Martes 01 de Febrero de 2022
Si nos guiamos por los antecedentes de otros viajes presidenciales, la agenda en juego y el trabajo diplomático previo, la visita de Alberto Fernández a Rusia y principalmente a China promete arrojar resultados muy importantes para nuestro país.
En 2022 se celebra el 50 Aniversario del establecimiento de relaciones entre Argentina y China. En estas 5 décadas China atravesó impresionantes cambios internos acompañados por una política de planeamiento estratégico de proyección global. Hacia 1972 era un país pobre con un rol marginal en un mundo que, aún en el marco de la llamada distención internacional, estaba prioritariamente ordenado en función de dos superpotencias, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. En 2022 es una potencia indiscutida, con amplias capacidades y disposición para utilizarlas, que disputa la centralidad internacional de Estados Unidos y discute algunos de los principios y valores propios del orden posterior a la segunda guerra mundial aún vigentes.
En consonancia con la creciente presencia e influencia internacional del país asiático, las relaciones entre Argentina y China se diversificaron significativamente a lo largo de los años. Inicialmente, Argentina centró su atención en China como un mercado potencial para sus exportaciones de materias primas y alimentos debido a las evidencias de crecimiento generadas por la reforma económica de Deng Xiaoping. Con el transcurso de los años, las relaciones bilaterales se hicieron más densas y variadas.
Desde 2014 ambos países son “socios estratégicos integrales”, fórmula que forma parte de un grupo más amplio de nociones elaboradas desde Pekín para explicar la naturaleza e importancia de las relaciones con los diferentes países del mundo. A partir de ese momento, además del comercio, las inversiones, los proyectos de infraestructura, las finanzas y la cooperación científico-tecnológica, entre otros, comenzaron a ocupar un lugar cada vez destacado en la agenda bilateral.
En ese contexto, vieron la luz los proyectos de construcción de dos centrales atómicas (Atucha IV y Atucha V) cuyas operaciones se realizarán con el reactor nuclear chino Hualong 1. Estas centrales tuvieron diferentes postergaciones, y si bien durante el gobierno de Mauricio Macri se acordó su continuidad, aún hoy son objeto de negociaciones. También en esta etapa se convino la construcción de dos represas en Santa Cruz, llamadas Presidente Kirchner y Gobernador Cepernic, que fueron renombradas Cóndor Cliff y la Barrancosa por Macri. Además, en 2016 hubo una renegociación del acuerdo original para reducir las turbinas con la finalidad de disminuir el impacto ambiental. En 2021 Alberto Fernández volvió a llamar a las represas Kichner y Cepernic como señal política de continuidad con la vicepresidenta Cristina Fernández.
El establecimiento de la Estación de Seguimiento Satelital del espacio profundo en Neuquén fue una de las decisiones más polémicas de los últimos años. Las instalaciones, operativas desde 2016, permiten monitorear satélites chinos las 24 horas e implementar el programa espacial cuyo objetivo es terminar su propia Estación Espacial Modular -denominada Tiangong- este año como respuesta a la negativa del Congreso estadounidense para que la NASA mantuviera cualquier contacto con el programa espacial chino debido a “razones de seguridad”, la cual impidió el acceso chino a la Estación Espacial Internacional. Esta decisión, que se mantuvo en el marco del cambio de gobierno entre Cristina Fernández y Mauricio Macri, da cuenta de una opción estratégica de Argentina de cooperar con China en un área muy sensible de la política internacional.
Durante 2021 China desempeñó un papel clave como proveedor suministros médicos y vacunas para Argentina en un contexto de escasez mundial de dichos recursos a raíz de la pandemia del COVID-19. Esta fue la primera oportunidad en la que ambos países cooperaron en materia de ciencia y tecnología (CyT) vinculada a la biomedicina, con lo cual se incorporan nuevos temas de cooperación a un área con un creciente dinamismo en cuyo marco se encuentran la energía nuclear y las energías renovables. El dato no es menor puesto que este tipo de cooperación aporta al objetivo chino de transformarse en líder mundial en CyT para 2049, cuando se conmemoren 100 de la proclamación de la República Popular.
Según sus palabras, el presidente se propone profundizar la relación con China. En términos declarativos, encontramos continuidad entre sus dichos y los de la ex canciller del gobierno de Macri, Susana Malcorra. Más allá de la coincidencia en la expresión utilizada, la idea de profundizar los vínculos es recurrentemente mencionada por los funcionarios argentinos de distinto signo político. La continuidad también se visibiliza en el sostenimiento de los temas de agenda, aunque con diferentes intensidades, si analizamos la etapa Cristina Fernández-Mauricio Macri – Alberto Fernández.
El 5 de febrero el presidente argentino asistirá a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín y luego participará de un banquete oficial al que fueron invitados otros 10 jefes de Estado. La ocasión es sumamente importante porque Fernández será el único mandatario latinoamericano en ese evento. Además, asistirá en su calidad de presidente de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños), por lo que representará a los países de una región muy significativa para China, particularmente en términos comerciales y financieros. China es el primer socio comercial de varios de los países, como Brasil, Uruguay y Chile y el segundo de Argentina. Además, la región es relevante en la disputa por el reconocimiento internacional de China con Taiwán, ya que de los 14 países del mundo que reconocen a Taiwán, 8 son de América Latina y el Caribe. En los últimos años el gobierno de Pekín redobló sus esfuerzos diplomáticos y económicos para obtener el apoyo de esos 8 países que aún reconocen a Taiwán. Los resultados son arrolladores y año a año diferentes países revierten su política de reconocimiento. Así, en los últimos meses Nicaragua anunció que reconocía al gobierno de Pekín, y la recién asumida presidenta de Honduras anticipó durante la campaña presidencial que haría lo propio.
Estados Unidos, Canadá, Australia y algunos países europeos realizarán un “boicot diplomático” y no enviarán representantes políticos a la ceremonia de inauguración, pero sí presentarán delegaciones deportivas. Oficialmente, esa decisión se debe a la situación de los uigures de Xinjiang, una Región Autónoma de China, y a consideraciones relacionadas con la política interna del país. Sin embargo, la medida forma parte de la respuesta de Washington al ascenso de China.
China es la única potencia con capacidad económica, política, tecnológica y militar para disputarle la hegemonía mundial a Estados Unidos. Sumado a ello, el gobierno de Xi Jinping lleva adelante una política exterior proactiva, de alto perfil, e impulsa un vínculo en calidad de par con Estados Unidos.
Desde hace tiempo hay evidencias de una creciente preocupación de Estados Unidos por el ascenso de China. Como ejemplos podemos mencionar el “giro asiático” de la administración Obama y la llamada “guerra comercial” de Trump. El actual presidente Biden sostiene la política de competencia con China en las diferentes áreas de la política internacional e intensifica la dimensión del poder blando (soft power) que ya había puesto sobre la mesa Trump en su narrativa del COVID-19 como “virus chino”. Biden vuelve a proponer una discusión valorativa, pero a diferencia de su predecesor se concentra en el modelo político e impulsa la articulación de alianzas “anti-chinas” en función de la idea de democracia.
En el marco de la pugna geopolítica entre las dos potencias y la consecuente redefinición del orden mundial a la que estamos asistiendo, Argentina busca una “política de equilibrio” con miras a sostener la relación tanto con Pekín como con Washington. Entonces cabe preguntarse cuál es el lugar de China para la Política Exterior Argentina.
Sin dudas, China es un actor clave en el nivel político, comercial, financiero y de CyT. China brinda un apoyo histórico al reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas en Naciones Unidas, tema central de nuestra política internacional. Por otra parte, como uno de los Estados con más votos en el FMI, ha apoyado las negociaciones de Argentina con el organismo. Además, es el segundo socio comercial, un actor financiero muy destacado tanto por las inversiones de sus empresas –generalmente destinadas al sector petrolero, sojero y la infraestructura- como por los acuerdos Swaps firmados. En otro orden, la cooperación en CyT es uno de los sectores con más potencialidad en la relación puesto que Argentina podría aprovechar la oportunidad para exportar su tecnología de calidad a China.
Luego de su presencia en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Invierno, el presidente argentino se reunirá con su par chino. También se llevarán a cabo otras reuniones programadas con el objetivo de avanzar en los temas de interés para nuestro país. La agenda de los encuentros bilaterales incluye un “Plan Quinquenal integrado” donde aparecen varios proyectos: la central nuclear Atucha IV (acordada en 2015); las represas Cepernic y Kirchner (también acordadas en 2015, en fase de construcción con demoras); la ampliación del parque solar Caucharí (acordado en 2016, en funcionamiento pleno desde 2020); la financiación de obras de gasoductos y rehabilitación de sistemas de ferrocarriles; el desarrollo de redes de agua potable y acueductos; la construcción de puentes y corredores viales; programas de conectividad y fibra óptica; obras de transmisión y distribución eléctrica; construcción de viviendas y el parque eólico Cerro Arauco.
Algunos de los temas que lleva la comitiva argentina integran una “agenda en espera” de proyectos ya negociados o acuerdos firmados que por diferentes motivos aún no se concretaron. Esto puede dar lugar a dos interpretaciones. Por un lado, las vicisitudes internas de Argentina condicionaron la puesta en marcha de algunos proyectos. Por otro lado, aún con postergaciones, los acuerdos se sostuvieron en el tiempo con gobiernos de diferente signo político, aportando continuidad temática y negociadora que puede ser entendida como continuidad de objetivos. Sea como fuere, la continuidad es un componente clave para la construcción de confianza entre las partes.
Inversiones en Santa Fe
Según trascendió, habrá anuncios vinculados a la producción de autos eléctricos por parte de la empresa Chery en Santa Fe para abastecer al mercado local y a otros países de América Latina. También habría anuncios sobre industrialización de litio, un mineral clave con usos farmacéuticos y para la construcción de baterías eléctricas recargables. Argentina, junto a Bolivia y Chile, tiene más de la mitad de las reservas mundiales de litio. Si bien los anuncios no implican la firma de acuerdos, representan un primer paso en la concreción de inversiones y son una muestra de las amplias posibilidades que se abren a partir de las visitas presidenciales.
En los últimos días circuló la posibilidad de ampliación de los acuerdos SWAPS, mecanismos por los cuales dos agentes -gobiernos, bancos centrales o empresas- convienen intercambiar divisas o dinero en determinadas fechas. Argentina y China vienen firmando y prorrogando este tipo de acuerdos desde 2009 y es muy probable que se plantee alguna decisión al respecto en la visita del presidente. Los SWAPS permiten a Argentina pagar su deuda comercial a China en yuanes y evitar el uso de dólares, y contribuyen tanto a la economía argentina como al objetivo de internacionalización del yuan con la finalidad de convertirlo en moneda de referencia para el comercio internacional y de reserva a nivel global.
Nueva Ruta de la Seda
El gran anuncio esperable de la reunión entre Fernández y Xi es la adhesión de Argentina a la Nueva Ruta de la Seda, una iniciativa de conectividad global china en la que participan muchos países del mundo (por supuesto, Estados Unidos no forma parte). Su nombre remite a la Ruta de la Seda de la etapa imperial para rememorar el pasado glorioso del cual los líderes comunistas se sienten orgullosos.
Recordemos que China fue el centro radiante de una civilización cuyos aportes científicos y tecnológicos contribuyeron al progreso del mundo. La recuperación de ese lugar central es hoy una realidad.
(*) Carla Oliva, es licenciada en Relaciones Internacionales y Magíster en Cooperación e Integración Internacional. Docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Coordinadora del GECHINA (Grupo de Estudios sobre China y Argentina) de la UNR.