Domingo 20 de Agosto de 2017
El casco histórico de Córdoba, declarado Patrimonio de la Humanidad, aún conserva las huellas del antiguo esplendor del Califato, que hizo de esta ciudad una de las más cultas y refinadas de la Europa medieval. En el siglo X, bajo el dominio de Abderramán III, la ciudad (Medina) llegó a contar con mil mezquitas, 800 casas de baños y un novedoso sistema de alumbrado público. Su trazado urbano rivalizaba con Constantinopla, Damasco y Bagdad. Y dominando el paisaje andaluz, la Gran Mezquita.
Su fama se propagó tras la edificación de la Mezquita, hoy catedral de la ciudad, debido a su genialidad constructiva y a su riqueza. El "bosque" de cerca de mil columnas (de distintos materiales y orígenes), asentado sobre los restos de una basílica visigoda, es uno de sus mayores atractivos. Casi 20 naves componen la planta cuadrangular de la primitiva mezquita, divididas por una doble arquería, en la que se combinan arcos de herradura y de medio punto. La alternancia de ladrillo con piedra y el rojo con el blanco se suma a mármoles tallados, estucos, mosaicos y yeserías como elementos decorativos.
Actualmente, Catedral y Mezquita componen un único espacio arquitectónico ya que, tras la Reconquista, se ideó construir dentro de la propia mezquita una catedral de estilo gótico. Con los años asumió también elementos platerescos y barrocos. Así, se funden bóvedas de cañón y ornamentación barroca con motivos geométricos y versos del Corán.
Otra herencia hispanomusulmana es la Judería, que se extiende desde la mezquita hasta las murallas y la Puerta de Almodóvar. La forman un entramado de calles estrechas cuyas fachadas se adornan con azulejos, rejas y macetas con flores. En este barrio se sitúan la Plazuela de las Flores, la casa de los Duques de Medina Sidonia y la Sinagoga, la única que se conserva en la ciudad.
En el siglo XIII, bajo el reinado de Fernando III el Santo, se reconstruyeron estructuras defensivas como el Alcázar de los Reyes Cristianos y la Torre de la Calahorra. El Alcázar es una construcción de carácter defensivo que atesora en su interior magníficos jardines, fuentes y acequias, al lado del río Guadalquivir. Al otro lado del Triunfo de San Rafael y del puente romano, se levanta la Torre, que formaba parte de un castillo amurallado.
La ciudad de Córdoba se levantó a través de numerosas plazas. La plaza del Potro, la de Corredera o la de Capuchinos, donde está el Cristo de los Faroles, son tres bellos ejemplos de los lugares de encuentro cordobeses. Entre las numerosas construcciones del casco histórico se pueden señalar las iglesias de San Pedro, San Andrés o de la Compañía.
La ciudad es un compendio de pasado y modernidad. Esta ciudad milenaria es un legado vivo de las diversas culturas que se asentaron en ella a lo largo de su historia. Pocos lugares en el mundo pueden presumir de haber sido capital de la Hispania Ulterior bajo el Imperio romano y capital del Califato de los Omeyas. Esplendor que, además, se palpa en la intelectualidad de este centro de saber y conocimiento que ha dado a luz a figuras como Séneca, Averroes o Maimónides.
Pasear por el casco antiguo cordobés supone descubrir un bello entramado de callejuelas, plazas y patios encalados ordenados en torno a la Mezquita-Catedral, reflejo de la importancia de la urbe en época medieval y auténtico símbolo de la capital. Sin olvidar su esplendoroso pasado, Córdoba es una ciudad moderna que ha sabido adaptarse a los tiempos actuales para ofrecer las más modernas infraestructuras y servicios, así como una amplia oferta hotelera.
Bien comunicada con el resto de capitales andaluzas, dispone de tren de alta velocidad (AVE) y de una extensa red viaria que la acerca a grandes núcleos como Madrid o Sevilla. Y una vez dentro de la ciudad, una extensa red de autobuses y taxis ponen al alcance del visitante cualquier destino en pocos minutos.
Córdoba es también sinónimo de arte, cultura y ocio, gracias a la multitud de eventos culturales que organiza a lo largo del año: festivales flamencos, como el Cordoban; conciertos, ballet, y actividades que se complementan con un buen número de museos y con una animada vida nocturna.
Por su parte, entre los museos se destacan el Taurino, el Arqueológico, el Provincial de Bellas Artes y el Museo Julio Romero de Torres. Levantado en el palacio renacentista de los Páez, el Museo Arqueológico contiene piezas ibéricas, romanas, visigodas, musulmanas, mudéjares y renacentistas. Una colección para no perdérsela. El Museo de Bellas Artes, que ocupa el antiguo Hospital de la Caridad, alberga una interesante colección de artistas, en su mayor parte andaluces. Entre sus obras, se destacan los dibujos de Valdés Leal, Zurbarán, Murillo, Palomino, Antonio del Castillo o Juan de Peñalosa, así como las esculturas de Juan de Mesa y Mateo Inurria. Comparte patio con el de Bellas Artes el Museo Julio Romero de Torres, que reúne la obra de este pintor cordobés que llegó a alcanzar una gran popularidad con sus imágenes dotadas de un simbolismo populista y cierto halo de misterio.
El Museo Diocesano de Bellas Artes, en el antiguo Palacio Episcopal, dedica una sala a artistas de la provincia. Sobresale la dedicada al arte medieval, así como la colección de tapices y de libros corales de la catedral. La Casa de las Bulas (siglo XVI) acoge el Museo Taurino, que exhibe obras y objetos relacionados con la tradición taurina de la ciudad.
Córdoba cuenta también con importantes centros de arte, entre los que cabe mencionar el Palacio de la Merced, sede de la Diputación, y el Palacio de Viana, conocido también como Museo de los Patios. En sus salones, además del rico mobiliario, se alojan importantes colecciones de pinturas, tapices, porcelanas, azulejos y armas de fuego.
Andalucía alberga importantes muestras del legado andalusí, que tiene su máximo exponente en Medina Azahara, situada a las afueras de la ciudad de Córdoba. Pero también depara un gran espectáculo a los amantes de la naturaleza. Los parques de Sierra de Cardeña en Los Pedroches y Montoro, Sierra de Hornachuelos, y Sierras Subbéticas ofrecen la posibilidad de practicar todo tipo de deportes al aire libre, al tiempo que permiten disfrutar de toda la riqueza de esta provincia.
Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, más conocido como Manolete fue uno de los grandes toreros de España en la década de 1940. Su muerte en la plaza de toros de Linares, causada por la profunda cornada que le asestó el toro de miura "Islero" al entrar a matar, lo convirtió en un mito de la España de la posguerra.
Manolete era el hijo de un torero también apodado Manolete, y de Angustias Sánchez, más conocida como "doña Angustias", Su tío abuelo, José Rodríguez, Pepete, y su tío, Bebé chico, también fueron toreros. Manolete es considerado por muchos como uno de los más grandes maestros de todos los tiempos. Su estilo, elegante y vertical, revolucionó el arte de la muleta, toreando de frente y desafiando de perfil. Llevó a la máxima expresión la revolución de José Gómez "Joselito" y la estética de Juan Belmonte, que habían transformado el toreo unas décadas antes. Su influencia ha sido enorme, ya que su estilo se hizo notar en todos los toreros posteriores. En junio de 1932 tuvo un breve paso por la escuela taurina de Montilla (Córdoba) donde mató su primera becerra.
El 28 de agosto de 1947 Manolete se presentó en la plaza de toros de Linares, junto a Luis Miguel Dominguín y Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana II". Aquella tarde, recibió una mortal cornada que le atravesó el muslo derecho, destrozando el triángulo de Scarpa. La herida le produjo una hemorragia incesante y el matador falleció la madrugada del día siguiente. Fue enterrado el 29 de agosto en el panteón de la familia Sánchez de Puerta, íntimos amigos del torero, donde permaneció algo más de cuatro años, hasta el 15 de octubre de 1951 cuando, tras finalizar el Mausoleo de Manolete, realizado por el escultor Amadeo Ruiz Olmos, se procedió a trasladar sus restos a su emplazamiento definitivo en el Cementerio de Nuestra Señora de la Salud de la capital cordobesa.
Isidro Moreno, un cordobés de pura cepa y taurino desde la cuna, contó a La Capital que Manolete "fue uno de los toreros que actuaron en el primer cartel de inauguración en la Plaza de Toros de la Ciudad de México, el 5 de febrero de 1946".
Sobre la muerte del torero, Isidro señaló que "en los últimos tiempos ha cobrado fuerza la teoría de que la muerte de Manolete no fue consecuencia directa de la cogida del toro, sino de una transfusión de sangre que no era compatible con la suya. También, algunos dicen que le pusieron plasma en mal estado luego de haber sido correctamente intervenido en la enfermería de la plaza de toros y haberse recuperado de la hemorragia que le causó la herida".
Las más recientes investigaciones acerca de la muerte de Manolete señalan la posibilidad de que Alvaro Domecq Díez, amigo y albacea del matador, y la madre de Manolete impidieron que Lupe Sino, su pareja, entrara a la enfermería y se consumara allí la última voluntad del mítico torero: casarse con ella, lo que la habría convertido en heredera de su gran fortuna.