Domingo 22 de Enero de 2023
“¡Esto se va a la mierda!”. Uno de los arquitectos principales del frente opositor revisó su teléfono y estalló. La bomba de racimo que lanzó el martes Federico Angelini contra los tres niveles de gobierno ya había impactado en la Municipalidad de Rosario. Pablo Javkin respondió. La estructura electoral que vienen montando desde hace meses radicales, socialistas y amarillos parecía tambalear.
Con el correr de las horas la temperatura bajó, pero las alarmas todavía titilan en los tableros de control. El choque entre el intendente y el vicepresidente nacional del PRO anticipa el juego fuerte que marcará el año electoral. También evidencia las dificultades de quienes diseñan la nueva coalición para terminar de ensamblarla y ponerla a funcionar.
Los más enojados con los chispazos fueron los responsables del bordado. Sienten que están cerca de la meta y ese tipo de encontronazos los obligan a reparar daños innecesarios. Los candidatos se mostraron más comprensivos con la jugada de Angelini, un halcón que vuela cerca de Patricia Bullrich.
“La interna de Rosario va a ser muy difícil, la ciudad tiene muchos problemas. Pablo no puede esperar que le vayan a tirar flores”, señalan desde un campamento radical.
Más de uno ve con buenos ojos un desgaste de la figura del intendente. No sólo los potenciales rivales en la interna. También algunos posibles socios. Con su imagen en alza el acuerdo electoral tiene un precio. En baja, otro.
La respuesta de Javkin fue sugestiva. Retrucó pero apeló a la unidad. El alcalde rosarino es uno de los principales interesados en que se termine de montar el nuevo frente.
Los operadores más pesimistas aseguran que no hay ninguna chance de conservar el gobierno de la ciudad si el no peronismo va dividido. Sobre todo, si el PJ y Ciudad Futura sellan un acuerdo electoral. Roberto Sukerman y Juan Monteverde se anotan para esa interna. Podría sumarse Marcelo Lewandowski, según cuáles sean las chances electorales del peronismo y cómo cierren las negociaciones en las distintas mesas.
La ofensiva de Angelini apuró a Gabriel Chumpitaz. El también diputado nacional del PRO anunció su candidatura a intendente de Rosario. Chumpitaz migró al larretismo pero conserva el acento bullrichista. Lanzó su campaña con la promesa de “sitiar Rosario” y también hizo fila para pegarle a Javkin. Calificó la gestión municipal como “muy floja”.
Tanto Angelini como Chumpitaz están cerca de Maximiliano Pullaro. Pullaro podría competir con Javkin por la Gobernación. Sin embargo, desde el entorno del ex ministro de Seguridad aseguran que no estuvieron detrás de la artillería contra el Palacio de los Leones.
Por ahora, Pullaro les da vía libre para armar. Llegado el momento, se inclinará por uno. No hay lugar para los dos. Ambos venden el mismo producto: antikirchnerismo paladar negro y línea dura en seguridad. Como suele suceder en toda negociación electoral, quien quede afuera será compensado.
Mientras tanto, Pullaro mueve sus fichas en la capital provincial. Tras sumar a José Corral, Evolución sondea a Mario Barletta. Adriana Chuchi Molina es la candidata del espacio a la Intendencia. Los ex intendentes podrían candidatearse para cargos legislativos. Uno podría encabezar una lista de diputados provinciales y otro la boleta para senador departamental.
Hasta acá, Barletta jugó para el equipo que conduce tácticamente Julián Galdeano. Esa escuadra todavía no tiene candidato definido. Puede ser Carolina Losada, que suma kilómetros en la provincia pero posterga definiciones. O Dionisio Scarpin, que debe sembrar y cosechar conocimiento en tiempo récord en el sur de la provincia. Incluso Javkin, carente de una estructura robusta más allá de la avenida Circunvalación.
Los tiempos se acortan. Quedan tres meses para que todos acumulen posicionamiento y apoyos. En esa carrera despareja, los gobiernos tienen ventaja.
“El oficialismo tiene publicidad gratis, hace campaña con la gestión y puede bajar medidas. El resto tenemos que apurarnos”, reconoce un dirigente de Juntos por el Cambio.
Es un caso de manual de la teoría de juegos. Lo que favorece a algunos —salir fuerte a posicionarse — perjudica al conjunto, porque carcome la confianza entre los integrantes del armado.
El problema de fondo es que las coaliciones provinciales exitosas requieren pocos socios y cercanos ideológicamente. O bien, que un actor -un líder o un partido- hegemonice el espacio y logre que orbiten alrededor suyo un conjunto de fuerzas más pequeñas. Eso es lo que sucedió hasta acá en Corrientes, Mendoza y Jujuy.
Ninguna de esas condiciones está presente en Santa Fe. Nadie puede actuar de Hermes Binner o Miguel Lifschitz y ordenar al resto a fuerza de votos. La UCR, el PS, el PRO y el javkinismo están en una situación de relativa horizontalidad y abundan las diferencias.
A ese cuadro complejo se suma otro factor: el faccionalismo. Salvo el espacio del alcalde rosarino, radicales, socialistas y macristas están divididos en distintos grupos. Una dificultad extra: confían más en tribus de otras fuerzas que en otras fracciones de su propio partido.
Por lo pronto, la oposición tendrá una oportunidad para calibrar posiciones. Será este miércoles, en Rosario. Allí se reunirán dirigentes de los partidos fundadores de la coalición para fijar una postura común ante el pedido del gobernador Omar Perotti de renovar por un año más la emergencia en seguridad.
Con los homicidios sucede algo similar que con la inflación. Pasan los gobiernos y el piso sigue alto y es cada vez más difícil de perforar. Con un agravante: la paciencia social es cada vez menor. Y abolla la imagen de todos, más allá de cuántos fierros institucionales tengan. Lo que los rosarinos le cobraban a Mónica Fein en el segundo mandato se lo cobran a Javkin en el primero.
De todos modos, a cualquiera que quiera gobernar la provincia a partir de diciembre le tocará conducir un Estado extremadamente débil, incapaz de poner orden en unas calles tomadas por grupos que responden o dicen responder a franquicias criminales.
Las bombas molotov contra dos sindicatos y las nuevas amenazas contra una parrilla son dos casos más de una larga e inquietante secuencia en la que los delincuentes van testeando y corriendo los límites de lo posible.
El ataque de este lunes a Empleados de Comercio, un episodio más de una saga inquietante
Perotti y el peronismo saben que para tener alguna perspectiva de retener la provincia debe mostrar resultados, y pronto, en este terreno. La rotación es sintomática: en tres años de gestión pasaron ya tres ministros de Seguridad y diez jefes de policía de Rosario.
A nivel nacional, el futuro del peronismo en el poder depende del resultado de la carrera entre los precios y los salarios. Al comando del ajuste con aval de una Cristina concentrada en el frente judicial, Sergio Massa apela a los trucos financieros y los gestos al agro.
Lejos de ser un problema sectorial, la sequía deshidrata la macroeconomía y vacía el autobomba del gobierno para apagar cualquier corrida inflacionaria o cambiaria. Hombre con suerte, después de la reunión de Massa con la Mesa de Enlace llegó la lluvia tan esperada por el mundo agropecuario y el titular del Palacio de Hacienda. Convencidos o resignados, muchos peronistas e integrantes del Círculo Rojo le ponen fichas a Massa de cara al año electoral que recién comienza.