Jueves 10 de Febrero de 2022
La reforma electoral de 1912 prendió la mecha que terminó en 1916 con el orden conservador en Argentina. Conocida por el nombre del presidente que la promovió, la Ley Sáenz Peña garantizó el derecho al voto secreto y abrió el juego con la lista incompleta a la representación de las minorías en el Congreso. Así Roque, no su padre Luis, asestó un duro golpe a las prácticas electorales fraudulentas de las élites en los gobiernos nacional y provinciales, e hizo institucionalmente visibles a los sectores medios y obreros urbanos y rurales que reclamaban por sus derechos políticos organizándose en la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y, en Santa Fe, en la Liga del Sur de Lisandro de la Torre, llamado luego Partido Demócrata Progresista.
Las primeras elecciones nacionales bajo las reglas de la nueva ley electoral fueron el 7 de abril de 1912, pero una semana antes la provincia de Santa Fe fue a las urnas para elegir gobernador, vice y legisladores provinciales. La Constitución santafesina ya preveía el voto secreto, así que el 31 de marzo se testeó la autoridad del presidente para garantizar comicios limpios. Se la llamó la "Prueba de Santa Fe". A 110 años de la sanción de la Ley Sáenz Peña, a continuación algunos pormenores de la novedosa experiencia electoral en Rosario, el nacimiento de la Liga del Sur y el rol del Diario La Capital en la promoción de los derechos políticos de la región sur de la provincia.
Oligarquías, fraude y derechos políticos
La Argentina del Centenario quizás haya sido la mejor fotografía de la Generación del 80 con el predominio político de Julio A. Roca y un gran desarrollo material que alentó una ideología del progreso ilimitado. El entusiasmo escondía serios problemas políticos con huelgas, matanzas, estados de sitio, revoluciones en 1890, 1893 y 1905, que incluyó en 1902 la Ley de Residencia para deportar extranjeros.
La sucesión presidencial de 1904 había dividido en 1902 al Partido Autonomista Nacional (PAN) en el poder entre autonomistas nacionales o roquistas y autonomistas o pellegrinistas. Los disidentes ganarán las elecciones legislativas de 1906. Pero la muerte de su líder, Carlos Pellegrini, ese mismo año, pondrá en el rol de jefe político de los autonomistas primero al vicepresidente Figueroa Alcorta, cuando muera el presidente roquista Manuel Quintana, y luego al ex embajador argentino en Montevideo, ex canciller y ex presidente del Banco Nacional de los presidentes Miguel Juárez Celman, Quintana y Pellegrini, respectivamente, el abogado Roque Sáenz Peña, quien finalmente será elegido presidente de la Nación en 1910.
El abogado porteño Roque Sáenz Peña fue presidente entre 1910 y 1913 de la Nación Argentina / Museo Parlamentario / Honorable Senado de la Nación.
La ahora Unión Nacional en el gobierno, concebida al igual que el PAN como un vínculo entre oligarquías, observaba cómo iríanse a organizar grupos no incorporados al ejercicio del poder. Son partidos políticos modernos, como la Unión Cívica Radical, que venía creciendo desde la Revolución de 1890, el Socialismo y la Liga del Sur, los cuales atenderán los reclamos de los sectores obreros y, en el caso santafesino, también a las clases medias urbanas y rurales de una parte de la región Litoral. No los hacía modernos sólo su prescindencia de los recursos públicos, sino la creación de una estructura de comités autónomos de las autoridades establecidas.
En reuniones secretas, Figueroa Alcorta y Sáenz Peña le habrían manifestado al radical Hipólito Yrigoyen su preocupación por la representatividad y la violencia de esas bases populares que impugnaban moralmente el régimen conservador, debido a sus prácticas fraudulentas justificadas en la expansión económica. El pacto estaba cerrado: basta de revoluciones a cambio de derechos políticos.
El 13 de marzo de 1910 se formó el Colegio Electoral que nombró presidente a Sáenz Peña, quien asumió el 12 de octubre y, el 11 de agosto de 1911, envió al Congreso la reforma electoral, “creando al sufragante, implantando el voto secreto y obligatorio, asegurando las máximas garantías en los comicios y en el escrutinio, y dando representación a las minorías”, a través del sistema de lista incompleta. Antes, el ganador se llevaba todos los cargos.
Publicidad irónica de una marca de cigarrillos haciendo alusión al consuetudinario fraude electoral / Archivo Histórico Diario La Capital.
El miércoles 10 de febrero de 1912, el Diario La Capital tiene puesta su atención sobre los diputados de la Nación. El proyecto había sido aprobado el 20 de diciembre de 1911, había pasado durante el verano por el Senado y volvía a la Cámara baja, donde “puede considerarse como definitivamente sancionada la nueva ley electoral”. Según el Decano de la Prensa Argentina, el mayor revés del “viejo sistema” es la centralización de la “plataforma preliminar” de votantes, confiada a la justicia federal y luego materializada en los registros militares. La norma fue aprobada y conocida como Ley Nacional de Elecciones N° 8.871.
En la próspera Santa Fe
Con el aumento de la superficie explotable, afluencia de inmigración y capitales extranjeros, ferrocarriles, puertos y expansión agrícola, Santa Fe se había ganado un lugar de inserción en la economía mundial. La prosperidad contrastaba con un sistema político vetusto. Por ejemplo, de 800 mil habitantes, sólo votaban 50 mil.
Tras las revoluciones de entre siglos, el PAN había conseguido cierta estabilidad política al imponer desde 1898 a sus candidatos, Luciano Leiva, Bernardo Iturraspe, Rodolfo Freyre, el rosarino Pedro Antonio Echagüe e Ignacio Crespo, quien había asumido en febrero de 1910.
Los autonomistas no veían peligrosa la aparición de esos nuevos grupos con intereses económicos y ahora políticos, pues detentaban las llaves de las urnas. Pero su propio internismo los traicionó: la Legislatura impugnó con juicio político incluido al gobernador Crespo y éste no tuvo mejor idea que disolverla. Ambos bandos buscaron la mediación de Sáenz Peña y el presidente dispuso la intervención de la provincia. Así, el 24 de abril de 1911 asumió el abogado sanjuanino Anacleto Gil.
Para 1912 Santa Fe debía elegir gobernador, vicegobernador y legisladores provinciales, y los comicios se pautaron para el 31 de marzo de 1912, una semana antes de que la ley se aplicara por primera vez en elecciones nacionales. Así, la “Prueba de Santa Fe” estaba servida. Sáenz Peña se jugaba su autoridad y la de la ley que había impulsado garantizando elecciones limpias en Santa Fe.
El Diario La Capital le da un enorme despliegue periodístico y gráfico a las primeras elecciones con garantías presidenciales en la provincia / Archivo Histórico Diario La Capital.
La Constitución de Santa Fe de 1900, y su ley electoral sancionada en 1904, ya preveían el voto universal y secreto así como la representación de la minoría. Esto es, el régimen sáenzpeñista no era una novedad en Santa Fe, así que el trabajo del interventor sólo fue garantizar esos derechos.
Los adjetivos asociados a la reforma pueden entenderse en ese contexto histórico. Se la califica de universal porque para la época la universalidad era de votantes masculinos mayores de edad. Con la reforma, además debían haber pasado por el servicio militar obligatorio, implantado en Argentina en 1901, para figurar en el padrón.
De la Torre y la Liga del Sur
Lisandro De la Torre había nacido en Rosario el 6 de diciembre de 1868. Era un abogado radical, participó de la Revolución del Parque en 1890 en Buenos Aires y de la de 1893 en Rosario. Era admirador de Leandro. N. Alem y de Aristóbulo del Valle. Tenía diferencias con Yrigoyen por su abstención en las elecciones presidenciales de 1898 y hasta lo acusaba del suicidio de Alem.
Para de la Torre el problema era la centralización de las decisiones políticas de las provincias en pocas familias, como rasgo elitista y oligárquico, a la que contraponía su proyecto de regímenes municipales. Creía que la política debía canalizarse a través de una nueva estructura de mediación: partidos políticos autónomos con órganos de resolución propios.
Al desorden conservador, la Liga del Sur ofrecía “una visión racionalista de la acción política, un programa ordenado, una anticipación de lo que debía ser” y “un programa económico basado en la protección de la industria nacional, el desarrollo de la Marina Mercante y la organización del comercio de exportación bajo el control del Estado”.
Logotipo de la Liga del Sur con la que Lisandro de la Torre será elegido diputado en su primera elección nacional en 1912 / "El Partido Demócrata Progresista" / Centro Editor de América Latina.
En defensa de Rosario
La fundación de la Liga del Sur el 29 de noviembre de 1908 en el Teatro de la Ópera será celebrada con entusiasmo por el Diario La Capital. No solamente porque integrantes de la familia Lagos, propietaria del medio de comunicación, participarán de su formación, sino porque la Liga condensará ideales comunes: un partido de ideas y de participación no electoral como reverso de la vieja política, la representación de los sectores progresistas del sur de la provincia de Santa Fe en contra de la oligarquía santafesina, y la promoción y defensa de Rosario en los contextos provincial y nacional. Además del convencimiento de la necesidad de la reforma electoral.
Para la oposición, la Editorial Diario La Capital y la familia Lagos eran los financistas de la Liga del Sur. En sus biografías, se narra que de la Torre fue el aportante y casi fue a la quiebra por esas deudas.
La Liga del Sur tendrá su debut electoral a nivel municipal en 1909, provincial y nacional en 1912, y presidenciales en 1916, ya como Partido Demócrata Progresista fundado en diciembre de 1914.
Lisandro de la Torre, destacado en el medio de traje blanco, junto a delegados de la Liga del Sur / Archivo General de la Nación.
El historiador Alberto Pérez, profesor e investigador jubilado de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y autor de un artículo sobre el tema, es muy claro al enunciar que para los progresistas santafesinos la consolidación del proceso democratizador estaba determinado por la conformación de un partido de ideas y la elaboración y difusión de su infaltable programa o plan de acción, debido a su efecto educativo en la preparación de la opinión pública, fuente de legitimidad de los cambios.
Imagen de la portada: Roque Sáenz Peña (izq.) conversa con el gobernador de Santa Fe Manuel Menchaca en la visita del presidente a Rosario el 21 de mayo de 1913 / Archivo Histórico Diario La Capital.