Beijing: la armonía oriental
La mayoría de los operadores turísticos que ofrecen sus servicios en China dedican a su capital tres o cuatro días. De la misma forma, y sin mentir, podría afirmarse que ese tiempo es igual de suficiente que escaso. Son tantas las cosas que Pekín ofrece que es obligatorio cumplir el primer mandamiento del viajero: priorizar.

Sábado 08 de Diciembre de 2007

La mayoría de los operadores turísticos que ofrecen sus servicios en China dedican a su capital tres o cuatro días. De la misma forma, y sin mentir, podría afirmarse que ese tiempo es igual de suficiente que escaso. Son tantas las cosas que Pekín ofrece que es obligatorio cumplir el primer mandamiento del viajero: priorizar.

Sólo de esa manera se podrá llegar a ver el Palacio de Verano, participar como espectador en alguna función de la Opera China, degustar el pato laqueado, visitar algún "hutong" o barrio característico, la Gran Muralla y las Trece Tumbas de la dinastía Ming. —El Palacio de Verano, situado a las afueras, sufrió muchas destrucciones y reconstrucciones a lo largo de su historia. Diseñado como residencia temporal durante la dinastía Qing, llegó a conocer el esplendor, recibiendo el nombre de "Jardín de Aguas Rizadas".

El palacio está repleto de salas, pagodas, glorietas y monumentos. Destacan la Sala de la Bondad, el Jardín de la Armonía y la Virtud, una galería impresionante de madera, de más de 700 metros de largo, toda ella pintada con imágenes reveladoras de hechos míticos o históricos, y un Barco de Mármol, que a pesar de su solidez parece ligero y estar flotando.

El Tingliguan, que podría traducirse como "Sala para escuchar a las Oropéndolas", era un teatro donde se representaban funciones musicales. Hoy se reciben en él a las autoridades internacionales y consta de un restaurante selecto.

Puente de 17 Ojos, jardines dentro de otros jardines para hacerlos "armoniosos", isla y mucha arquitectura tradicional completan un enclave arrebatador e imprescindible. Desde allí hasta el monte Badaling, donde se alza un sector de la Gran Muralla, hay sólo unas decenas de kilómetros. El camino se acorta rápidamente a través de vías rápidas, y se llega a un cartel espantoso, anclado en una montaña al estilo de Hollywood, que promociona: "La Gran Muralla, una de las grandes maravillas del mundo" .

En el siglo III a.C. cuando China se unificó gracias al primer emperador de la dinastía Qin, comenzaron a vincularse todas las murallas levantadas. Qin Shi Huang, pasó a la posteridad como iniciador de una obra que costó vidas, siglos y millones de campesinos forzados a construir.

La gran defensa atraviesa seis provincias. Más de 6000 kilómetros de piedras conformando muros, miradores, almenas, fortalezas y torres; dispuestas en lugares imposibles, entre precipicios y barrancos, a favor y en contra de la naturaleza. En la zona de Badaling la muralla tiene de 7 a 8 metros de altura y entre 5 y 6 de ancho en la base.

Tras la excursión, ya de regreso a la ciudad, se puede pasar por las Trece Tumbas de la Dinastía Ming, mausoleo imperial dedicado a la estirpe que rigió China desde mediados del XIV hasta el siglo XVII. Lo más bonito del recinto es el Camino Sagrado, que está adornado cada pocos metros con numerosas obras que representan animales fantásticos,

Impensable es marcharnos de la ciudad de Pekín sin haber recorrido antes un hutong, una calle típica y antigua que enriquece a la parte más vieja de la ciudad de Beijing.

En realidad aún nos quedan muchas cosas, nos queda tan solo volver.