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Lima, la Ciudad de los Reyes: entre parques, suspiros y un viejo poema de Vallejo

Museos, plazas y una gran feria de libros usados son algunos imperdibles de la Ciudad de los Reyes. De la coqueta Miraflores a la colonial Barranco, un paseo literario por la capital peruana.  

Domingo 08 de Febrero de 2015

En Lima, la Ciudad de los Reyes, no llueve. En realidad, el dato describe la ausencia en la capital peruana de las tormentas tal y cual se presentan en otros lugares, como en la Argentina misma. Lo que cada tanto corta el húmedo clima de esta metrópoli de la costa del Pacífico es una fina garúa que apenas si logra mojar sus calles.

Por eso, y sin fuertes precipitaciones a la vista, Lima se presenta a lo largo de todo el año como un destino para visitar y dejarse perder en ese exquisito mix que conjuga la modernidad de una ciudad capital con el peso de su riquísima historia. Que, entre cholos y zambos, condensa mucho de la leyenda indoamericana.

Pero, ¿por dónde empezar a recorrer una gigantesca ciudad en la que en cada esquina laten relatos y marcas de la colonia? Las mismas calles que varias generaciones recorrieron de la mano de Mario Vargas Llosa acompañando a “La tía Julia y el escribidor” o a Santiago Zavala y esa luminosa “Conversación en la Catedral”, donde desde la puerta de un diario Zavalita “mira la avenida Tacna, sin amor” y se pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú”.

Es la Lima donde su Plaza de Armas se encuentra encajonada por el Palacio de Gobierno, la Catedral, la Municipalidad y el Club de la Unión. Auténticos monumentos arquitectónicos que iluminan el parquizado que rodea las palmeras de “la perfumada y profunda” plaza, como la describió Raúl González Tuñón en el cuento “La niña de moda”.

También es la ciudad que alberga a tres de cada diez museos del Perú, como el Arqueológico Rafael Larco Herrera, el Museo del Oro y su maravillosa colección de objetos elaborados por civilizaciones preincas (o preincaicas), y el Nacional de Arqueología, Antropología e Historia, el más antiguo del país. Otro sitio para visitar es el polémico y perturbador Museo de la Inquisición, con instrumentos y figuras humanas que simulan los tiempos de la tortura. Para agendar: la Casa de la Literatura, inaugurada en 2008 para acercar a nuevos lectores a los grandes escritores del Perú y que alberga a cerca de veinte mil libros. Está ubicada en la antigua Estación de Desamparados, en el centro histórico de la ciudad. Desde este espacio se generó el Mapa Literario de Lima, un proyecto que rastrea las huellas de los escritores limeños.

Frente al luminoso edificio del Correo con sus techos vidriados y paredes color salmón, y cruzando el jirón Camaná, se levanta la basílica y convento de Santo Domingo, con tesoros que se aprecian a simple vista, sin necesidad de ser un gran conocedor de la historia local. Sus patios interiores de decoradas columnas con mosaicos, su biblioteca repleta de material incunable y una majestuosa sala con finísimas sillas de cedro del coro son la antesala para visitar la tumba de los dos santos nacidos en tierras peruanas: San Martín de Porres y Santa Rosa de Lima.

Los restos del primero descansan en una capillita donde se encuentra su sepultura y una pequeña urna donde se conservan las maderas de su cama. Para llegar a la tumba de Santa Rosa de Lima hay que bajar en silencio y un poco encorvado por unas estrechas escaleras. Un largo semicírculo con pisos de mosaico amarillo culmina en un pequeño altar de mármol, con una placa que reza: “Hago donación de mi cuerpo a mis hermanos Dominicos”. Allí descansa la “apacible y dulce” joven religiosa que, como narró Leopoldo Marechal en su biografía de la santa, “si vivió tan sólo un mediodía de la tierra” (murió a los 31 años), ese tiempo le bastó “para ganar el salario del día eterno”.

Cerros de libros. Desde el centro de la plaza San Martín, la estatua ecuestre del Libertador mira hacia el horizonte infinito. Centro de una Lima del sincretismo religioso y cultural que amalgama historias, geografías y culturas. De los valses limeños y los huaynos de la serranía. De esa Ciudad de los Reyes, tal el nombre con el que la bautizó el conquistador Francisco Pizarro en 1535.

Cruzando la Plaza San Martín, y hasta la avenida Alfonso Ugarte, se encuentra la calle Jirón Quilca. El nombre proviene del quechua y significa “arte rupestre”, aunque otras acepciones lo traducen como “escritura”. Y mucho de eso hay en este reducto de libreros que, para el turista lector, es sencillamente un oasis de textos que rescatan a lo largo de cinco cuadras lo mejor de la narrativa, el ensayo, la poesía y la historia política peruana.

Un negocio pegado al otro exhiben verdaderos cerros de libros. En el caos se observan a muy buen precio y en bellas ediciones los poemas de José Santos Chocano y César Vallejo, aquel de “Los heraldos negros” y “Trilce”. En otro estante se asoma José María Arguedas con “El sexto” y “Los ríos profundos”, Manuel Scorza y la pentalogía iniciada con “Redoble por Rancas” y “Los Perros hambrientos” de Ciro Alegría. Amén de los consagrados textos de Mario Vargas Llosa, Bryce Echenique, Santiago Roncagliolo y Jaime Bayly, también es una buena chance para dejarse maravillar por jóvenes autores como Daniel Alarcón, autor de “Radio Ciudad Perdida”.

El visitante revuelve, explora y llena el bolso de libros. Parece que ya compró suficiente hasta que se topa con la rebelión de Tupac Amaru contada por Daniel Valcarcel, con Raúl Haya de la Torre y las páginas escritas sobre la historia del Apra y con la prolífica obra de José Carlos Mariátegui, uno de los pensadores más originales del socialismo latinoamericano. Ya no hay cómo ni dónde llevar tanta lectura, pero la chance de aprovechar las ofertas de jirón Quilca supera toda previsión.

Chorrillos
La bella costanera del distrito de Chorrillos, otro sitio para conocer de Lima.
La bella costanera del distrito de Chorrillos, otro sitio para conocer de Lima.

Tal vez haya tiempo para un último paseo por la embellecida ribera de Chorrillos. O por la siempre coqueta Miraflores, donde desde una gigantesca escultura dos enamorados se besan en el malecón del Parque del Amor, bordeados por un muro ondulante que refleja románticas frases de reconocidos escritores latinoamericanos como Vicente Huidobro y Ernesto Cardenal. Cuando cae la tarde es el punto de reunión de los parejitas y el escenario de las fotos de rigor de los recién casados.

Miraflores
Miraflores romántica. Una gigantesca escultura de dos enamorados que se besan en el malecón del Parque del Amor es el lugar de encuentro de las parejas limeñas.
Miraflores romántica. Una gigantesca escultura de dos enamorados que se besan en el malecón del Parque del Amor es el lugar de encuentro de las parejas limeñas.

O quizás sea el momento de tomar el transporte público hasta el colonial y pintoresco distrito de Barranco, cruzar la avenida Pedro de Osma y bajar hasta el Puente de los Suspiros. El corredor tienen un poco más de 40 metros de largo y guarda una linda leyenda: se dice que quién ve el puente por primera vez tiene que pedir un deseo (de amor, por supuesto), cruzarlo conteniendo la respiración y soltarla cuando se llega al otro extremo. Un poco de magia e ilusiones para ayudar al corazón. Por eso Chabuca Granda le cantó aquellos versos que decían: “Puente de los suspiros, quiero que guardes en tu grato silencio mi confidencia”. Un deseo, un cruce y un suspiro.

Suspiros VIDEO


Terminó la caminata. El bolso está lleno de libros viejos que piden ser desempolvados y devorados; y con los pocos soles —la moneda oficial del Perú— que quedan sin gastar se improvisa un descanso. Llega el momento de sentarse en un apacible bar de Miraflores, donde en una mesa un padre y un hijo ordenan una suculenta pizza con raras especias. No hay tiempo para anticuchos o ceviche. Mucho menos para un vasito de pisco sour. Tan sólo una pizza bien picante, bien de Lima. Casi un pecado en una ciudad con una oferta gastronómica para comer tan bien y en abundancia.

El menú viene acompañado junto a una botella de Cusqueña, la cerveza más popular del Perú. En el brindis se rompe sin querer un vaso, mientras a un par de metros de distancia un grupo de pibes con pinta de secundarios pasea cantando y carcajeando.

El momento es único e irrepetible. El sol pega con ganas en el mediodía de la paqueta Miraflores. Y en la sonrisa de ese viejo charapa —como se los llama a los nacidos en la Amazonía— que ahora levanta su vaso a la salud de Lima junto a su hijo que va a atesorar ese instante eterno tanto o más que los libros de los grandes escritores de la tierra incaica.

Allí, el más joven hojea uno de los tesoros encontrados en jirón Quilca y también sonríe. Deja marcada una página del libro y brinda. Por el descubrimiento de Lima, esa Ciudad de los Reyes, la de los libros y la de los viejos recuerdos aún vivos de ese peruano nacido en Iquitos y criado en el corazón de Lima. Un instante tan sutil como el que describe César Vallejo en el poema “Los pasos lejanos”, donde sobre el final, y refiriéndose a sus padres, declara: “Por ellos va mi corazón a pie”.

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Puente de los Suspiros. Miles de turistas visitan la capital peruana y no pierden la oportunidad de conocerlo.
Puente de los Suspiros. Miles de turistas visitan la capital peruana y no pierden la oportunidad de conocerlo.


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