Domingo 18 de Mayo de 2008
En el puente de Al Maktoum, una estructura de cemento y metal que salva el Dubai Creek, especie de lengua angosta e irregular que se mete en tierra firme como si pretendiese hacerle una broma al Golfo de Arabia, compruebo varias cosas. La primera: Dubai City no está diseñada para peatones, es más, da la impresión de que a la urbe no le interesan los peatones. Segunda: los coches en Dubai City, todos ellos, son impresionantes en acepciones que se multiplican por cuatro: grandes, lujosos, veloces, insuficientemente ocupados.
Cada carromato, ya sea todo terreno, super todo terreno o con tracción en las quince ruedas, circula simplemente con su conductor y, en contadas ocasiones, con algún acompañante.
Tercera: la mayoría de las excavaciones están señalizadas con un cartel que dice “Deep Excavation” y la razón es que son mastodónticas, como si una explosión de “nosecuantos” kilotones estuviese preparando el lugar que alojará los cimientos de un futuro edificio, imaginable en su altura con sólo proyectar hacia arriba lo que se insinúa por debajo.
En el puente de Al Maktoum el suelo tiembla ante el avance veloz de vehículos que no se inmutan ante la “cultura” de occidente, representada por ropas y perfumes que se anuncian en todas las farolas con logo, fotos y protagonistas originales pero con el argumento escrito en los caracteres árabes.
Desde ese punto inseguro del puente donde nacen las comprobaciones se ve la Corte de Justicia, cuasi besando un cartel donde una mancha de petróleo se transforma en rueda.
El texto, firmado por una multinacional del caucho y la energía expresa:
“El poder no es nada sin control”.
Pequeña odisea
Con dudas acerca de si el poder está controlado en los Emiratos Arabes intento cruzar la calle, cosa que se convierte en una pequeña y gran odisea.
La forma de hacerlo, tras muchas preguntas, me llevaron a asumir una cuarta comprobación: los dubaitíes o como se llamen los ciudadanos que habitan Dubai, al menos aquellos que tropezaron conmigo, contestan lo primero que les viene a la cabeza, entiendan o no entiendan la pregunta, estén apurados o no, sepan o no sepan la respuesta, eso sí, con una amabilidad que prolonga la sonrisa hasta hacerla casi sospechosa.
Mi deriva debía llevarme a Puerto Rashid, y en el empeño los “asesores” me hicieron cruzar tres veces el Dubai Creek, la primera por encima del agua, la segunda a través del ella, a bordo de un barco que se paga con monedas, y la tercera por debajo, ya derrotado y a bordo de un taxi, engullido por el túnel cuyo nombre es Al Shindagha.
La ribera está atestada de embarcaciones de madera llamadas dhows, que contrastan en su vetustez con todo lo que tienen enfrente, como si las costumbres se hubiesen quedado en el agua y toda la modernidad, rotunda, obscena, espiara desde tierra seca.
La seguridad, omnipresente, saca a relucir la “amabilidad” de las fuerzas públicas y privadas de seguridad, con armas largas o bastones cortos.
Los rayos X están a la orden del día, operados por funcionarios con túnicas, turbantes y sandalias, como si ya en el mismísimo puerto, o banco o gran superficie se quisiese demostrar la tesis que explica los manuales de lujo.
“Dubai es una ciudad de contrastes fascinantes que ofrece el sabor de lo nuevo y de lo antiguo, lugar de encuentro entre oriente y occidente que gracias al líder visionario Al Maktoum, su familia y sus normas ha transformado una pequeña villa pesquera en la vibrante y moderna ciudad actual, repleta de sorpresas”.
Al Maktoum
El nombre Al Maktoum, omnipresente como la seguridad, se repite en puentes, hospitales, edificios, monumentos, estatuas, sólo o acompañado, con fotos grandes o muy grandes, al lado del príncipe, de un caballo o de un halcón. Se trata de Mohammed bin Rashid Al Maktoum actual mandatario de Dubai y vicepresidente de los Emiratos Arabes Unidos.
Cuesta creer como algo que no hace más de cuarenta años era desierto se convirtió en lo que ofrece actualmente al mundo: una de las mayores concentraciones de dinero por metro cuadrado, de cemento, acero inoxidable, cristales que se elevan como si pretendiesen horadar el cielo, haciendo del eslogan “Nada es imposible en Dubai” un acto de fe absurda, capaz de idear casas submarinas, pistas de hielo en zonas donde la temperatura supera los 40 grados a la sombra.
Ciudades sobre el agua, edificios torcidos, helipuertos y pistas de tenis entre las nubes, centros comerciales donde el derroche de frío y luz es escandaloso, donde el agua cuesta más que la gasolina y la ostentación es cosa común.
Visitas a zocos
No obstante, el reclamo hacia lo de siempre, aquello que nunca pierde vigencia, sigue activo, ofreciéndose visitas a zocos donde los tejidos se entreveran con especies.
“Mucho para hacer, mucho para comprar”, haciendo un juego de palabras en inglés nuestro guía nos asegura que eso significa Dubai: “A lot of do, a lot of buy”.
Los centros comerciales parecen darle la razón. La gente acude con muchas ganas
de quedarse a vivir en ellos.
Mercato, Wafi, City Centre y otros muchos son catedrales donde el dinero
se abraza al consumo, mientras el buen gusto y la contención intentan huir escarmentados.