Turismo

Escapada a Beaver Creek

Como todo viajero que se precie de serlo, los amantes de los deportes de invierno son inquietos.

Domingo 31 de Marzo de 2019

Como todo viajero que se precie de serlo, los amantes de los deportes de invierno son inquietos. Sienten una pasión irrefrenable por afrontar nuevos desafíos, intentar un fuera de pista, llegar hasta lo más alto, aunque sea caminando y cargando las tablas al hombro, intentar un salto sin tener certeza con qué se van a encontrar al caer, meterse en un bosque a máxima velocidad, aún sabiendo que nunca han estado ahí y mucho menos cómo van a salir.

   La adrenalina es su combustible y lo desconocido su motor. Por eso, las Rocky Mountains, con sus picos nevados, sus laderas jalonadas de robles, abetos y álamos y sus historias de pioneros rudos y valerosos les resultan irresistibles. Sueñan con cruzarse con un alce o un oso, aunque más no sea de lejos, y probar suerte con un descenso nuevo, si es virgen mejor, y dejarse llevar por lo desconocido con coraje y, sobre todo, buenos reflejos.

   La región les brinda la oportunidad perfecta para explorar sus límites. Además de Vail, que es el top de lo top, en la zona hay varios centros de esquí más pequeños, pero no menos desafiantes. Beaver Creek, que está a apenas está a media hora de auto, cuenta con una gran variedad de pistas, a un lado y al otro de la montaña, y un ambiente íntimo y acogedor que invita a quedarse más allá de la excitante experiencia que garantizan sus laderas empinadas.

   "Lo que más me gusta es que ni en plena temporada hay que hacer cola para subir a los medios", confiesa dejando entrever una sonrisa canchera Alex Whetstone, uno de los instructores más avezados de la escuela de snowboard. Habla mientras se sube a la góndola que lo llevará hasta Red Buffalo, la pista que está en la cumbre de la Beaver Creek Mountain, inevitable punto de partida de toda aventura y lugar de encuentro de expertos y aprendices.

   Beaver Creek está en lo alto del poblado de Avon y sus hoteles están tan cerca de las pistas de esquí que, literalmente, se puede abrir la puerta y subir a la aerosilla. The Osprey, en especial, tiene un acceso directo a la base de Strawberry Park, una de las bajadas más excitantes, y otro, a través de un puente que cruza la calle principal del pueblo y que los esquiadores cruzan deslizándose suavemente, a Centenial, el corazón del centro de invierno.

   En el corazón del pueblo, que es un caserío pequeño y encantador, hay una pista para patinar sobre hielo y varios negocios, entre ellos, una elegante galería de arte. Es un lugar ideal para las familias y más que nada para los niños que convierten cada rincón en un patio de juegos donde moldean muñecos con narices de zanahoria y se trenzan en guerras guerras que si uno se distrae puede terminar con un una bola de nieve estampada en la cabeza.

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