegas, con escala en el aeropuerto de Panamá. Sale del Aeropuerto Islas Malvinas, en Fisherton, a la 1.21. La tarifa con impuestos es de 1.339 dólares. También ofrece vuelos desde los aeropuertos de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.

Alojamiento

Tropicana
Las Vegas brinda un menú de hoteles capaz de satisfacer los gustos más exigentes y todos los presupuestos. El Tropicana, recientemente remodelado, es ideal para el viajero que busca comodidad, servicios de calidad y buen precio. Está ubicado en 3801 S Las Vegas Blvd, Las Vegas, NV 89109. Reservas al 1.800.GO2.TROP(462.8767). *

Dónde comer

Herrigbone
Ubicado en el hotel Aira, uno de los más elegantes de Las Vegas Blv., Herrigbone se especializa en platos en base a frutos de mar y cocktails en un ambiente relajado, un paraíso al aire libre en una terraza arbolada y silenciosa. La carta fue diseñada por el cheff Brian Malakey. Está en el 3730 S Las Vegas Blvd, Las Vegas, NV 89109.

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