Turismo

La familia es lo primero

Los Angeles es una ciudad ideal para un viaje familiar. Más allá de sus distancias abrumadoras, ofrece un menú de atracciones para niños, playas y paseos al aire libre que entusiasman. Desde Disneylandia hasta Surf City, en la costa del Pacífico, la ciudad y sus alrededores entusiasman, tanto como Hollywood y el glamour de las estrellas de cine.

Domingo 07 de Julio de 2019

Peatonal. El Third Street Promenade es el corazón comercial de Santa Mónica, ahí se concentran los locales de las marcas más cotizadas y la vida social.

Basta poner un pie en LAX, el icónico aeropuerto de Los Angeles, para sentirse dentro de una película. ¿Cuántas veces vimos la torre de control que parece una nave marciana y cuántas más, a nuestros actores favoritos partir o llegar, maleta en mano, con esa promesa de acción y emoción que solamente el cine es capaz de cumplir? Es la puerta de entrada de la fábrica de sueños más maravillosa del planeta, Hollywood, y mucho más.

La ansiedad es incontenible, ni bien el auto empieza a rodar por la autopista, esta, esa, aquella, no importa, es lo mismo, LA está lleno de autopistas y todas son adrenalina pura, seis, siete, ocho carriles de coches deslumbrantes, camiones que braman como toros salvajes, laberintos de entradas y salidas, carteles que pasan tan rápido que son imposibles de leer, ni bien empieza la veloz carrera, la vista se clava en las colinas.

Es inevitable buscar en el horizonte las nueve letras blancas que forman el cartel más famoso del planeta. No es tan fácil hallarlas, aún con la ayuda mágica del GPS es un albur. Es más, con las coordenadas precisas, verlas depende de otros muchos factores, por ejemplo, no caer en hora pico -aunque en LA todas las horas son pico-, estar lo suficientemente cerca -el cartel siempre está lejos-, y lo peor de todo, que la bruma no se ponga a jugar a las escondidas.

Ahora, cuando finalmente aparece, ya sea paseando sin rumbo por Mullholand Drive o parados en la pasarela del shopping que está junto al Dolby Theatre, resignados, porque es ahí donde lo fotografían los turistas, la alegría es incontenible. Como cuando se ven por primera vez la Torre Eiffel o el Empire State o la Muralla China, y es ridículo, porque es el anuncio de una urbanización, instalado en 1923, y que ni siquiera es el original.

La fama es puro cuento

El teatro, elegante, señorial, pero moderno, abrió en 2011 para que ser el hogar de la entrega de los Oscar y con el tiempo se convirtió en un emblema del mundo del espectáculo, por su escenario pasaron desde Céline Dion hasta Paul McCartney, hasta clásicos de Broadway como "Grease" y grande shows de Las Vegas, como el Cirque du Soleil. Está tan cerca del Teatro Chino, el emblema del barrio de las estrellas, que parecen hermanos siameses.

Caminar por Hollywood Boulevard es una caja de sorpresas, y es la primera parada, inevitable, cuando se viaja con niños, ahí está el Madame Tussaud Museum y sus figuras de cera de las celebridades, la galería de curiosidades Ripleys Believe It or Not, El Capitan Theatre, que estrena las comedias musicales de Disney, y el Paseo de la Fama, que invita a buscar las estrellas de tus ídolos y sacarte una selfie, y otra, y otra más.

Los chicos se entusiasman con los negocios de merchandising, que son enormes, coloridos, luminosos y tienen de todo un poco, estatuillas de Oscar que premian a las mejores madres, padres, abuelos, tías, novias y se venden como pan caliente, claquetas, fotos de películas y los mapas de las casas de las estrellas de Hollywood que son vistosos, pero que los vecinos del barrio los miran pícaros, como si supieran que esconden más de lo que muestran.

   Más allá está Sunset Streep, el barrio que concentra la vida nocturna de la ciudad, ahí se disputan la atención de todas las miradas los carteles publicitarios, antes de neón, hoy de leds, de las marcas icónicas de Estados Unidos y las discos Whisky a Go Go, The Roxy y The Viper Room, el club de rock que se hizo famoso porque River Phoenix, el actor más prometedor de su generación, murió de una sobredosis de droga y se convirtió en leyenda.

El sueño americano

Son historias que los niños aprenderán más adelante, ahora, para ellos, Los Angeles es la meca de los parques de diversiones y las playas extensas y de arenas doradas. Para los amantes de Harry Potter y sus historias mágicas, está Universal que, con la garantía que le da uno de los estudios de cine más prolíficos de la historia, recrea los escenarios de las películas basadas en la exitosa saga literaria de J.K. Rowling.

   También, tiene un gorila gigante y enamoradizo llamado King Kong, un paseo por los escenarios de películas de todos los tiempos que incluye un alto en el siniestro motel de “Psicosis” de Alfred Hitchcock y montañas rusas que le compiten de igual a igual a los parques de Six Flags Magic Mountain, que desde 1971 le pone los pelos de punta a los visitantes a Santa Clarita, y el nada inocente Knott?s Berry Farm de Snoopy, en Anaheim.

   Es ahí, en el extremo sudeste del condado, donde empezó todo. Y sí, en esa tranquila colonia que fundaron los alemanes a mediados del 1800, fue donde Walt Disney imaginó, construyó y convirtió en una marca indeleble a Disneylandia, un complejo de entretenimientos que es mucho más que sus dos parques de diversiones, el Downtown Disney que concentra su animada área comercial, sus resorts temáticos y sus personajes emblemáticos.

   Es el paraíso de los chicos, y de los grandes también, aquí, allá y en cualquier parte, cuando uno menos lo espera, se puede topar con una princesa de un cuento de hadas o con Mickey, Minnie o el inefable Pato Donald, y jugar el juego que más les gusta, hacer la delicias de los niños. También, se puede pilotear el Halcón Milenario de Han Solo en el “Star War: Galaxy Edge”, que recrea los escenarios de las películas creadas por George Lucas.

Las olas y el viento

A media hora de auto están la costa del Pacífico y sus pequeños poblados de playa. El primero y el más encantador es Huntington Beach, que los locales llaman con buen tino Surf City y no es para menos, ya que reúne la combinación perfecta de deportes acuáticos, tranquilidad pueblerina y vida nocturna. Tiene 14 kilómetros de playa, olas con un efecto natural único y un largo muelle que se interna en el mar desde donde se ven los atardeceres más hermosos.

   Un poco más al norte, otra media hora por la carretera de la costa, está Long Beach. La ciudad se ganó un nombre gracias al surf -la leyenda cuenta que fue ahí donde las primeras tablas desafiaron las olas-, a su circuito callejero de carreras de autos y a que fue la cuna de Miss Universo. Hoy en sus playas está prohibido el surf, porque se construyó un rompeolas para proteger a los buques de la Marina, así que son ideales para ir en familia.

   En Long Beach está anclado el Queen Mary, un crucero grandioso que surcó los mares hasta 1967 y que hoy funciona como hotel y restaurante e invita a los visitantes a imaginar cómo era viajar en un transatlántico de lujo. Es una experiencia fascinante que si se cierran los ojos y se deja volar la imaginación el rumor del mar traerá a la memoria las deliciosas imágenes de la película “Titanic” y el romance entre Leonardo Di Caprio y Kate Winslet.

   La costa de LA todavía guarda más sorpresas. Aquí y allá, tomando alguno de los desvíos que llevan inevitablemente al mar hay pequeños pueblos que invitan a hacer una parada y disfrutar de el viento salado y un buen plato de mariscos. Lo bueno es que no hay que preocuparse por a dónde ir, ni seguir atentamente las indicaciones del GPS, con tomar algunas de las salidas y manejar en dirección al poniente es suficiente, ahí nomás encontrará el paraíso.

Quiero ser grande

La carretera, y más si se avanza a paso de hombre, suelen aburrir a los más pequeños y en los viajes largos no hay tablet ni tentempié que los calme. A no desesperar, el esfuerzo vale la pena. Al final del camino está Santa Mónica, la joya más preciada de la costa californiana. Es la ciudad de Christian Bale y Sean Penn, de Miles Davis y Courtney Cox, de Geraldine Chaplin y Christina Ricci, así que no es raro cruzarse con una estrella, solo hay que estar atento.

   Es un genuino destino de playa, tiene de todo, alojamientos elegantes, gastronomía de autor, tiendas de alta gama, glamour y distinción, pero no deja de ser un lugar ideal para vacacionar en familia. Es que a ciento cincuenta metros de uno de los locales de Tesla más exclusivos de California se puede retozar con los chicos mientras las olas les acarician los dedos de los pies y construir enormes castillos de arena dignos de los reyes de “Game of Thrones”.

   El muelle de la ciudad, que se interna en el océano entre negocios, bares y animados puestos callejeros, es icónico. Llegando en coche por la ruta 1, que bordea el mar desde San Francisco hasta San Diego, es lo primero que se ve a la distancia. Una silueta imponente que se eleva sobre las olas y lanza destellos de colores, de día, iluminado por el sol, de noche, brillando con las luces de la rueda de la fortuna gigante del Pacific Park.

   Ahí está Zoltar, el genio de ojos profundos, barba negra y turbante dorado que con voz metálica le concede a Tom Hanks el deseo de ser adulto en la película “Quiero ser grande”. También, el primer local de Bubba Gump, inspirado en la historia épica de Robert Zemeckis “Forrest Gump”, y el final, o el comienzo, vaya uno a saber, de la mítica Ruta 66, el sueño de todo amante de los fierros y los paisajes que recorre el interior profundo de Estados Unidos.

Mondo di cromo

Desde el muelle hasta Venice Beach son apenas 15 minutos en bicicleta, pero si el recorrido se hace por la bicisenda que bordea la costa puede llevar todo el día. Son tantos y tan bonitos los lugares que atraviesa que cómo no parar a disfrutarlos, pequeños bares con reposeras para sentarse a mirar el mar, playas de surfistas que bajan de la ciudad con la tabla bajo el brazo y el pelo al viento e incontables personajes que van y vienen bajo el sol.

   La excursión arranca en Muscle Beach, un gimnasio al aire libre donde los aspirantes a Mister Mundo entrenan desde que amanece hasta la puesta de sol, y termina en el paseo marítimo de Venice Beach, un barrio de aire bohemio donde se apiñan artistas callejeros, skaters y turistas en un arco iris iridiscente. Inevitable hacer una parada en Small World Book, el bar y café de techo a rayas rojas y blancas que atesora una librería en su interior.

   Venice es un una galería de arte a cielo abierto. Aquí y allá, y hasta donde uno menos lo imagina, asoman murales con firmas famosas, como la de Rip Cronk, que pintó una docena de estampas, entre ellas el mítico “Morning Shot” de Jim Morrison, el malogrado cantante de The Doors, un viejo conocido de los lugareños, y, claro está, la enorme pintura de 12 metros de altura que decora la medianera del histórico Danny’s Deli de Windward Avenue.

   Si se sigue el camino que trazan los murales, alejándose del bullicio de la playa, se llega hasta los canales de Venice, acaso la ocurrencia más excéntrica de Abbot Kinney, el desarrollador que imaginó y construyó una Venecia en miniatura en el corazón de California. Desde 1905, cuando fueron inaugurados, corrieron una suerte diversa, hoy, luego de un proceso de renovación, conforman un barrio coqueto y exclusivo y, por supuesto, imperdible.

Datos útiles

Cómo llegar

Copa Airlines tiene una frecuencia diaria que une Rosario con Los Angeles, California. El vuelo hace escala en Panamá. Por su puntualidad y calidad de servicio, la compañía fue elegida como la “Mejor aerolínea del año de América Latina” por los usuarios del prestigioso sitio Kayak.com.

Imperdible

Ir a Los Angeles y no disfrutar de una cena al atardecer con la mejor vista de la gran ciudad es un crimen. Hay muchos restaurantes que ofrecen esa posibilidad, pero pocos tienen la historia y la ubicación que Castaway. Emplazado en un exclusivo rincón de las colinas de Burbank -se llega después de dar varias vueltas por Harvard Road-, cuenta con un menú firmado por el afamado cheff Perry Polliaci y unas hamburguesas tan delciosas que no hay dieta que las resista.

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