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Tras hacer 70 kilómetros, miles de peregrinos arribaron a San Nicolás

Convocante y masiva manifestación de fe. Este año los caminantes no padecieron la lluvia como en otras oportunidades pero tuvieron que lidiar con el penetrante frío.

Lunes 05 de Octubre de 2015

Exactamente a las 7.13, la camioneta que transportaba la imagen de la Virgen del Rosario, precedida por motociclistas y personal de la Guardia Urbana Municipal (GUM) de Rosario, ingresó a la explanada del "campito" del santuario de San Nicolás, en la edición número 22 de la convocante manifestación de fe que organizada por el Arzobispado de Rosario une cada año a esta ciudad con la bonaerense "ciudad del acuerdo".

La pequeña estatuilla de la Virgen del Rosario llegó al templo protegida por la hornacina transparente y con el personal de la GUM oficiando de portadores. El santuario ya estaba poblado desde muchas horas antes en todos sus rincones por numerosos peregrinos que despuntaban un sueño reparador en el piso o escuchaban desde los bancos pero con evidentes signos de agotamiento, los cánticos y vivas con los que, desde el púlpito, se buscaba reanimarlos.

Otras estatuas, como la del santo patrono nicoleño —San Nicolás de Bari—, y la de la Virgen del Rosario de San Nicolás, acompañaron a la imagen peregrina desde su entrada a la ciudad.

Los 70 kilómetros de camino que recorrieron los miles y miles de peregrinos no fueron fáciles. Si el año pasado las imágenes de quienes llegaban al santuario eran más dramáticas por la lluvia de aquel día, pero esta vez fue el frío penetrante el que castigó duramente a muchos, no obstante obedecer a pie juntillas las instrucciones de los organizadores en lo referido a abrigo, calzados cómodos, la ingesta de líquidos, el uso de bastones y otras precauciones. Calambres, pies llagados, cuerpos visiblemente destemplados, rostros congestionados y desmayos eran señales claras de la fe y la lucha para llegar, cumplir promesas, agradecer o pedir.

No todos los peregrinos se ajustaron a lo establecido por los organizadores. Algunos de ellos, con mayor disponibilidad de tiempo, llegaron a San Nicolás por su cuenta, con más de 24 horas de adelanto. "No querían pasar la noche en la ruta y muchos partieron mucho antes; tanto es así que llegaron al campito cuando la columna principal recién salía de Rosario", informó María Esther, una colaboradora del templo, quien destacó que "ya la misa que se ofreció a las 17 del sábado mostraban a la iglesia llena de peregrinos de Rosario".

La mujer, identificada con un chaleco azul orientaba ayudaba a quienes ingresaban, agregó que por la gran concurrencia, ella y sus compañeras tuvieron que limpiar en muchas más ocasiones que lo habitual la hornacina de vidrio donde reposa la estatuilla original de la Virgen nicoleña con el niño, ubicada en el entrepiso sobre el altar mayor y donde los fieles cumplen el ritual de tocarla y orar para pedir o agradecer dones.

Como ya es tradicional, muchos caminantes vencidos por el cansancio dormían profundamente durante la misa celebrada, esta vez por el obispo de San Nicolás, monseñor Héctor Cardelli. La entrada de la Virgen del Rosario al templo estuvo acompañada con una lluvia de papel brillante arrojado por jóvenes colaboradores desde los entrepisos aún no habilitados de la nave central.

En un marco de colaboración, la secretaría de Protección Civil santafesina coordinó para los peregrinos rosarinos un plan de asistencia y atención de los diversos cuadros que podían presentarse durante la marcha aportando las ambulancias y los servicios del Sies, así como la atención en los hospitales Samco de las localidades de la ruta provincial 21 por la que circulaban los peregrinos.

Testimonios de fe. "Estamos muy cansados de caminar, pero el año pasado fue peor con la lluvia", señaló a LaEN_SPACECapital, Santiago,un rosarino del centro, de 25 años, estudiante y veterano de estas marchas. "Esta es la quinta vez que vengo y lo hago con mis amigos por amor a la Virgen", indicó, sentado en el suelo y rodeado de compañeros de ruta que dormían.

Por su parte, Víctor, de 29 años, indicó que su presencia en el templo y su caminata son "un sacrificio para pedir por gente que me rodea y que anda con problemas", en tanto que Lorena y Noelia, oriundas de San Jerónimo viajaron desde esa localidad y se sumaron a la caravana para pedir por sus intenciones personales. Mientras, Mauro viajó desde la localidad de Bandera, en Santiago del Estero, para acompañar, en el marco de una promesa y por cuarta vez desde Rosario, a dos tías.

Con ropa deportiva, muy abrigada acompañada de su hermano y con un marcado acento centroamericano, Wanda expresó a este diario que "la marcha se hizo bajo un buen clima y fuimos muy bien recibidos en los pueblos por los que pasamos. Vine para rezar por algunas intenciones particulares y de la gente que me rodea", señaló esta rosarina, religiosa de la congregación del Verbo Encarnado que en pocos dias más volverá a trabajar fuera del país en misiones que ya la llevaron a destinos dificiles como Kenia, entre otros.

Llegar y volver. Al margen de toda liturgia, muchos peregrinos acompañaron a la imagen de la Virgen desde Rosario, pero una vez llegada esta a San Nicolás, permanecieron poco tiempo en el templo. Los organizadores de la marcha habían previsto a la ida transportes para aquellos que no resistían la caminata y muchos minibuses esperaban en los alrededores para trasladar de regreso a algunos grupos.

La misa no había concluido cuando en la cercana plaza 14 de Abril, gran cantidad de fieles formaban largas colas para acceder a los servicios de transporte interurbano que unen a San Nicolás con Rosario y todas la poblaciones intermedias.

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