Viernes 04 de Noviembre de 2022
Estados Unidos busca conservar su, hasta hoy, indiscutida supremacía global y para ello las capacidades tecnológicas son fundamentales. La actual administración demócrata, argumentando cuestiones de seguridad nacional en el nuevo escenario de intensas tensiones con China, se ha puesto la meta de eclipsar la producción asiática de chips mediante un paquete de medidas que incluyen mega inversiones en suelo Norteamericano.
Si bien la potencia anglosajona es líder en el diseño de semiconductores, es también el mayor importador de los mismos. La inserción multinacional de las compañías globales y la modalidad fabril descentralizada que cobró desde la década del 70, desmembró los tejidos productivos de todo el mundo, y en el caso de los semiconductores como en muchos otros, si bien las economías del centro concentraron las tareas de innovación y diseño en las grandes economías occidentales, relegó su producción material a sus satélites asiáticos. Corea del Sur, Japón y Taiwán son hoy los grandes fabricantes de este insumo vital para la economía del siglo XXI. Samsung y TSMC son las compañías de cabecera de estas naciones.
En la actual situación global, y con los problemas logísticos que trajo la emergencia pandémica, cobró centralidad la idea de que no todas las producciones pueden dislocarse. La provisión de bienes estratégicos son blancos sensibles en el marco de un conflicto y ello perjudica a toda la cadena de valor de una o más industrias, los países pueden decretar el cierre de las exportaciones, las vías marítimas pueden ser bloqueadas, los desastres naturales pueden obligar la suspención de los envíos, estas contingencias encendieron la luz de alerta en los hacedores de políticas norteamericanas.
Los semiconductores son parte de nuestra vida cotidiana, desde los smartphones, pasando por la industria automotriz hasta la elaboración de aviones comerciales o de combate, a cualquier producto avanzado requiere de estos circuitos integrados. Es decir, si hablamos de robótica, inteligencia artificial, conducción autónoma, o cualquier otra tecnología estamos hablando de semiconductores.
Su importancia en la era de la información y la microelectrónica es crucial para el desarrollo tecnológico y la competitividad de grandes ramas industriales. Es decir, de las naciones.
Teniendo en cuenta estos factores, el último agosto el presidente estadounidense Joe Biden consiguió decretar una ley para impulsar la producción de semiconductores en su territorio, una iniciativa por un monto global de 280.000 millones de dólares y que busca reducir su dependencia frente a estos dispositivos claves de para la industria.
La visita que la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos realizó en Taiwán, tuvo como objetivo concretar una reunión pautada con los directivos de TSMC, la fábrica de semiconductores más grande del mundo. Nada es casual, el eje de la relación Taiwán-EE.UU es la microelectrónica, es válido pensar que el gobierno americano está vaciando la isla asiática antes de que las relaciones con Pekín entren en picada.
Acercar la producción a los mercados de consumo va a proteger a la compañía de los turbulentos tiempos que se avecinan, y la “provincia rebelde”, mote chino a la jurisdicción isleña, se encuentra en el ojo de la tormenta geopolítica.
Y van por ello, la taiwanesa TSMC es la compañía más importante en el mundo chip, y en estos momentos construye una planta de 12.000 millones de dólares en Phoenix, Arizona. A su vez, la famosa empresa norteamericana Intel, ha informado que con la ayuda de Washington, que se pondrá en marcha una nueva mega factoría con no menos de dos fábricas, en el estado de Ohio. La inversión para su puesta en marcha será de más de 20.000 millones de dólares, que pueden ascender hasta los 100.000 si la factoría alcanza el máximo tamaño posible.
La Unión Europea también busca su independencia productiva y por ello se inmiscuye en el mundo de los semiconductores. La más reciente muestra fue el anuncio de la Comisión Europea (CE) de la "Ley del Chip" con la que el Viejo Continente quiere hacerse un hueco en el mercado mundial de cara al 2030.
“Nos hemos impuesto la meta de tener en 2030 el 20 por ciento del mercado global de semiconductores”, dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien añadió que en la actualidad esa participación de mercado es de 9 por ciento.
Dato no menor, no solo hablamos de independencia productiva, ni de las fronteras del cambio tecnológico, cuestiones obvias muy importantes, sino que estamos hablando de puestos de trabajo calificados y no calificados. Como alguien dijo por ahí, en la tercera guerra mundial ya está activa y las fuentes de empleo son uno de los frentes de batalla.