Turismo

El premio a la paciencia

Una regla de oro en el Kruguer: no apresuarse. Hay que respetar la velocidad máxima, los horarios y, sobre todo, a los animales. Si uno se topa con uno en el camino, antes de avanzar hay que esperar a ver qué hace.

Domingo 29 de Julio de 2012

En una reserva natural como el Kruger Park, hay una regla de oro: no perder nunca la paciencia. Pase lo que pase, la única forma de estar seguro es no apresurarse. A merced de las fieras salvajes, como intruso en su hábitat natural, no queda más que someterse a sus reglas.

Ellos mandan, no hay otros tiempos que los suyos, así que si se cruza en medio del camino una familia de monos, aunque algún pícaro se suba al capó del auto, hay que esperar que se vayan y recién entonces seguir camino. Lo mismo pasa con el resto de los animales, jamás hay que apurarlos, acercándoles el coche, apretando el acelerador o tocando bocina, la actitud los puede enojar y su reacción es impredecible. Si no se quiere ser vícitma de la ira de un rinoceronte negro, que son temibles aún de lejos, o de un elefante, lo mejor es dejarlos hacer. No hay otra.

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