Entre Praia do Forte y Costa do Sauipe se encuentra este destino, uno de los más elegidos del nordeste brasileño. Mar turquesa, cocoteros y tortugas gigantes componen el paisaje de esta increíble reserva natural.
Domingo 31 de Marzo de 2024
Imbassaí, un pintoresco pueblo costero situado 65 kilómetros al norte de Salvador de Bahía, Brasil, se ha consolidado como un refugio ideal para aquellos que buscan evadir el bullicio de la ciudad y sumergirse en la belleza natural de la región. Sus extensas y hermosas playas lo han posicionado como un destino turístico en crecimiento, atrayendo a visitantes de todo el mundo. Conocida como la “Cancún brasileña”, Imbassaí ofrece un entorno único que combina la serenidad del pueblo pesquero con la exuberancia de su entorno natural.
Ubicado estratégicamente entre los populares centros turísticos de Praia do Forte y Costa do Sauipe, Imbassaí se distingue por su proximidad a una reserva natural que alberga una variedad de ecosistemas, que van desde dunas hasta lagunas, pasando por un río de agua dulce que desemboca en el océano turquesa de esta parte del Atlántico. Pero más allá de los kilómetros de playas paradisíacas que caracterizan a este país tropical, esta combinación de entornos naturales diversos brinda a los visitantes la oportunidad de disfrutar de actividades al aire libre como caminatas, paseos en kayak y observación de aves, todo dentro de un ambiente de tranquilidad y belleza incomparable.
En el corazón de esta reserva se encuentra el Resort Costa dos Coqueiros, un complejo de renombre internacional que ofrece una amplia gama de comodidades y servicios para el disfrute de sus huéspedes, combinado con el clima mágico y tranquilo de este pequeño pueblito costero.
Rodeado de un hermoso cocotero, frente a la desembocadura del río en la playa de Imbassaí, en Costa dos Coqueiros se encuentra una estructura completa frente al mar, en un área de más de 10.000 m², y constituye una experiencia inédita en uno de los destinos paradisíacos más exclusivos de la costa norte.
Muchos aquí, en el nordeste brasileño, se jactan de que las playas son más bonitas que las del Caribe mexicano. No sólo el clima es amable durante todo el año (25 grados promedio), sin huracanes ni grandes tormentas que lamentar, sino que tampoco hay que cuidarse del sargazo, el mar de algas que en ocasiones toma por asalto la Riviera Maya.
En Imbassaí no hay grandes preocupaciones: son nueve kilómetros de arenas blancas que se pierden en el horizonte, bañadas por el agua templada y un mar turquesas, que a veces devuelve a la costa alguna tortuga gigante que perdió el rumbo.
Además de su atractivo natural, Imbassaí también ofrece a los visitantes la oportunidad de explorar su rica historia y cultura. La Línea Verde, una carretera de 142 kilómetros que se despliega desde las afueras de Salvador de Bahía y atraviesa el poblado, es testigo de su pasado y presente, mientras que el Proyecto Tamar, iniciado en la década de 1980 para la conservación de las tortugas marinas en peligro de extinción, brinda una experiencia educativa y emocionante para aquellos interesados en la vida marina y la conservación del medio ambiente.
Un pueblo de pescadores
El pequeño pueblo de Imbassaí tiene menos de 2.000 habitantes y está cortado al medio por el río del mismo nombre y por la ruta turística “Línea Verde”. Desde sus inicios ha logrado conservar su encanto tradicional de pueblo pesquero, que parece detenido en el tiempo, con una población que aún depende en gran medida de la pesca y la agricultura para su sustento.
El ambiente tranquilo va en sintonía con el andar cansino y pausado de los pobladores, algo bastante típico en estos pueblos del nordeste brasileño, donde parecen hacer un culto de un refrán que se lee y repite en algunos lugares de esta zona: “el trabajo es sagrado, no lo toque”.
El impresionante entorno costero
Este simpático y encantador pueblo de Brasil cuenta con varias playas maravillosas que son perfectas para relajarse y disfrutar del hermoso entorno costero. Desde las suaves arenas doradas hasta las aguas cristalinas que invitan a nadar, cada playa ofrece una experiencia única.
La principal playa es la de Imbassaí, que se extiende a lo largo de la costa con su arena blanca y aguas turquesas. Es perfecta para dar largos paseos por la orilla, tomar sol y disfrutar de actividades como el surf y el stand up paddle. Además, cuenta con varios bares y restaurantes a lo largo de la playa, donde se pueden degustar platos locales y refrescantes bebidas tropicales.
También se destacan la playa de Santo Antônio, ubicada al sur de Imbassaí, que es conocida por su tranquilidad y belleza natural; la playa de Diogo, que, situada al norte del pueblo, es menos concurrida que otras playas de la zona, lo que la convierte en un lugar perfecto para aquellos que prefieren la privacidad y la tranquilidad.
Cómo llegar
Desde Rosario hay una salida grupal el 21 de abril, a través de Gol, con cupos confirmados y escala en Río de Janeiro. Incluye equipaje.
Dónde alojarse
El Resort Costa dos Coqueiros ofrece 52 departamentos, cinco piscinas con opciones para adultos y niños, hidro, salón de juegos, espacio para niños y cancha deportiva. Además, un auditorio para eventos, restaurantes y un bar exclusivo.
El paquete incluye el alojamiento por 9 noches, con media pensión, pasaje ida y vuelta, traslados al hotel y seguro médico; tiene un costo de 1.540.000 pesos.
Hotel Resort Costa dos Coqueiros - Playa de Imbassaí - Bahía
Zona de tartarugas
A menos de 15 minutos de Imbassaí se encuentra Praia do Forte, algo así como la capital brasileña de las tortugas marinas. En ese lugar está localizado el predio del Proyecto Tamar, una ONG abocada a proteger a las enormes tortugas verdes de la extinción en la costa de Brasil. El complejo de Tamar está ubicado sobre la costa y a lo lejos se despliega el mar azul con sus barreras de coral, que se tapan o destapan según los caprichos de la marea.
En la década del 80, cuando arrancó este proyecto de conservación, las tortugas marinas (cinco especies distintas de las 17 que existen en todo el mundo) casi se extinguieron en Brasil. Esta ONG tiene el mérito de haber salvado a las tortugas marinas de su extinción total durante los ’80. Estos reptiles fueron devastados por la pesca industrial, ya que quedaban prisioneros en líneas kilométricas de 50.000 anzuelos que lanzaban los barcos pesqueros. Durante décadas, la legislación brasileña intentó frenar la masacre y, cuando finalmente puso un límite a la pesca (se modificó la fisonomía de los anzuelos para que las tortugas no se engancharan), apareció un nuevo enemigo: el plástico. Hoy, la mayoría de las tortugas verdes que aparecen sobre la costa. completamente exhaustas, han sido atrapadas en restos de plástico arrojados por el hombre.
La visita al predio de Tamar cuesta 26 reales y tiene piscinas con mantarrayas y tiburones lixa, que casi siempre duermen en los fondos cavernosos del mar. También funciona un hospital de urgencia en donde siempre se está recuperando alguna tortuga para ser devuelta al mar cuando tenga su alta médica.