Reloj biológico: a qué hora los chicos deberían entrar a la escuela para mejorar su rendimiento
El especialista Diego Golombek propone llevar el horario de ingreso a las aulas al menos a las 8 de la mañana.

Sábado 15 de Octubre de 2022

El tiempo, ese preciado tesoro. Cada vez más especialistas plantean la necesidad de establecer un “pacto de tiempo” que respete el reloj biológico y permita un mejor descanso, regule el tiempo laboral, de ocio, de cuidado de personas, considere las horas de sueño, equilibre el uso de pantallas y las horas al aire libre. En ese marco y no sin polémica, cobra fuerza la propuesta de retrasar el ingreso a las escuelas en el turno mañana. La idea es que el horario de entrada a las aulas sea a las 8 o a las 8.30 de la mañana y si bien está más enfocado en el secundario, podría implementarse en todos los niveles de la escolaridad.

Desde hace algunos años se vienen desarrollando estudios científicos que avalan estas necesidades humanas, pero fue durante la pandemia cuando estos interrogantes se acentuaron, ya que el encierro obligado derivó en más horas de sueño, inicio de tareas laborales y escolares más tarde, se identificó con certeza la cantidad de tiempo que se dedicaba al traslado de un lugar a otro y cuántas de esas horas podían aprovecharse para otras actividades. Muchos cambiaron sus vidas, se mudaron más cerca de sus lugares de trabajo, se instalaron en viviendas con patio, con más ventanas, un poco de verde, buscaron la manera de combinar el trabajo presencial con el online.

En cambio en las escuelas todo volvió a como era en la época previa al Covid: los chicos a salir de sus casas tempranísimo, muchos con ingreso a las 7.30 o 7.45, lo que en invierno implica entrar a las aulas cuando aún es de noche. Las escenas que se repiten en las puertas de los establecimientos escolares es la de estudiantes semidormidos entrando como zombies para cumplir con la rutina de saludo a la bandera, con salones silenciosos que comienzan a despabilarse quizás una hora después.

Diego Golombek es doctor en ciencias biológicas, divulgador científico y especialista en cronobiología, ciencia que estudia la organización temporal de las personas. En sus publicaciones intenta instalar la propuesta de atrasar el horario de inicio de la jornada escolar. “Todos tenemos un pedacito del cerebro que mide el tiempo y dice al cuerpo qué hora es. Se trata del reloj biológico, pero no mide la misma hora en todas las personas, hay más vespertinas a las que llamamos búhos, y otras más matutinas a las que llamamos alondras”, cuenta Golombek a La Capital.

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"Los chicos están con una exigencia biológica de hacer todo más tarde y una exigencia social de levantarse temprano por la mañana", dice Golombek.

“Pero no somos alondras o búhos a lo largo de todo el desarrollo humano, los adolescentes —por ejemplo— son búhos, les resulta natural hacer todo más tarde: salen tarde, chatean hasta cualquier hora, las previas de una fiesta son a la medianoche, esto se monta sobre una necesidad biológica”, aclara y compara con la tercera edad. “En contraposición, ellos suelen ser más alondras, más mañaneros, y más somnolientos por la noche”.

Golombek dice que la consecuencia de este retraso de fase —así se llama de manera técnica— en el reloj biológico de los adolescentes es que si les sale todo naturalmente más tarde, entra en colisión con lo que la sociedad exige durante las mañanas y eso es el turno matutino de la escuela secundaria. “La conclusión es que los chicos están con una exigencia biológica —y cultural— de hacer todo más tarde y una exigencia social de levantarse por la mañana, esto implica que compriman su ciclo de sueño, y además que en el horario de ir a la escuela estén literalmente dormidos, con los ojos abiertos pero dormidos, con lo cual faltan, llegan tarde, su desempeño escolar no es tan bueno, esto pasa por una desincronía entre el reloj biológico y el escolar”, precisa y agrega: “Esto se da en otras edades, pero el máximo es en la adolescencia, cuando el reloj biológico está retrasado respecto al día solar”.

—¿Cuáles serían las soluciones?

—Una solución sería que se vayan a dormir más temprano, pero es imposible porque su reloj biológico no se los va a permitir, por más que se vayan a la cama van a estar chateando, mirando una tablet o no haciendo nada, con lo cual es difícil de implementar. La otra posibilidad es comenzar las clases un poco más tarde, no hablamos de las 9 o las 10 de la mañana que sería un trastorno social, el horario escolar es un ancla de la sociedad con lo cual hay que modificarlo con cuidado y consenso. Lo que estamos diciendo es que las clases no empiecen antes de las 8 de la mañana, lo ideal sería desde las 8.30. Pero apuntamos al horario de las 8 de la mañana, eso sería ya una gran diferencia. En aquellos casos en los que se implementó experimentalmente, los chicos faltan menos, se enferman menos, no llegan tarde, y su desempeño escolar es mejor, las calificaciones mejoran, porque hay una sincronía entre el reloj biológico y el solar.

—¿Qué conflictos o trastornos podría traer esto?

—Uno podría ser el horario laboral de los padres que tienen que empezar temprano a la mañana. Si estamos hablando de comenzar media hora más tarde, está demostrado en varios lugares del mundo donde se implementó que esto no genera un trastorno y se puede acomodar perfectamente. Lo mismo con el transporte escolar, que incluso hasta mejora el tránsito si se establece adecuadamente. Otro conflicto podría ser con los otros turnos, porque en Argentina en el sistema público hay pocas escuelas con jornada extendida, con lo cual retrasar el turno mañana implica retrasar el turno tarde, y en los casos donde haya también el turno noche. Pero si estamos hablando de media hora creemos que se puede lograr, lo mismo con los docentes que tienen que mudarse de un establecimiento a otro, hay que mudar todo, correr el horario para que sea adecuado para todo el mundo.

—¿Hay establecimientos que implementaron el retraso del horario?

—Existen experiencias individuales de gestión privada, que al tener jornada extendida tienen más posibilidades de jugar con esto. A nivel público no conozco, hay buena recepción pero no hemos conseguido avanzar y menos en que una jurisdicción completa avance en este cambio, pero vamos a insistir. En el mundo hay asociaciones que tratan de instalar el tema del huso horario natural, que el mediodía corresponda al mediodía, existen organizaciones de padres y alumnos para retrasar el horario, sobre todo en Estados Unidos, por ejemplo en Minnesota, en California y han sido muy exitosas.

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Qué pasó con el sueño en la pandemia

El investigador cuenta que durante la época más feroz de la cuarentena se realizaron estudios para analizar lo que sucedía con el sueño: “Encontramos tres fenómenos interesantes: la gente era más pareja en su ciclo de sueño, se iba a dormir y se despertaba a la misma hora los días de semana y los fines de semana, lo que no ocurre en condiciones normales. La otra cuestión es que la gente dormía más horas, se acercaba y superaba el mínimo de horas de sueño que en los adultos es de 7 horas. Son dos cosas buenas, pero esto a expensas de hacer todo más tarde, de irse a dormir más tarde, despertarse más tarde. Esto hacía que veamos menos la luz de la mañana, que es como la nafta del reloj biológico, y que siguiéramos de largo a la noche, más expuestos a luz artificial, a pantallas led que desordenan el reloj biológico”.

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Un pacto por el tiempo

Golombek explica que esta cuestión del horario escolar se inscribe en una problemática más grande del tiempo: “No solo hay horarios escolares extraños sino también laborales, por ejemplo con los turnos rotativos o nocturnos que exige al reloj biológico mucho más de lo que está preparado. Por ejemplo, hay que considerarlo muy bien en situaciones sanitarias qué sucede con las guardias de médicos y médicas, con el personal de seguridad. También qué sucede con la iluminación, con la contaminación lumínica nocturna que no es algo natural para nuestro reloj biológico y le cuesta adaptarse, qué sucede con las pantallas led que de noche estimulan muchísimo y provoca que durmamos con menor calidad de sueño. Todo esto junto con un movimiento creciente a propósito del tiempo laboral, del ocio, familiar, lleva a una manifestación mundial que está tratando de avanzar sobre la base de evidencias académicas y científicas, sobre una especie de pacto del tiempo y de los horarios, para utilizar bien el tiempo, no considerarlo un lujo sino una necesidad, respetar el sueño que no goza de muy buena prensa y ver qué sucede con el tiempo en materia de género. Gran parte del tiempo de las mujeres se va en tareas de cuidado, lo mismo el personal doméstico, hay una serie de problemáticas que son antiguas pero ahora se están poniendo sobre la mesa para discutir para ver si logramos un consenso, sobre los usos horarios con h y sin h”.

Borsani: “Hay que analizar si un cambio de horario traería beneficios generalizados”

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“La escuela ordena el horario familiar”, advierte la educadora Borsani.

María José Borsani es especialista en educación y al ser consultada por La Capital plantea interrogantes ante la posibilidad de retrasar el ingreso escolar a las 8 de la mañana. “Es un tema que cada tanto se retorna, y la pandemia lo puso de nuevo en discusión, pero diría que hay que situarlo en esta época posterior a la cuarentena”, dice.

Para Borsani, todo cambio de horario escolar implica modificaciones en la dinámica de cuidado, de traslados, de alimentación, de la vida no solo del estudiante sino de la familia y de la dimensión afectiva. “Es un tema muy delicado que debe ser pensado en función de si esto va a dar mayor bienestar, mayor calidad social y pedagógica a los estudiantes y a los docentes, porque sabemos que la escuela ordena temporalidades, espacialidades y el horario familiar, y escuchamos cuando madres y padres dicen ‘cuando dejo los chicos en la escuela me puedo ir a trabajar’”, analiza Borsani, para pensar en los efectos que semejante modificación podría traer a las rutinas familiares.

En ese sentido, señala que es tarea de los padres y maestros apuntalar a los estudiantes para organizar su tiempo y durante la semana regular el horario para conciliar el sueño. “Es verdad que los adolescentes como forma de administrar su tiempo viven tomando algunas horas de la noche como tiempo propio, de su propia tribu, de su comunidad, y esto a veces se extiende y pasa un límite, por lo tanto es el adulto el que debe intervenir por lo menos para que de lunes a viernes se los pueda acompañar en el ordenamiento del tiempo”.

“Por otro lado, los argentinos no somos una sociedad uniformada, que trabaje cuatro días a la semana, o solo seis horas diarias, o que haga mucho home office y permita tener una sociedad organizada en tiempos y espacios. Todo lo contrario, en nuestro país la jornada laboral es muy extendida y comienza cuando empieza la jornada escolar de los chicos. Entonces pienso que debería ser una medida muy reflexiva y pensada, y analizar si va a traer beneficios generalizados, irrefutables, hay que analizar bien si sería beneficioso, a quiénes beneficiaría y por qué”, alerta la especialista, para recordar que toda la jornada escolar se vería afectada.

“Esto va a traer cambios e impactos no sólo en el turno de la tarde sino en las actividades a las que los alumnos van a contraturno, y en los propios docentes, ya que si su cátedra empieza a las 7.30 y se cambia a las 8.30, modifica su vida, esto traería una serie de consecuencias que también alcanzaría a los docentes que tienen organizada su jornada, nuestro país difiere de las formas que vemos en Europa y Estados Unidos, no así de las escuelas de Latinoamérica donde se ingresa muy temprano a la escuela”, agrega.

Borsani invita a hacer algunas preguntas que tienen que ver con la calidad y la cantidad de tiempo: “Esta media hora más, ¿qué sentido va a tener?, que estos niños duerman más, qué estén bien descansados, sabemos todo lo que implica el descanso en los adolescentes que a veces no duermen de noche lo que corresponde, que hacen deporte. Entonces esta media hora ¿va a redundar en que los jóvenes duerman media hora o no?, ¿va redundar en que haya más pertenencia y pregnancia con la jornada escolar?”, cuestiona para señalar que un cambio semejante debería traer beneficios asegurados.

“A lo que voy —explica— es que nadie garantiza que porque vayan a las 8.15 la primera hora no sea una hora difícil en la escuela secundaria, es sabido que la primera y la última son las más complejas, en la primera los chicos están con dificultades para arrancar, para posicionarse como sujetos activos del aprendizaje, pero ojo que también depende de la propuesta que lleve el docente, y al final de la jornada pasa lo mismo”.