Turismo

El acuario del mundo

Los Cabos, por su naturaleza, arquitectura, y su hotelería y servicios, es uno de los destinos más exclusivos del país azteca. Elegido por celebridades de todo el planeta por su tranquilidad, el nivel de atención y por su arte

Domingo 09 de Julio de 2017

Al costado de la ruta, una cadena de sierras oculta el infinito océano Pacífico; al este se abre la bahía de California, a la que Jaques-Yves Custeau bautizó alguna vez como "el acuario del mundo". A los pies de la formación, un desierto se une con los mares en playas de arrecifes y formaciones caprichosas, convertidas en postales que recorren el planeta.

   Y en complicidad con la naturaleza, la mano del hombre hizo de Los Cabos, por su arquitectura, su hotelería y servicios, uno de los destinos más exclusivos de México, elegido por celebridades de todos los puntos cardinales por su tranquilidad, el nivel de atención y por una atmósfera empapada de arte donde se respira vanidad.

   Está ubicado en el extremo sur de Baja California, una península de 1,623 kilómetros donde la carretera Transpeninsular une Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, y San José del Cabo, donde comienza el Mar de Cortés, antesala del golfo, aunque muchos usan indistintamente los dos nombres para nombrar toda la extensión de agua.

   El contraste entre desierto y mar se ve ya desde el aire, cuando el avión de Aeroméxico que viene de la capital azteca se adentra en la península. Son nueve horas desde Buenos Aires a Ciudad de México, y dos horas más hasta el aeropuerto de Los Cabos. Ya en la carretera, el paisaje de cardones (un cactus con múltiples brazos) y matorrales muestra lo que es la geografía semidesértica del lugar. El visitante no sabe lo que le espera. En pocos minutos, apenas salta del aeropuerto, empieza el asombro.

   Si bien el lugar conserva su exclusividad, a partir de 2012, con la reunión del G20, el mundo entero conoció este paraíso y comenzó una urbanización sin precedentes que parece no tener límites. Las construcciones se extienden por todas partes, y asombran por el lujo y los montos de las inversiones.

   Hoy, Los Cabos es el destino que está teniendo más crecimiento turístico en el continente. Allí se están asentando los mejores y más importantes hoteles de categoría. El contexto ayuda. Entre otras bellezas naturales, el sitio ofrece esa antítesis entre desierto y mar, arrecifes, playas, una fauna marítima muy diversificada, el avistamiento de ballenas (de enero a marzo), y la posibilidad de ver la salida y la puesta del sol en el mar. Ah, y un detalle: en Los Cabos el clima es seco y el promedio de precipitaciones es ínfimo (en San José del Cabo no llueve prácticamente nunca), de modo tal que el visitante no deberá preguntarse si le tocarán "días lindos". Las jornadas soleadas y el clima cálido y seco están garantizados.

   Entre octubre y enero es el pico de la temporada alta, pero el destino es visitado durante todo el año, salvo en septiembre, época de huracanes en esa parte de la geografía, aunque realmente uno, el Odil (14 de septiembre de 2014) alcanzó a la península.

   La temporada empieza con el torneo internacional de pesca Blue Bisbec, conocido por su exclusividad y los precios para acceder a la competencia. Durante julio y agosto el agua es mucho más cálida.

   Aunque buena parte de su costa es para la contemplación y la caminata (muchas zonas están vedadas por seguridad), Los Cabos tiene playas de aguas transparentes para relajarse, practicar deportes acuáticos y hasta bucear mezclado entre los peces. Están, por ejemplo, Las Viudas, Barco Varado (donde está el casco de una embarcación pesquera), Bahía Santa María (para nadar, pescar y bucear), playa Chileno (para el surf, windsurf y nado con snorkel), El Túnel, Playa Costa Azul (con palapas, restaurantes y olas para surf), Punta Gorda, conocida por sus rocas blancas con fuerte oleaje y avistamiento de aves, y Playa del Amor, cerca de donde se unen el Pacífico y el Golfo de California.

   Las actividades más extremas como buceo, parapente, trekking, vuelos en parapente, tirolesa, tienen sus lugares en distintos puntos de Los Cabos. Y en el otro extremo del deporte, el destino es conocido por su profusa actividad golfística, de la mano de hoteles y clubes que cuentan con sus propias canchas y a donde suelen ir representantes reconocidos de este deporte.

Señoras y señores, bienvenidos a Los Cabos. Empieza la recorrida.

Rumbo al Arco

   Si bien La Paz es la capital de Baja Californa Sur, Los cabos es el municipio más famoso, con varias poblaciones, entre las que resaltan Cabo San Lucas y San José del Cabo. Cabo San Lucas es la población más joven. Fundada en 1828 por Thomas Ritchie, fue durante más de un siglo un pequeño poblado. En 1921 llegó una empresa procesadora de atún. Fue la principal actividad del lugar por 60 años, hasta que cerró en 1981.

   Si bien la zona había comenzado a tener un desarrollo turístico desde mediados del siglo pasado, fue entonces que comenzó la etapa de reconversión, y el lugar pasó a ser paulatinamente un destino muy visitado, sobre todo por estadounidenses y canadienses. Se hizo famosa por ser una ciudad festiva, con vida nocturna, muchos restaurantes, malls y negocios, además de ser el segundo puerto de México para la llegada de transatlánticos.

   Justamente desde ese lugar conocido como La Marina zarpa la embarcación que llevará al visitante al Arco, una formación rocosa ubicada en la punta misma de la península, donde el mar erosionó la piedra y formó un túnel que se convirtió en la postal típica de Los Cabos. El barco atraviesa una bahía que deja ver playas y hoteles de lujo, hasta que llega a la punta rocosa que separa el Golfo de California del océano Pacífico.

   La embarcación se detiene. La foto es obligada. En una época el arco se podía atravesar caminando cuando la marea estaba baja, pero después de 2004 el mar avanzó y ahora siempre tiene agua. Por eso, cuidado cuando se googlean las imágenes, porque algunas son de un retrato que ya no está más. Pero no por eso deja de ser la postal por excelencia del destino.

   Metros antes está la que llaman Playa del Amor, una pequeña extensión de arena donde se puede caminar desde el golfo hasta el océano. De vuelta se puede ver el espectáculo de la manta raya haciendo saltos sobre el mar. El macho salta para impresionar a la hembra y pega fuertes golpes contra el agua al caer.

   El catamarán con el que La Capital navegó hasta el lugar ofrece servicio de comida. Aunque el Arco es el destino final y el que todos quieren ver, el paseo en sí mismo resulta atrapante. El mar se llena de embarcaciones, algunas llamativas por ser réplicas de galeones. Las naves combinan tracción a motor y viento, con velas desplegadas que hacen de la navegación un espectáculo en sí mismo.

Todos Santos

   Todos Santos es uno de los llamados "pueblos mágicos" de México, un grupo de comunidades que han conservado su arquitectura original, tradiciones, historia y cultura. Y eso se ve. El poblado mantiene elementos arquitectónicos que se conservan, como las numerosas casas coloniales del siglo XVIII y, como lo llanan en el lugar, de estilo churriguerezco, que combina distintos lenguajes estilísticos en cuanto a la construcción. Allí se levantó la primera iglesia de la zona, la Santa Rosa, que se estableció en 1724. Cuando se construyó, se llevaron al lugar numerosas esculturas religiosas, lo que terminó dándole el nombre.

   Todos Santos también es conocido por el emblemático Hotel California, que desborda arte y decoración en cada rincón. El pueblo es una romería de negocios de arte, tanto autóctono como moderno. Eso sí, por todos lados aparecen figuras de santos. Las calles angostas se abarrotan de autos con patentes de distintas procedencias. El lugar es un verdadero paseo a cielo abierto, que recorre épocas y evoca pedazos de historia.

   En las afueras se levanta Tres Santos, un complejo de hotelería, condominios, un restaurante, Jazamango, del chef Javier Plascencia, con su huerta propia que abastece la cocina con una buena variedad de vegetales.


Ciudad Museo


   San José del Cabo es el pueblo más antiguo. Fundado en el siglo XVIII para abastecer de agua dulce y recibir a los enfermos de las naves provenientes de China, fue inicialmente colonizado por jesuitas, pero a la Corona española no le gustaba la filosofía de estos religiosos, e impuso a la orden Franciscana.

   En contraste con el festivo Cabo San Luchas, San José del Cabo es un poblado tranquilo, con boutiques y restaurantes, y un barrio con galerías de arte que se juntaron bajo un mismo sello distintivo para convertirlo en una zona exclusiva, imposible de soslayar si se viaja a la península. A falta de un museo de arte contemporáneo en todo el municipio, el Gallery District es una verdadera "ciudad museo".

   San José del Cabo se ve como un lugar prolijo, con una avenida muy ancha que la atraviesa de punta a punta para dar lugar a la ruta que conduce a La Paz, capital del Estado de Baja California Sur. Al igual que Todos Santos, mantiene una arquitectura conservadora en su zona artística, donde se levantan muchos negocios de artesanías, con abundante referencia al culto de la muerte.

   Pero hay un distrito, el de las Galerías, que sobresale en el lugar. "Gallery District, San José del Cabo", reza el escudo con que este conjunto de 14 galerías marcó un sello distintivo. Una de las más reconocidas es la Patricia Mendoza, donde se exhiben obras de artistas reconicidos mundialmente, como Víctor Mora, Eduardo Mejorada, Luis Filcer, Fluvio Leoncini.

   El distrito se convirtió en una plaza netamente cultural. El fenómeno comenzó hace 15 años con tres galerías, cuando las calles aún eran de tierra. Después llegaron estudios de artistas y se instalaron restaurantes y otros negocios, y el destino experimentó un cambio sustancial.

   Paseando por la zona se puede visitar la Galería de Frank Arnold, artista norteamericano que montó su espacio en un edificio preparado exclusivamente para ese fin. En Casa Paulina está Julián García, artista y escritor que también montó su propia galería con restaurante. Las esculturas y los cuadros son de su propia autoría, con trabajos en metal altamente elaborado.

   La Muvezzi se especializa en arte africano; la de Iván Guaderrama, llamada "Del Amor", propone arte interactivo y combina imágenes y sonidos. En Casa Dallia, Leah Porter, hija de uno de los fundadores del distrito, exhibe obras de su autoría, de un estilo abstracto y minimalista, así como la de sus padres, Tenesse Porter y Lisa Joyce Hill. La Corsica representa a más de 50 artistas, todos contemporáneos, y Enrique Bascón expone obras con reminiscencia de la Revolución mexicana, donde todo está relacionado al arte social, aunque el artista utiliza también el pop.

   Más allá del distrito artístico, que envuelve al visitante, San José del Cabo tiene su propia plaza hotelera con marcas de primera categoría, y un paseo comercial y gastronómico donde se levanta, por ejemplo, el Rock & Brews, un restaurante perteneciente a Paul Stanley y Gene Simmons, leyentes del grupo Kiss.


Buscando a Nemo


Los kayaks ya están preparados en playa Santa María, una de las tantas que se extienden en un mar donde la geografía rocosa inutiliza muchos balnearios. La pequeña bahía está ubicada a 10 minutos del centro de Cabo San Lucas. No es necesario ser un experto, el kayak doble tiene la suficiente estabilidad como para navegar el golfo sin inconvenientes, bordeando acantilados y rocas a lo largo de dos kilómetros. En 35 minutos, remando en pleno Mar de Cortés, se llega a Playa Chileno. El navegante no lo sabe, pero en ese lugar, el mar ya tiene unos 40 metros de profundidad.

   Playa Chileno está en la bahía que lleva el mismo nombre. Antes de llegar, un experto deberá guiar al kayakista entre medio de los arrecifes, los más grandes de Norteamérica. Ya en la costa empieza una experiencia única: una zambullida en el mar y a nadar con snorkels, que permiten internarse en el agua cristalina llena de peces trompeta, aguja, cirupé, soldado, ángel, botete y tiburón de cola blanca. El que aguanta unos segundos la respiración y se sumerge en las profundidades del arrecife consigue nadar literalmente entre los cardúmenes, que se desplazan ajenos a la presencia del visitante. Más de uno sale del lugar diciendo que estuvo "buscando a Nemo". Tanto Santa María como Chileno tienen la calificación internacional de blue flag (bandera azul); es decir, libre de contaminación en tierra y agua.

Catrina

El culto a la muerte es una constante en todo México. Y aunque entendido desde otro lugar y otra filosofía, este culto se hacer carne en buena parte del arte local. Y Los Cabos no es una excepción. Desde que las cultura mesoamericanas se fusionaron con el catolocismo, todos los 1 y 2 de noviembre, muchos mexicanos arman altares con siete niveles de agua, con los cuatro elementos de la naturaleza y fotos del difunto, en la idea de que, como lo pensaban los ancestros, los muertos vuelven una vez por año para estar con los que quisieron.

   Esto se incorporó al arte de tal manera que por todos lados se ven calaveras que evocan a los difuntos, que se convirtieron en una artesanía típica, vendida en todos los negocios de elementos autóctonos. Entre todas estas artesanías, sobresale el personaje de Catrina: un esqueleto muy bien vestido con ropas femeninas de principios del Siglo XX. Fue el artista José Guadalupe Posada quien en 1920 confeccionó este personaje caricaturesco que se popularizó y perduró hasta hoy, con un mensaje claro: por más de la alta sociedad que seas, terminarás como todos los mortales. Hoy, a Catrina se la ve de diferentes tamaños, estilos y formas, pero el personaje sigue siendo el mismo.

Celebridades
Personajes como Brad Pitt, Gerard Butler (300), Leonardo DiCaprio, Tom Cruise, Silvester Stallone, Jennifer Aniston, Courteney Cox (Friends), Nicole Kidman, David Arquette, Paris Hilton, Will Smith (Hombres de Negro), Penélope Cruz; directores de cine como James Cameron, Paul Anderson; y personalidades como Bill Gates y Britney Spears han elegido Los Cabos para vacacionar, según lo relevó oportunamente el sitio noticabos.org. La banda U2 sorprendió un día a los comensales de un restaurante con su presencia, y hasta cantó un tema. Por favor, si te cruzás con alguna de estas estrellas refulgentes, no seas descortés: nunca les niegues un autógrafo.
Una excelente gastronomía
Tratándose de un destino internacional que recibe paladares con todos los gustos y mañas, las cocinas tienen preparada una diversidad de platos muy grande. Pero por supuesto, la comida mexicana es ofrecida en todas partes con orgullo, y hasta alimentos de otras latitudes se sirven con un touch local.
   Declarada en 2010 por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, la gastronomía de México se caracteriza por su diversidad, por introducir en cada plato muchos ingredientes, mezclar verduras y hacer combinaciones poco acostumbradas en otras partes del planeta.
   Los Cabos, en particular, recibe influencias de todas partes de México, por lo que no es difícil encontrar platos de distintas zonas. En Argentina, se tiene como comida "mexicana" las fajitas, los nachos y los tacos, el huacamole y la salsa de chile (distintas especies de ají picante). Por supuesto que todo eso aparece en este destino. Pero esto es apenas una parte de la historia.
   El maíz es uno de los ingredientes más comunes de la cocina mexicana, y se consume más que nada en forma de tortilla. Allí se paladea una gran cantidad de verduras, hortalizas y legumbres, arroz, frijoles, calabazas, cebolla, jitomate y plantas no consumidas en otras geografías, como el nopal (una variedad de cactus).
   En cuanto a pescados, el atún y el salmón se degustan tanto en ceviche como en platos cocidos a fuego de las formas más diversas. También abundan los frutos de mar. Algunas combinaciones resultan desacostumbradas al paladar argentino, pero todas asombran, sobre todo por su diversidad y algunas mezclas exóticas de dulces, salados y picantes.
   Una comida en México tiene de seguro una entrada y un plato fuerte. El toque de picor no faltará nunca, pero en Los Cabos ya están entrenados para advertir qué puede probar cada uno, si se anima. Una entrada de queso mozzarela, tomate vinagre balsámico, pepino y nopal puede empezar a llenar el estómago. Seviches de salmón y de atún, siempre acompañados con salsas picantes le siguen. Ensalada de vegetales, salmón acompañado de arroz salvaje y queso, arranchera (entraña vacuna) a la plancha y arrollados de pollo con panceta pueden terminar la jornada.
   Otro capítulo que merece un libro completo es el de las bebidas. A base de tequila, mezcal, caña, pulque, whisky y hasta gin, los mexicanos preparan unas mezclas que se diversifican hasta el infinito, a veces mezcladas con hierbas y con condimentos que les dan un toque picante o salvaje. Hay que probarlas.
Confort junto a las olas
La Capital se alojó en dos hoteles, los all inclusive de lujo Paradisus y Grand Velas. Aquí, una breve reseña de lo que se puede vivir en estos complejos, aunque no es lo mismo leerlo que experimentarlo.
Paradisus
   Enclavado sobre el Golfo de California, y con 350 habitaciones, Paradisus es un all inclusive de lujo perteneciente a la cadena Meliá. Muestra diferencias con otras ofertas hoteleras por su nivel de exclusividad, con siete restaurantes y tres bares, un espacio de playa para nadar y varias piscinas, todas climatizadas, algunas con acceso directo desde los balcones particulares.
   Aunque de distintas categorías, todas las habitaciones ofrecen vistas al jardín y al Golfo de California, miden 40 metros cuadrados y tienen todos los servicios de un 5 estrellas todo incluido. Ofrece, entre otros, un Royal Service sólo para adultos con mayordomo personalizado, Family Concierge; zona VIP infantil, YHI Spa e instalaciones para convenciones. Se pueden contratar paquetes de bodas y luna de miel en el destino, y tiene un lugar exclusivo junto a la playa donde suelen celebrarse casamientos. La misma playa tiene lugar para eventos con capacidad para tres mil personas.
   En el medio de los bloques se levanta un parque con piscina y caminos que atraviesan zonas verdes. Y en un sector, las sillas colgantes, con forma de un coco ahuecado, invitan al relax frente a la playa. Los restaurantes y bares del Paradisus se extienden estratégicamente por todo el complejo. El día empieza en Naos con un buen desayuno. Para el resto del día están, por ejemplo, el oriental Bana, el Mole (comida mexicana por excelencia); el Market Grill con su terraza exterior y un menú internacional que incluye hasta platos argentinos; La Palapa, con una carta variada que incluye desde seviches de salmón y de atún hasta arranchera (entraña vacuna) a la plancha; el Gabi Bar con sus dos niveles, y el Coco"s Bar en plena playa.
   Pero el toque más distintivo se lo da el Gastro Bar by Martín Berasategui, el chef con ocho estrellas Michelín que llevó a Los Cabos su cocina mundialmente famosa. El gimnasio y el Spa, con hidroterapia y masajes, completan los servicios.
Grand Velas
   De un lujo superlativo, pero mucho más oneroso, es el Grand Velas, un all inclusive con 304 suites donde todos los balcones dan al mar. Las suites tienen distintas categorías, aunque todas tienen su balcón adornado con plantas florales, su sector de estar y baños inmensos.
   Además de la exclusividad, el complejo se caracteriza por poner mucho énfasis en el arte, con obras en los lugares comunes de artistas reconocidos como Sergio Bustamente y Columga. Incluso, tiene como objetivo inmediato abrir su propia galería de arte.  

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