Buzios: un destino paradisíaco para disfrutar todo el año
Una ciudad donde el placer se revela a cada paso. Un balneario que con el tiempo se sofisticó y ganó fama debido a sus 23 playas, la elegancia de su estilo de vida y a su agitada movida nocturna

Lunes 30 de Diciembre de 2013

De una inhóspita aldea de pescadores a una de las ciudades turísticas más atractivas de Brasil. Una transformación que se dio con los años, pero que tuvo su punto de inflexión en enero de 1964, luego de que la diva francesa Brigitte Bardot llegara a esa pequeña aldea, junto a su novio brasileño de entonces, tratando de alejarse del acoso de los paparazzis. Así descubrió el hermoso, alejado y pequeño poblado que por entonces era Buzios (Armaçao dos Buzios). Un sitio ubicado a 180 kilómetros al nordeste de Río de Janeiro, que además de convertirse en su refugio, la diva se encargó de convertir en su rincón en el mundo.
 
En pleno apogeo, la actriz descubrió las arenas claras y el agua color esmeralda de esa salvaje playa que marcó para siempre a uno de los destinos más bonitos y visitados de Brasil. La antigua villa de pescadores, que algunos la denominaron “la Saint-Tropez brasileña”, comenzó a recibir turistas de todo el mundo.
 
Ese fue el comienzo de la transformación de esta ciudad en la que el paso de la diva dejó una huella imborrable entre sus habitantes. Una marca que se ve plasmada en fotos diseminadas en bares, posadas y restaurantes que rememoran su paso por este edén. El único cine de la ciudad, que lleva su nombre -propiedad de un rosarino- también es mudo testigo de su paso.
 
Por eso, a modo de homenaje y agradecimiento, el paseo costero que se extiende desde la playa do Canto hasta el extremo de la playa de Armaçao fue bautizada con su nombre: Orla Bardot. Y es justamente en ese sitio donde se alza su escultura. Un trabajo de la artista Christina Morra quien inmortalizó a la estrella francesa apreciando la puesta del sol y sentada sobre su maleta.
 
Hecha en tamaño natural y de bronce, es la foto obligada: los turistas se acomodan a su lado, la abrazan, la tocan, la besan. Una imagen repetida que los turistas que visitan Buzios se llevan a sus hogares. Junto a esta, hay otra escultura de tres pescadores, en medio del agua, que cuando la marea sube parecen cobrar vida y son el otro símbolo de esta ciudad.
 
Hoy ese encanto pintoresco no se ha perdido, pero con el tiempo se ha combinado con lujosos hoteles y boutiques, restaurantes sofisticados y una agitada vida nocturna, que son las atracciones que convirtieron a esta ciudad en destino internacional al que año a año llegan más de cien mil argentinos.
 
Una buena manera de conocer esta cautivante ciudad es caminar por la encantadora Rua das Pedras, que por la noche es peatonal y donde se pueden encontrar tiendas de
lujo. El paseo sigue por la Orla de Bardot, que es la continuación de la anterior, donde se pueden descubrir algunos de los secretos de los sabores típicos de Brasil, como también sus tradicionales bebidas, con la caipirinha como emblema.
 
Pese al crecimiento exponencial que tuvo en los últimos años, conserva la estructura de poblado. Una configuración dada por sus edificaciones de no más de tres pisos (la
reglamentación local no permite más altura) y techos de tejas portuguesas rojas, que están construidas en las laderas de los morros y que le dan un toque distintivo en medio de la profusa vegetación que rodea esta ciudad y que permite descubrir, casi sin proponérselo, innumerables paisajes sobre la bahía.
 
Las playas 
 
Buzios es una península que alberga más de 20 playas, cada una con su propio estilo. Su variada geografía le da un carácter único a cada lugar: aguas calmas, grandes olas, cortas y largas franjas de arena, rocas y vegetación. Hay playas para todas las preferencias, desde paisajes semidesérticos hasta tramos de costa colmados de bares típicos y divertidos. Los amantes del surf y el buceo encuentran aguas claras para el deporte, mientras que las familias disfrutan de piscinas naturales, algunas más cálidas que otras.
 
La playa de Geribá, que con sus dos kilómetros de extensión es la más grande y la más concurrida, o la Brava, que fueron bendecidas por los vientos y el fuerte oleaje, son ideales para el surf.
 
En cambio, la de Joao Fernandes –con aguas transparentes–, es la más elegida por los argentinos. Allí, además de poder practicar kayak y snorkel, es también un sitio ideal para los chicos y las familias. El agua es transparente y calma por estar dentro de la bahía. A metros de ahí, por un sendero, se llega a paradisíaca Joao Fernandinho, que con sus cien metros de costa es la más diminuta y, por ende, casi privada. Son las dos últimas playas
hacia el noroeste de la península. La de Ferradura, que está del otro lado de la bahía, con sus aguas mansas también es una de las preferidas por las familias y los adeptos a los
deportes náuticos. 
 
La tranquilidad del mar también se puede encontrar en Azeda y Azedinha –se puede recorrer en sólo 40 pasos–, que además de ser una reserva ecológica, son muy aptas para los grupos familiares. Están muy cerca del centro y se pueden acceder caminando. Por sus aguas calmas y transparentes, parece una piscina natural que está contorneada por la vegetación agreste que crece sobre una pared de piedra, que le confiere un encanto indisimulable. La playa Olho de Boi, en cambio, es el reducto de naturistas y nudistas, mientras que las aguas cálidas de Playa do Forno o das Caravelas son especiales para bucear. 
 
Como en Buzios convergen dos corrientes: una ecuatorial y otra del Polo Sur, por lo tanto hay playas con aguas cálidas y otras, con aguas frías. Por eso dicen que aquí suceden hechos extraños: se han visto ballenas, los cactus crecen encima no sólo de los morros, sino también de los cuidados tejados, casi mágicamente. 
 
Una buena manera de conocer cada una de estas playas es pasear en barco o en taxis acuáticos que se estacionan al lado del muelle, en la Praia do Armaçao, que por tres reales (unos 9 pesos) transportan a los visitantes de una playa a otra. También se las puede visitar tomando un vehículo utilitario, tipo traffic -que es un transporte público-, que por dos reales (unos seis pesos) va de una punta a la otra de la bahía. Con la ayuda de un mapa y unos minutos de caminata, en el que están todas las playas indicadas, se puede llegar sin problemas a la mayoría.
 
Una opción menos económica, pero también muy recomendable, es llegar en buggys, que se alquilan diariamente por 80 reales (240 pesos en temporada baja) y 120 R $(360 pesos en alta). También se rentan por semana o fines de semana.
 
Pero no son los únicos atractivos que tiene esta ciudad, por cuanto también se puede practicar buceo, es una de las especialidades del lugar, paracaidismo y ala delta. Y para los amantes del golf, dispone de un campo con 18 hoyos, que según los entendidos es uno de los más difíciles del mundo.
 
La temporada entre diciembre y marzo, como en toda la costa brasileña, es la más concurrida por el turismo. Las fiestas de Navidad y Año Nuevo y el carnaval son las épocas más festivas, aunque durante todo el verano las playas y calles del balneario se llenan de turistas.
 
La agitada noche

El encanto de Buzios no se percibe sólo de día, también de noche. La Rua das Pedras es una de las calles más concurridas. Su empedrado y las tiendas de lujo le dan un toque señorial. También los restaurantes sobre la costa y las discotecas ubicados sobre el malecón le confieren un armonioso encanto sin perder la naturalidad y buena onda de los brasileños.
 
Casi como en casa
 
“Belleza, naturaleza, seguridad familiar, alegría y la cercanía de todo hacen muy atractivo a Buzios para los argentinos”, le dijo André Granado, alcalde de Buzios –el equivalente al intendente en nuestro país– a La Capital, a la hora de relevar los aspectos por los que entre 120 y 130 mil argentinos anualmente caen rendidos ante la belleza natural de esta ciudad. 
 
La colonia de argentinos es la más grande en Buzios, una ciudad que se emancipó hace 18 años, ya que antes dependía de Cabo F río. Tiene entre su población estable alrededor de 6.000 mil argentinos en toda la región, y unos 3.500 sólo en la ciudad, aunque esa cifra crece si se considera a los que están de manera irregular, sobre una población total de alrededor de 30 mil. 
 
La presencia argentina en esta ciudad es tan marcada, que según datos del municipio, el 30 por ciento del empresariado local son oriundos de nuestro país, quienes son propietarios de posadas, restaurantes y servicios vinculados al turismo. Varios de
los cuales son rosarinos.