Turismo

La vida sin celular, ni televisión, ni internet

Sin resultados de partidos de fútbol, no hay noticias, y no se sabe “si pasó algo o no” en el mundo, que obviamente sigue andando.

Domingo 12 de Octubre de 2014

“¿Qué día es hoy?”, surge la pregunta el último día en el crucero de expedición Stella Australis. Tres días sin conexión al teléfono, internet ni televisión, es una aventura por sí sola. Casi un aprender a vivir, un reencuentro con uno mismo, con los otros. “Hacía tiempo no conversábamos tanto”, admite una pareja en el almuerzo que revelan que sus encuentros están casi siempre intervenidos por la presencia del televisor.

Sin resultados de partidos de fútbol, no hay noticias, y no se sabe “si pasó algo o no” en el mundo, que obviamente sigue andando. Otros descubren que sin angustias sobrellevan la situación de no tener novedades de sus hijos de los que se separan por primera vez durante tanto tiempo.

El primer día fue el más complicado, los chilenos pasadas varias horas de navegación aún conservaban señal en los teléfonos y se los podía ver en los rincones estirando los brazos para arañar conexión, otros miraban igual sus teléfonos, revisando conversaciones de chat ya acabadas, o repasando los últimos tuits que bajaron antes del corte, casi por inercia se continuaba mirando el teléfono. Hasta que ya está. “Lo dejé en la habitación”, respondió uno de los muchachos al que se lo veía más pegoteado a su móvil.

Tal fue el sobresalto que ‘la vida sin celular’ se transformó en tema de conversación durante las sobremesas, en donde paralelamente —y como contradicción— se armaban listas imaginarias de futuras consultas y dudas para hacer a Google cuando se obtenga de nuevo el contacto.

“Es una decisión mantener el asilamiento, es un barco de expedición. Acá viene gente que viaja por todo el mundo, si quieren estar conectados traen sus propios teléfonos satelitales”, explica Mauricio Alvarez, jefe de expediciones, que adelanta no hay intenciones de modificar lo que ya considera una estrategia de vínculo con la naturaleza.

Apareció la señal y comenzaron a agobiar los mails. “¿Es jueves, viernes o sábado?”, insiste.

“No sé qué día es hoy” es la respuesta final, tan mágica como el paraíso austral.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario