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Atacama: el ancestral romance entre el cielo y la tierra

El desierto de Atacama es el más árido del planeta. De día crujen las montañas y de noche las estrellas iluminan la calma de San Pedro.

Domingo 09 de Agosto de 2015

El suelo del desierto de Atacama es lo más parecido en la Tierra al planeta Marte. Lo dice a media voz el cineasta Patricio Guzmán en el documental "Nostalgia de la luz". Su voz suena a susurro, como acompañando el silencio del paisaje agreste del norte chileno.

Siete de la mañana y el sol se asoma despacio en San Pedro de Atacama, como pidiendo permiso. Al pie del volcán Licancabur, la fría mañana se hace sentir. Poco a poco el sol va entibiando la tierra. A 2.438 metros sobre el nivel del mar, lo aconsejable es un té de coca bien caliente, algo para acompañar el desayuno y a caminar.

San Pedro de Atacama es chiquito. Un pueblo oasis con callecitas de tierra y casas de adobe, rodeado de montañas y por el desierto más árido del mundo. Y techado por un cielo puro que de noche deja ver todas las estrellas como si fuese el domo de un gran planetario natural.

A pie o en bicicleta, decenas de turistas -en su mayoría brasileños y europeos- pasean por Caracoles, la calle principal de San Pedro. Tiendas que venden artesanías se van intercalando con bares y restaurantes que ofrecen una variada gastronomía. Lomo a lo pobre o cebiche se anuncian en las pizarras, mientras en una parrillada que luce más tradicional una estatua de la Virgen de Lourdes enmarcada de velas y guirnaldas recibe a los comensales que se acercan al patio.

Sincretismo y sencillez. Todo parece suceder en otro ritmo, en un compás distinto al de las ciudades. Sólo hay que animarse a soltar y dejarse llevar por paisajes y personas que proponen una conexión diferente con el cielo y la tierra, con los colores y sonidos. La historia andina late fuerte en Atacama.

Cruzando la plaza principal, y en diagonal a la blanca iglesia del pueblo se esconde la calle Gabriela Mistral. Es un largo y angosto pasillo donde se levanta a sus costados la Feria Artesanal San Pedro de Atacama. Allí está el puesto de Mario, un orfebre que muestra con sencillez las maravillas que se pueden hacer con platería y piedras semipreciosas. Entre las distintas figuras se destaca la chacana o cruz andina, que con sus cuatro puntas escalonadas que representan una cosmovisión de la vida, es símbolo de los pueblos que habitaron por siglos la zona cordillerana.

A minutos de San Pedro en combi se llega a Toconao, un pueblito breve donde el tiempo lo marcan las bicicletas, los paseos cansinos y los pibes. Y cuya iglesia conserva aún la cúpula y la puerta hecha con madera de cactus. Allí los "cabros chicos" como se les llama a los nenes, se lanzan a corretear detrás de cada balón que rueda en las calles laterales de la plaza principal. En una esquina, una señal de tránsito lo advierte a los desprevenidos: en el rombo amarillo se dibuja la silueta de un chico pateando una pelota. "Cuidado, niños jugando".

Valle de la Muerte. Felipe es el nombre del guía del confortable y moderno Hotel Tierra Atacama. "Ropa liviana, protector solar y agua, no dejen de beber agua", recomienda, antes de emprender viaje a la excursión al Valle de la Muerte. En Invierno las temperaturas en la zona van desde los 2 grados bajo cero por la noche a los 22º durante el día.

La historia cuenta que un sacerdote de origen belga vio las formaciones rocosas color ladrillo y quiso llamar al lugar como "Valle de Marte", pero que su rara pronunciación del castellano hizo que se entienda otra cosa. Y entonces quedó el "de la muerte" en lugar de la referencia al planeta rojo. El paisaje del valle es impactante. Una fila de enormes picos elevados por el choque de placas y que, por la erosión del viento y del agua, se ven a la distancia como grandes conos de fuego. Alrededor todo es silencio y desolación. En la aridez del suelo sólo se ven algunos pequeños arbustos de rica rica, una planta que por el perfume de sus hojas es utilizada para aromatizar el pisco sour, bebida tradicional de la región andina.

Cerquita de allí se encuentra el mirador de Kari. Subidos a la Piedra del Coyote se puede apreciar en toda su inmensidad el salar. Es otro paisaje, otra sensación, otro planeta. Porque es pasar en un relámpago del rojo intenso del Valle de la Muerte a contemplar un gran manto blanco apenas veteado por pequeños senderos marrones. "Un lugar especial para ir a leer o simplemente estar en silencio", apunta el guía. Y agrega: "Porque el silencio es la única palabra que al pronunciarla pierde su significado".

Los turistas apuran el paso. El rumbo ahora es hacia las Tres Marías del Valle de la Luna. Dato: de las tres sólo quedan dos luego de que hace unos años un turista se subiera "para la foto" y literalmente derrumbara uno de los montículos de arcilla y sal. Luego llega el turno de las dunas: una caminata en ascenso un camino bordeado de arena y redondas piedras de yeso se abre paso hasta llegar a la cima desde donde se aprecia la inmensidad del valle.

La montaña habla. A la vera de la ruta, y tras una corta caminata que deja atrás la curiosa formación llamada Anfiteatro modelada por el viento, se encuentra la vieja mina Victoria, un hueco de unos 6 metros de profundidad donde hasta hace unos treinta años aún se extraían sales de las paredes. El guía invita a descender a través de una empinada escalera de acero. Algunos se atreven, otros deciden asomarse desde lo alto.

Los que bajan llegan al fondo de la mina y exploran los enormes bloques blancos de sal en sus paredes. Miran, tocan, prueban. Hasta que que el guía llama a todos a sentarse lentamente y a escuchar la montaña. Uno a uno los turistas se van agachando y dejándose llevar por la curiosa propuesta. Escuchar la montaña parece sólo una bella frase. Pero tras los primeros segundos de absoluto silencio ocurre lo inesperado. Porque el oído se agudiza y recién entonces cuando reina la calma absoluta comienza a hacerse perceptible el crujir de las placas de sal. La experiencia es realmente sutil. La montaña se hace escuchar.

Mina Victoria
La vieja mina Victoria, una sutil experiencia para escuchar el silencio.
La vieja mina Victoria, una sutil experiencia para escuchar el silencio.

Otras de las opciones para disfrutar de las bellezas de Atacama son las termas de Puritama. Escondidas en medio de un cordón montañoso y bordeadas de "colas de zorros" -plantas que crecen a orillas de los afluentes- la temperatura del agua llega a los 33º promedio. Bien calentita para un baño reparador que sirva para relajarse y reponer energías para lo que sigue.

En esta época del año en Atacama el sol se oculta temprano, así que hay que apurarse e ir en combi o bicicleta hasta la Laguna de Chaxa, ubicada dentro de la Reserva Nacional los Flamencos. El agua es un espejo sobre el cual danzan las distintas especies de estas vistosas aves. El rosa resalta de sus plumas y parece cambiar de color a medida que el sol se oculta. Lo mismo pasa con las montañas que enmarcan por los cuatro costados la laguna. Del marrón arcilloso pasan al naranja. Y de allí hasta morir el día en un violeta luminoso. El degradé de colores que va tiñendo las montañas es un espectáculo para deleitar la vista.

Laguna de Chaxa.
Los flamencos, una atracción de la Laguna de Chaxa.
Los flamencos, una atracción de la Laguna de Chaxa.

Por la noche, y después de la cena, el cielo se ve más estrellado que nunca. Tiempo para un tour astronómico en el Observatorio Astronómico Alarkapin. Danilo es el coordinador del lugar y sólo su voz se oye en la noche, mientras explica las distintas constelaciones, como la Cruz del Sur o las Tres Marías -o Cinturón de Orión. Ayudados por un telescopio, Júpiter y los anillos de Saturno se pueden apreciar como nunca. Allá lejos, pero al alcance de la mano.

Será este quizás el secreto encanto de Atacama: la cita natural entre los paisajes lunares y geografías tan rojizas y perturbadoras como Marte, en diálogo con la noche del norte chileno que regala una visión limpia de las estrellas y los planetas. El ancestral romance entre el cielo y la tierra.

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<div> Vapor en las alturas. Los géisers de Tatio, a 4300 metros sobre el nivel del mar.</div><div></div><div></div>
Vapor en las alturas. Los géisers de Tatio, a 4300 metros sobre el nivel del mar.
El abuelo que llora

Para visitar los géisers de Tatio hay que animarse a levantarse de madrugada. Las 5.30 de la mañana es un horario ideal. Así que hay que ir bien abrigados, hacer un viaje de hora y media y luego una pequeña caminata hasta llegar al tercer campo geotermal del mundo.

A 4.300 metros sobre el nivel del mar, El Tatio hierve con sus más de 80 géiseres activos. En ellos, afloran columnas de vapor de agua de más de 12 metros de altura desde varios pozos de agua hirviendo. En kunza, la lengua original de Atacama, "Tata-iu" significa "el abuelo que llora".

El magma calienta la roca a unos 20 kilómetros de profundidad, que ante el paso del agua por las napas subterráneas entra en ebullición y desprende vapor a elevadas temperaturas que llegan hasta los 80 grados.

Más arriba, llegando a los 4.500 metros sobre el nivel del mar, se encuentran los géisers de barro, una especie de piletones color chocolate que burbujean sin parar. Rodeados de montañas rojizas, el escenario es digno de una película de ciencia ficción.

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Un descanso natural

Tierra Atacama Hotel & Spa es uno de los sitios más recomendados para que la visita a San Pedro de Atacama tenga todas las comodidades.

Porque condensa la calidez de materiales y una vista a los paisajes más bellos del la región con la modernidad de sus salas y habitaciones. Cada detalle parece ser pensado para que hasta al turista más exigente no le falta absolutamente nada.

Se encuentra a 2.500 metros sobre el nivel del mar y a pocos minutos del centro de San Pedro de Atacama. Esta cercanía hace que el hotel disponga para sus huéspedes de bicicletas de paseo para recorrer el pueblo. También se puede utilizar el servicio de taxis.

El servicio all inclusive ofrece excursiones a pie, en combi, en bicicleta o inclusive a caballo para toda la familia. Chicos y grandes pueden disfrutar de las distintas actividades al aire libre.

La arquitectura, el diseño interior y los jardines de Tierra Atacama es otro capítulo destacado, ya que fueron diseñados por algunos de los principales talentos creativos de Chile.

Incluso el ingreso al hotel presenta extensos murallones de adobe construidos hace 150 años que encerraban un viejo corral de toros provenientes de la Argentina. El espacio fue incorporado al hotel como forma de preservar la historia de San Pedro de Atacama.

El interior del hotel fue realizado con materiales propios de la zona y artesanías locales, "creando un espacio que emocione, relaje e inspire", apuntan desde el hotel. Informes en www.tierrahotels.com o al email: info@tierrahotels.com

Atacama bici
Muchos turistas aprovechan para pasear por el árido desierto en bicicleta.
Muchos turistas aprovechan para pasear por el árido desierto en bicicleta.

    Datos útiles
  • Cómo llegar. La manera mas fácil de llegar a San Pedro de Atacama es un vuelo desde la Argentina hasta Santiago, de allí a Calama y de ahí en vehículo hacia San Pedro. Hay varios vuelos diarios desde Santiago a Calama con LAN y Sky Airlines. El vuelo toma alrededor de 2 horas. El traslado desde Calama hacia el hotel toma 1 hora 15 minutos. También hay conexiones por tierra.
  • Vinos. En las localidades de Celeste, San Pedro de Atacama y Toconao se comercializan vinos cosecha tardía marca Ayllu, realizados por productores de la zona. Exquisito sabor de las alturas del salar. Cada botella cuesta unos 20 dólares.
  • Gastronomía. Pisco sour, el jugo de chirimoya y la gran variedad de pescados de la zona (como el atún sellado con huacatay y mostaza o el mero grillado), los imperdibles de Atacama. Para acompañar la bebida, un buen vino de la Viña Casablanca.
  • Bicicletas. En el pueblo varios locales alquilan bicicletas todo terreno para pasear por los ayllús o inclusive para realizar excursiones. Se rentan por 6 horas a 3.500 pesos chilenos (5,60 dólares) y a unos 6.000 chilenos (9,60 dólares) por todo el día.
  • Observatorio. La visita guiada al observatorio astronómico Alarkapin cuesta unos 30 dólares por persona. www.alarkapin.cl

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