Russo vs. Russo, en el nombre del padre y del hijo
El Central-Instituto del sábado tendrá a Miguel en el banco canalla y a su hijo Ignacio defendiendo los colores de la Gloria. Es la primera vez que coinciden en un campo de juego

Viernes 08 de Marzo de 2024

Para Central, el partido contra Instituto tiene un valor incalculable desde las expectativas por la necesidad de reencontrarse con el triunfo tras dos derrotas consecutivas y Miguel Angel Russo lo sabe mejor que nadie, por eso su deseo de que su equipo salga bien parado. Pero para el entrenador canalla habrá un momento especial en la previa y por qué no durante el partido. Para alguien que lleva su sangre, también. Por primera vez en la historia Miguel y su hijo Ignacio coincidirán dentro de un campo de juego, lo que es apenas una gragea más que tendrá el choque, pero tanto para el DT como para el delantero el momento será particular. Serán 90 minutos en los que el papá querrá que a su hijo las cosas no le vayan bien y lo mismo sentirá Nacho, pese a su devoción por su padre y su amor incondicional por Central.

Estuvo la posibilidad de que ambos coincidieran, aunque no en una cancha, sino en un plantel, pero fue un tema pensado, meditado y muy charlado, hasta que la decisión fue que Nacho fuera cedido a préstamo en un par de ocasiones.

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Miguel Angel Russo estuvo siempre pendiente de la carrera de su hijo, a quien hoy tendrá enfrente.

El debut de Nacho Russo en la primera de Central ya se había dado, en diciembre de 2020, en un partido de visitante contra Banfield (1-1), ingresando en el complemento en lugar de Alan Bonansea, con el Kily González como entrenador. Por ese entonces su padre era el técnico de Boca y cuando lo consultaron sobre el tema, con emoción, dijo: “Tenía ganas de ir a la cancha y me contuve porque entendí que era la mejor forma de respaldarlo. Es un orgullo como papá”. Un año atrás el mismo Kily le había dado la oportunidad en reserva y tras un arranque goleador en los primeros partidos, en una entrevista con La Capital el jugador dejó un título picante: “Soy Ignacio, no el hijo de Miguel”, en respuesta a si le generaba alguna presión o alguna situación de incomodidad “ser el hijo de”. En esa charla advirtió que tenía “el sueño” se ser dirigido alguna vez por su papá. Tiene tiempo para seguir soñando, pero primero lo tendrá como rival.

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Ignacio (en la punta izquierda), en medio de el nombramiento de su padre Miguel como DT de Central.

Cuando Russo fue anunciado como técnico de Central, horas después de que Gonzalo Belloso ganara las elecciones, Ignacio fue, como no podía ser de otra forma, uno de los tantos presentes en la planta alta de la sede fundacional. Estuvo sentado en la primera fila, como un integrante más del entorno familiar del DT. Tras la ceremonia protocolar y el anuncio formal del flamante presidente, alguien le preguntó al futbolista, medio en broma y medio en serio, qué iba a ser de su vida, si se iba a quedar en el club o si saldría nuevamente a préstamo, como había sucedido un año antes, cuando se fue a Chacarita. Y el 9 contestó sonriendo con la frase “vamos a ver qué dice el jefe”. Algunos días después, con varios entrenamientos juntos en el predio de Arroyo Seco, se informó su sesión a préstamo a Patronato, para jugar otra vez en la Primera Nacional, la divisional en la que Miguel lo siguió mientras jugaba en el funebrero. En muchos de esos partidos observó a algunos futbolistas a los que consideró posibles refuerzos canallas en caso de volver a dirigir en Arroyito. Agustín Toledo y Octavio Bianchi fueron algunos de ellos.

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Nacho Russo jugó ocho de los nueve partidos en el torneo, tres de ellos como titular. Marcó un gol.

Lo cierto es que ese primer año de Russo DT de Central, Nacho lo transitó en Paraná, hasta que regresó, incluso antes de la finalización del préstamo. Por eso se entrenó con el plantel auriazul en el tramo final de la pasada Copa de la Liga, en la que Central se consagró campeón. Por reglamento Miguel no podía utilizarlo, aunque la convivencia en cierta forma existió, incluso en los viajes a Salta, Córdoba y Santiago del Estero, donde el futbolista acompañó al plantel, pero sobre todo a su padre.

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Un nuevo mercado de pases por delante y otra vez la decisión de que se quede en Central o saliera nuevamente a préstamo. De haberse quedado hubiese sido un contexto particular, pero también de cierta incomodidad. Si Miguel ponía a su hijo alguien podía pensar que lo hacía por el lazo sanguíneo y si no lo hacía el razonamiento podría haber sido exactamente el mismo, porque era justamente su hijo. Una situación incómoda por dónde se la mire.

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Ciento por ciento futbolero. Padre e hijo compartirán por primera vez un campo de juego, pero será frente a frente.

Ya con un nombre dentro del fútbol, Ignacio en ese momento pensó que si se quedaba era para pelear un puesto y no para ser el cuarto o quinto delantero. Por una cuestión lógica, su prioridad era jugar. Y lo que se decidió fue repetir lo de un año atrás, sólo que esta vez el destino lo llevó a un club de primera división como Instituto.

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Y es el Instituto que este sábado visitará el Gigante de Arroyito como uno de los principales animadores de la zona A de la Copa de la Liga, con la intención de arrebatarle a Central el invicto que tiene en condición de local.

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No está garantizada la titularidad de Nacho, quien hasta aquí jugó desde el arranque en tres (en uno de ellos, ante Independiente Rivadavia, convirtió un gol) de los nueve partidos que disputó la Gloria, pero que posiblemente tenga minutos en cancha, teniendo en cuenta que el DT Diego Dabove en otros cinco lo hizo ingresar desde el banco.

Sí es un hecho que Miguel estará del otro lado, intentando que su equipo eleve su producción, pero sobre todo gane, y parte de esa estrategia incluirá que ningún jugador de Instituto convierta algún gol, ni siquiera su hijo.