Turismo

El tiempo, el viento y la lluvia dejaron a las casas chilotas en peligro de extinción

La fotógrafa Teli Santibáñez publicó varios libros sobre la isla, el último registra las viviendas típicas de Chiloé que, por el paso del tiempo y el clima riguroso, se van perdiendo inexorablemente. 

Domingo 08 de Marzo de 2015

 

En el primer piso del hotel Tierra Chiloé hay un descanso, una amable biblioteca con un sillón mullido, una lámpara de pie y un enorme ventanal desde el que, cuando cae la tarde, se puede ver el caprichoso dibujo de los fiordos cuando sube la marea. No hay mejor lugar para tomarse un descanso después de un día agitado.

 


Sobre un escritorio, donde hay una computadora debidamente apagada, hay una pila de libros, más otros apilados en una repisa, pero los más atractivos, irresistibles, son los grandes, de tapa dura y asombrosas ilustraciones que descansan sobre la mesa de trabajo. Todos y cada uno cuentan historias de Chiloé y de sus gentes.


En un rincón descansa un libro pequeño que tiene la foto en blanco y negro de la ventana de una de las típicas casas con paredes de tejuelas de la isla . El título es enigmático, “Casas en peligro de extinción” y, aunque no hace falta que lo diga, pero lo dice, se refiere a las de Chiloé, que son hermosas y parecen a punto de venirse abajo.
Es un libro de fotos, firmado por una experta Tali Santibañez, quien vive en Chiloé junto a su familia, y conoce cada rincón del archipiélago porque lo ha recorrido a pie -es tan fanática del trekking como de la vida al aire libre- y en kayak. Lo hizo acompañada de su cámara y su inagotable curiosidad y en esas páginas está su legado y su lucha.


“La edad de la madera de una casa es la misma que la de una persona, viven entre ochenta y cien años, pero si no se conservan ni se cuidan, pueden desaparecer mucho antes”, mientras mira cómo sus hijos juegan a las escondidas, y se queja: “Lo triste es que muchas casas van muriendo de a poco, deberían ser protegidas”.


Todo en Chiloé está hecho de madera, acaso por eso sea tan frágil. Los vientos sureros, la lluvia incesante, el fuego y lo que es más letal, inexorable, el paso del tiempo amenazan las casas cubiertas de tejuelas salpicadas aquí y allá en la isla. Son hermosas, tan idénticas a sí mismas que hacen que los villorrios chilotas sean inconfundibles.


Puede que estén en construcción y ya están en ruinas. Puede que sean tan viejas que nadie recuerde quién es su dueño. Puede que estén esperando que se vengan abajo para usar la madera como leña. De ahí que al verlas aún de pie, resistiendo empecinadamente a la adversidad, surja la necesidad de inmortalizarlas, cuanto menos en fotos.


Eso es lo que hizo Tali, y no era su primera vez, porque después de su primera excursión a las entrañas de Chiloé hizo su primer libro, “El jardín de iglesias”, que también duerme el sueño de los justos sobre el escritorio medio olvidado, medio al acecho, en la biblioteca del hotel. Y qué bueno que se haya atrevido, solo la memoria vence al tiempo.

 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS