La oreja de Dionisio, una gruta de Sicilia cargada de leyendas y vibrantes relatos históricos
La gruta se emplaza en el Parque Arqueológico, del barrio de Neapolis. Un vasto espacio con vestigios del pasado griego y donde están las canteras de roca caliza con las que se levantó la ciudad de Siracusa.  

Domingo 28 de Diciembre de 2014

Son varias las historias que  se relatan alrededor de La oreja de Dionisio, la gruta cavada en la colina de las Temenitas y de unas dimensiones increíbles. La más escuchada es la que cuenta que allí encerraba a sus prisioneros el famoso Dionisio, más conocido como el Tirano de Siracusa (siglo V a.C.). El lugar funcionaba como una especie de calabozo gigante, que por la acústica impecable que lo hace tan especial le permitía al emperador escuchar lo que sus esclavos y prisioneros planeaban. También para hacer oír más fuertes los castigos que les infligía.

Hay un relato bien verosímil si se quiere conocer algo de la personalidad de este batallador. En su libro “El Tirano”, una historia novelada de Dionisio, el escritor Valerio Manfredi lo describe como el guerrero que a los 22 años era el más fuerte de Siracusa: “No tenía rival en el manejo de las armas, en resistencia al cansancio, a las privaciones y al dolor… era temerario, no respetaba a dioses ni a hombres que demostraran no merecerlo…Y siempre miraba fijamente a los ojos a un hombre antes de matarlo”.

Manfredi dice en su libro que Dionisio era “temido por quienes se oponían a su política y amado por todos aquellos que vieron cómo Siracusa se convertía en la ciudad más próspera del mundo griego, embelleciéndose con magníficos monumentos que aún se conservan”.

Esa descripción de Dionisio hace más creíble lo que se cuenta del destino que tenían los que iban a parar a la gruta, y desde ya alimenta lo misterioso del sitio y vuelve bien curioso su recorrido. De hecho es uno de los puntos de referencia que marcan todas las guías de turismo que invitan a conocer Siracusa (Sicilia).

La gruta se emplaza en el Parque Arqueológico, del barrio de Neapolis. Un vasto espacio con vestigios del pasado griego y donde están las canteras de roca caliza con las que se levantó la ciudad siciliana. La más conocida es la del Paraíso, donde está La oreja de Dionisio.

¿Y por qué ese nombre? Fue el pintor italiano Michelángelo Caravaggio quien, en un viaje por Sicilia en 1586, visitó el lugar y al encontrarle a esta gruta una similitud con una oreja y unirla a la historia del Tirano de Siracusa la bautizó como “Orecchia di Dionisio”.

La gruta se ubica justo detrás del bellísimo Teatro Griego, aquel por donde pasó Platón, antes de que Dionisio decidiera venderlo como esclavo por predicar contra su absolutismo. Es tan perfecto que aún hoy se siguen realizando espectáculos artísticos. No es casual la cercanía entre una y otro: aunque se tejan leyendas y relatos sobre el uso de esa gruta, hoy se sabe que la verdad es que su peculiar acústica servía de caja de resonancia para las representaciones en el teatro.

Un camino rodeado de arbustos lleva a La oreja… La gruta es de dimensiones fantásticas: 23 metros de alto, 65 de profundidad y el ancho oscila entre los 5 y los 11 metros. Eso sí, la luz es sólo al ingreso, luego hay que animarse a la oscuridad que sólo admite divisar las siluetas de los turistas que van entrando. Nada más. La tentación que sigue está en hablar fuerte, cantar y hasta gritar en todos los idiomas. Nadie se resiste a esa atracción.
 
En el extremo más moderno de la ciudad, cruzando el Ponte Nuovo, se ubica este Parque Arqueológico lleno de relatos inolvidables como el de La oreja de Dionisio. El principal centro histórico de Siracusa está en la península de Ortigia, un destino en sí mismo. De un lado o de otro, y sobre el Mediterráneo, descansa esta ciudad que compite en testimonios y belleza con otras de las tantas encantadoras que pueblas Sicilia.