Turismo

Atacama, un desierto lleno de vida y secretos

Ubicada a 2.300 metros de altura entre la cordillera de Domeyco y la de Los Andes está San Pedro de Atacama

Domingo 25 de Junio de 2017

La calle Caracoles es apenas un surco que se abre entre construcciones de adobe, tan bajas que muchas veces hay que agacharse para atravesar la puerta. Un camino de tierra que conduce a la plaza, la iglesia y el edificio municipal. Y es también el espacio que, alternativamente, transitan pastores con ganado y cientos de turistas, a pie o en bicicleta, charlando en forma animada en portugués, en español o en inglés. Una Babel de 500 metros, la calle principal de San Pedro de Atacama.

   Ubicado a unos 2.300 metros de altura, entre la cordillera de Domeyco y la de Los Andes, en el norte chileno, San Pedro podría considerarse la capital del desierto de Atacama. Y la calle Caracoles, su centro de operaciones.

   Allí conviven restaurantes y bares con talleres de artesanos, locales de venta de souveniers, de indumentaria outdor y, sobre todo, agencias de turismo que muestran en sus vidrieras y en pizarras escritas en la vereda una surtida variedad de excursiones, sumando una postal única y pintoresca.

   Según el registro del Servicio Nacional de Turismo, en los pocos metros de la peatonal publerina hay 28 agencias habilitadas que promocionan las múltiples actividades con las que Atacama enamora a sus viajeros.

   Las enciclopedias describen a Atacama como el desierto no polar más árido de la tierra. En los mapas generalmente aparece pintado de amarillo, cruzado por el Trópico de Capricornio y en el sector donde la geografía continental chilena alcanza su punto más ancho, entre el Pacífico y la cordillera de los Andes.

   En esta zona, siguen explicando las enciclopedias, se registran dos récords meteorológicos mundiales. El primero, dice que la región de Arica anota el promedio anual de lluvias más bajo del mundo, alcanzando tan solo 0,5 mm -la mayor parte de las precipitaciones cae en forma de lloviznas débiles y aisladas-. El segundo es que Iquique registra la sequía más larga del mundo, con 16 años sin precipitaciones.

No es un desierto

Sin embargo, ese extenso territorio ofrece algo más que tierra, arena y sol, la yerma imagen que la palabra desierto evoca para quien la escucha. "Esto no es un desierto", afirma Leonardo Herrera, mientras conduce a un grupo de argentinos por el salar de Atacama, uno de los puntos indicados para que los turistas se aclimaten a la altura y a la sequedad del clima.

   Caminar por la costra de sal, color arena y crujiente, es apenas la primera sorpresa. Los ojos de agua de la Reserva Nacional los Flamencos, llenas de aves, y el juego de tonalidades del atardecer que se dispara entre rosado, amarillo, naranja y celeste, entre el cielo, las nubes y la sombra de las montañas completan el repertorio de maravillas.

   La reserva, como todas las de ese sector de Chile, se maneja de forma conjunta entre las comunidades locales, en este caso la Lickan Antay, y la Corporación Nacional Forestal. Un interesante mecanismo de participación cuidadana que, además, garantiza un ingreso a las familias que integran las etnias atacameñas.

   Con ese mismo espíritu, la zona protegida de las lagunas Cejar y Piedras, está gestionada por la comunidad Solor. Allí, el turquesa de los espejos de agua y el contraste con los pajonales verdes y amarillos con los Andes de fondo y los flamencos que habitan las lagunas, llenan los ojos.

   Pero hay algo más. La laguna Piedra está habilitada como balneario y, según promocionan los guías turísticos, su alto nivel de salinidad hace que estas aguas ofrezcan una mayor capacidad de flotación que el mar Muerto.

   Para los visitantes, la invitación a boyar como un corcho suena irresistible. Por eso, pese al frío y al viento, varones y mujeres se pasean envueltos en toallas o en traje de baño para no perderse la fotografía, tumbados de espaldas sobre el agua, haciendo la plancha en el medio del desierto.

   Y no es la única sorpresa que espera en esa bastedad diversa del desierto. Unos 30 kilómetros al norte de San Pedro, en un bello cañon montañoso el rio Puritama aflora a la superficie, ofreciendo unos gustosos baños de aguas termales, a una temperatura de 33 grados, y rodeados de rodeados del verde de las colas de zorro y unos cactus panzones que en la zona se conocen como cojín de suegra.

   Los Géiseres del Tatio es otro de los paisajes que esconde Atacama. Ubicado a unos 4.200 metros sobre el nivel del mar, unos 80 cráteres eruptan vapores y chorros de agua caliente a la llegada del amanecer. El Tatio es el tercer campo de géiseres más grande del mundo, después de Yellowstone (Estados Unidos) y Reserva natural Kronotski (Rusia).


Un destino diverso


El resto bar Costacora, uno de los más grandes del aeropuerto de Calama, exhibe en sus paredes gigantografías con las mejores fotos de Atacama. Hay montañas, extensiones de piedra de formas caprichosas, lagunas, salares, vicuñas flamencos. Toda una promesa para quien está a punto de emprender el viaje.

   Dicen que en 1832, en una de sus expediciones, Charles Darwin llegó a Atacama. El padre del evolucionismo lo describió entonces como un desierto completo y absoluto. Cientos de años después, en los quizás esa misma idea de vacío y la posibilidad de introspección que promete un paisaje sin exuberancias, fue el que inauguró a partir de la década del 70 el turismo de mochileros hacia el desierto.

   Pero desde hace unos 20 años, los hostels y campings empezaron a convivir con complejos hoteleros boutique y los lugares de comida al paso donde disfrutar empanadas de hongos y sándwiches de mechada dieron paso a cálidos restaurantes con muy buena gastronomía.

   Según los registros del ente de turismo chileno, el grueso de los turistas que llegan a Atacama lo hacen desde el exterior. Son brasileños, alemanes e ingleses, en ese orden, atraídos por las propuestas de aventura por los valles de la Luna o de la Muerte, cementerios de rocas dejadas por un imperio antiguo de explotación de sal, quebradas, lagunas, termas, aldeas precolombinas o pueblos coloniales.

   O quizás detrás de un sentimiento más íntimo, de la búsqueda de inmensidad y silencio. Y de los secretos de un desierto que está lleno de vida   

Experiencia all inclusive

Darse una ducha mirando las estrellas, disfrutar de una sesión de masajes o sumarse a caminatas, bicicleteadas y fogones. Todo esto es posible en uno de los hoteles más bellos de San Pedro, el Tierra Atacama.

   "Corral de Toros", señala el cartel colgado sobre los gruesos muros de adobe que preludian el acceso al hotel boutique, ubicado a menos de mil metros del centro de San Pedro. Parte del terreno que ocupa el emprendimiento funcionaba como el lugar de descanso para el ganado que los arrieros conducían desde Argentina al puerto de Antofagasta.

   Ahora, ese espacio, preservado por su carácter histórico, sirve como transición entre el paisaje áspero del desierto y la delicadeza de un complejo proyectado para disfrutar del paisaje, con amplios espacios comunes vidriados y habitaciones que se roban las mejores vistas del volcán Licancabur.

   "El hotel fue proyectado y diseñado con el objetivo de que la arquitectura y el diseño entren en armonía con el paisaje. Cada uno de los colores que tenemos en el comedor son los colores que se van a encontrar en el desierto. Y en todos los ambientes se privilegia la vista al exterior. Queremos que nuestros huéspedes sientan, desde cualquier parte del hotel, que están en el desierto", señala Constanza Leiva, gerenta de marketing para el mercado Latinoamericano de los hoteles Tierra.

   El de San Pedro de Atacama es el primero de los tres emprendimientos creados por una familia de hoteleros chilenos, los Purcell. Tierra Patagonia se levanta a metros del parque Nacional Torres del Paine y la isla de Chiloé le da nombre a Tierra Chiloé. La tríada comparte la misma filosofía: una arquitectura amigable con el paisaje, un ambiente relajado, excelente gastronomía y cálido servicio.

Principio y fin

El pizarrón colgado en una de las paredes del amplio comedor bien podría funcionar como la punta del hilo para narrar la experiencia que propone el hotel. Un punto de atención obligada de los huéspedes antes del desayuno o después de la cena.

   Allí se anuncian los horarios y los destinos de las excursiones que se ofrecen en el día. Pueden ser caminatas, paseos en bicicleta o a caballo, de acuerdo al deseo y la preparación física de cada grupo. Hay 35 tipos de propuestas distintas y todas están incluidas dentro de la estadía.

   Para los guías del hotel, se trata de que cada persona arme un recorrido un poco a su medida. "Alguien puede elegir hacer el mismo paseo en bicicleta, a pie o a caballo. Otros más tranquilos pueden preferir hacer el trayecto en band. Todo depende de como se sientan y lo que les interese hacer", afirman. La idea es, destacan, recorrer Atacama como aventureros y después disfrutar de las comodidades del hotel. Un buen trago, la chimenea encendida en el comedor y largas charlas de sobremesa después de la cena.

   El hotel tiene 32 habitaciones, todas en una planta y distribuidas en dos corredores: oriente y poniente. Las primeras son las románticas, tienen camas con docel, duchas vidriadas que permiten continuar el baño mirando al cielo y terrazas individuales que permiten descansar mirando de frente al Licancabur. Las habitaciones poniente son un poco más altas, para ofrecer su propia vista del volcán y sus terrazas espían a la cordillera de la sal y a la huerta del hotel.

   Los dos grupos de habitaciones están separadas por coloridos jardines de granadas, lavandas, paja brava, cola de zorro o pingo pingo, especies del lugar que en primavera se llenan de flores y dan protección a una tupida variedad de aves.

Sustentable

La armonía con el ambiente no es sólo una cuestión de estética. Levia destaca que la cadena hotelera Tierra está considerara como la empresa más sustentable del país.

   El reconocimiento llegó después de elaborar un plan que se sostiene en varios pilares, donde el principal es el cuidado de los recursos naturales. Por ejemplo, la mitad de la energía eléctrica que utiliza el edificio es producida por paneles solares y el proyecto es que a dos años el ciento por ciento de la energía sea solar.

   Además el emprendimiento se abastece de agua a través de un pozo, de unos 70 metros de profundidad. Y se diseñó una planta de tratamiento de aguas servidas y un circuito de tratamiento de las aguas de las duchas para limpiarlas y reutilizarlas en el riego de los jardines.

De vacaciones

Desde el 1º de julio y hasta el 9 de septiembre el hotel tiene tarifas especiales para familias. Por cuatro noches en Tierra Atacama al inclusive, por cada adulto pagado se libera el hospedaje de un niño o un adolescente de hasta 17 años. La tarifa por cuatro noches para adultos en habitación doble es de 2.600 dólares. Esto incluye los traslados al aeropuerto, excursiones diarias, uso del spa, comidas, bebidas y vinos de la casa.

Lluvia de estrellas

Entre los tantos paseos que se ofrecen a los turistas en Atacama, los recorridos guiados para observar las estrellas son unos de los más buscados. La escasa iluminación artificial y lo diáfano del cielo hacen que las noches en el desierto sean, sencillamente, majestuosas.

   Pero la contemplación de las estrellas y sus constelaciones no sólo es cuestión de esparcimiento. Hace cuatro años, en el llano de Chajnantor, a 5.000 metros de altura se inauguró el proyecto Alma, sigla del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array.

   Se trata de una iniciativa para el desarrollo de investigaciones sobre el origen del universo y el corazón del proyecto es su telescopio formado por 66 antenas de alta precisión.

   Alma es parte de una asociación internacional entre el Observatorio Europeo Austral, la Fundación Nacional de Ciencia de EE.UU. y los Institutos Nacionales de Ciencias Naturales de Japón, Canadá, Taiwán y la República de Corea, en cooperación con Chile.

Cómo llegar

LATAM

A partir del primero de julio, Latam comenzará a unir Rosario y Santiago de Chile con cuatro vuelos directos por semana. Desde la aeroestación de la capital chilena hay hasta 14 frecuencias diarias con destino a Calama. El recorrido hasta San Pedro de Atacama se completa con una hora de remís o combi.

Datos útiles

• Temperatura: No hay mucha diferencia entre verano e invierno. De día la temperatura puede rondar los 25 grados, de noche las temperaturas descienden muchísimo, pudiendo llegar a bajo cero. La radiación solar siempre es muy alta, por lo cual hay que salir con protector solar.


• Altura: San Pedro de Atacama se encuentra a unos 2.400 metros. Sin embargo hay lugares que superan ampliamente esa altitud, como los géiseres del Tatio. Para poder disfrutar de esos lugares se recomienda hidratarse bien comer liviano y no tomar alcohol para evitar el mal de altura. El te de coca (se prepara frío, con frutas y estevia) puede ser otro aliado.

migratorias. Este paseo también se puede realizar en kayak.

Alojamiento

La oferta hotelera es extensa. Hay campings, cabañas, hostels y complejos hoteleros. Para consultas, el directorio más completo se encuentra en www.chile.travel/directorio-turistico/.

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