En busca de la historieta perdida a través de las tiendas de cómics del mundo
Las tiendas de cómics son templos hacia los que los fans de aventuras y fantasías peregrinan desde los cuatro puntos cardinales. Tesoros más preciados que pasear a la luz de la Luna o paisajes de ensueño.
Domingo 28 de Julio de 2013
Los lugares dejan recuerdos, marcas, cicatrices. El dulce olor del hachís en los callejones del Borne en Barcelona, las sirenas a lo lejos, siempre a lo lejos, en la noche de Nueva York, el pegadizo ritmo de batucada en los colectivos que vuelven de la playa en Río de Janeiro. Los chocolates Cadbury comprados en las máquinas de la estación de King Cross, con la bufanda a rayas bordó y amarillas hasta las orejas, “The Drawners” de Suede sangrando en la cabeza, en la Londres de ayer, de hoy y de siempre.
Pero las ciudades cambian, como los hombres y mujeres que habitan en ellas, y aquello que el tiempo y la distancia condenó a ser una foto descolorida en el fondo de un cajón ya no está, ni siquiera en la memoria. Es un larga caminata desde Covent Garden, pero vale la pena. Para llegar hay que cruzar el West End, el tradicional distrito teatral londinense, y Seven Dials, donde se levanta el obelisco que señala la convergencia de las siete calles. Si se tiene buen ojo se puede comprar uno de los vestidos que usó Scarlett Johanson en la película “Match Point”, de Woody Allen, o una de las clásicas camperas de piel de cordero de David Beckham. De paso se puede parar en The Crown, tomar una pinta en una de las mesas de la vereda, con la mirada perdida en la taquilla del Cambridge Theatre y el cartel de colores brilantes de “Matilda”, como lo hubiera hecho Amy Winehouse, que le gustaba vagar por el barrio al anochecer, cuando las luces y las sombras dibujan monstruos en las aceras heladas.
Comicana estaba unas pocas cuadras más adelante, en el 237 de Shaftesbury Avenue, en un pequeño local apretado entre dos edificios, una casa de apartamentos de tres plantas, con paredes de ladrillos rojos y aberturas de madera pintadas de blanco y un clásico de la ciudad, la tienda de paraguas de James Smith & Sons, que abrió sus puertas en 1930 y desde entonces saca del apuro a los londinenses que son sorprendidos lejos de casa por alguno de los habituales temporales de viento y lluvia que azotan a la ciudad durante el otoño. Solía ser un local simpático, con el frente pintado de azul Francia, el nombre del negocio escrito con enormes letras amarillas y una pizarra que anunciaba las últimas novedades frente a la entrada. Sus dueños se ufanaban, y aún lo hacen, sólo que en el portal que regentean en internet, de poder conseguir cualquier revista de historietas y de hacer envíos a cualquier lugar del planeta. Su ambiente era acogedor, como el de cualquier comiquería del mundo, aunque sus empleados, que inevitablemente hacían recordar a los de la disquería de John Cusack en el filme de culto “Alta fidelidad”, se empeñaban en hacer sentir el rigor de su ignorancia a los clientes que llegaban al mostrador sin ser expertos.
Sus preguntas, sus sonrisistas, sus miradas de soslayo y hasta el infaltable “¿are you serius?” ante un pedido inocente revelaban que pertenecían a una casta de iniciados con códigos secretos que solamente los nerds conocen. Ya no está, el comercio online se llevó puesta la tienda. Le pasó también a St. Mark’s Comics que, en el corazón del coqueto barrio de Brooklyn Heights, cerró sus puertas. Estaba en el entrepiso del 148 de Montagne Street, en un edificio bajo de ladrillos vistos con un amplio ventanal a la calle. Encerraba tesoros insospechados, desde ejemplares incunables de “The Amazing Spiderman” hasta figuras de acción de Batman fuera de catálogo. Era unaparada obligada al volver del paseo por el borde del río Hudson para sacar fotos del asombroso paisaje que forman edificios en la orilla opuesta, en Manhattan, y de la casa que compartieron Arthur Miller y Marilyn Monroe, en la esquina de Pierrepont Street y la propia Montagne. Un refugio que, con un café humeante de Starbucks, en una tarde fría era capaz de devolverle el alma al cuerpo y la esperanza a un corazón roto. Muchos locales todavía sobreviven a la burbuja de internet.
Lo hacen aferrándose con uñas y dientes a los usos y costumbres de siempre, las mesas de saldos, los ejemplares raros, las piezas antiguas y, sobre todo, a la pasión de los amantes de los cómics, que también son amantes de las computadoras, los videojuegos y las redes sociales, pero que no cambian por nada del mundo una escapada a una tienda de historietas, ese recreo de la cruda realidad en el que los sumergen en las aventuras de Stan Lee, Alan Moore y Frank Miller. Como lo hacen, en la cita obligada de cada viernes, los muchachos de “The Big Bang Theory”. En Barcelona, una de las grandes capitales del planeta cómic, donde la casa Norma es reina y señora de la industria, “Continuará...”, en el 29 de la Vía Laietana, en el límite nordeste del Barrio Gótico, mantiene viva las tradiciones del negocio. Su escaparate es irresistible, más que nada por las estatuillas de Tintin y de “La guerra de las galaxias” que exhibe, también porque deja entrever los muros donde se superponen los afiches de personajes añorados, como el Corto Maltés y Dragonball Z.
Guarda un secreto: en el subsuelo posee una extraordinaria colección de manga, que es la envidia de los fanáticos del género. Así y todo, es en Madrid donde, si se sueña con las aventuras épicas “Guerra de tronos” o las ucronías de “Watchmen”, hay que escaparle al bullicio de la Gran Vía, pasar del otro lado de la Plaza Mayor, adentrarse en la Calle de Desengaño, desafiar la leyenda y a las putas que miran pasar la vida desde los portales en penumbras y, luego de dar vuelta en Calle de la Puebla, cruzar el portal sobre el que pende el cartel rojo y negro que reza “Generación X”. En el salón de la tienda hay un viejo sillón, con el tapizado raído y los resortes cansados, donde se puede leer un libro o dos o tres o cuantos vengan en ganas sin que nadie caiga a molestar con eso de “¿va a llevar algo?”. Todo el tiempo del mundo, sin prisa ni hora de cierre, como si no hubiera un final.
Datos útiles
• Cómic Com: Desde 1970, se celebra en San Diego el mayor encuentro anual de historietas del mundo. Congrega las expresiones más exitosas de la cultura popular, desde el cine hasta los videojuegos.
• Qué visitar: La tienda de cómics Generación X. Está junto a la Calle Desengaño, en Madrid, que inspiró la exitosa serie “Aquí no hay quien viva”.
• Imperdible: La Ruta del Cómic en Bruselas, la cuna de “Tintin”. Recorre 38 murales pintados por prestigiosos artistas de la historieta en paredones de edificios antiguos.